Santuario del Divino Niño Jesús en el 20 de Julio: la historia detrás del milagro

Jue, 02/04/2026 - 08:00
La historia del Divino Niño Jesús en el 20 de Julio revela cómo una obra social se convirtió en una de las devociones más grandes de Colombia y el mundo.
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En el corazón del sur de Bogotá, la historia de la Parroquia Santuario del Divino Niño no comenzó con grandes construcciones ni con multitudes, sino con un gesto sencillo de solidaridad: pan y chocolate para los niños. Así lo recuerda el padre salesiano Hernán Cardona, quien reconstruye los orígenes de una de las devociones más importantes de Colombia.

La historia se remonta a 1890, cuando los salesianos, comunidad fundada por San Juan Bosco, llegaron al país invitados por el gobierno colombiano y la Iglesia. Inicialmente se establecieron en el sector de La Candelaria, pero décadas después empezaron a mirar hacia el sur de la ciudad. “Desde 1915 algunos salesianos empezaron a fijarse en esta zona”, explica el padre Cardona, marcando el inicio de un proceso que cambiaría la historia religiosa de Bogotá.

El punto de quiebre llegó en 1935, cuando el sacerdote italiano Juan del Rizo llegó con una devoción aprendida en su país: la del Niño Jesús de Praga. Sin embargo, el contexto era muy distinto. “Había una diferencia muy grande entre esa imagen de príncipe y este territorio marginal”, señala el padre Cardona.

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Padre salesiano Hernán Cardona
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Lejos de imponer una práctica religiosa, el padre del Rizo optó por una estrategia diferente: ayudar a los más necesitados.

Antes que construir un templo, el sacerdote convocó a la comunidad a una causa social. “Estos niños necesitan estudiar y para poder estudiar necesitan alimentarse”, les decía. Y así comenzó todo.

Los habitantes empezaron a llevar pan y chocolate, lo que permitió crear una pequeña escuela para niños vulnerables. Luego vino la invitación espiritual: quienes ayudaran podían pedirle al Divino Niño Jesús sus necesidades. Ese fue el verdadero nacimiento de la devoción.

De pequeña capilla a santuario masivo

En 1937 comenzó la construcción del templo, que fue inaugurado en 1941 por el obispo Juan Manuel González Arbeláez. Sin embargo, el crecimiento fue imparable. Entre 1945 y 1960, la afluencia de fieles aumentó de forma extraordinaria. “La gente empezó a llegar porque fue solidaria”, destaca el padre Cardona.

Para entonces, los domingos ya generaban grandes concentraciones, incluso cuando no existían vías adecuadas. La devoción se consolidó con una práctica clave: asistir el primer domingo de cada mes, en preparación para la gran fiesta de septiembre.

Con el paso del tiempo, el santuario se quedó pequeño. Aunque la necesidad era evidente desde mediados del siglo XX, la gran renovación se realizó entre 1989 y 1992, dando lugar al templo actual. Labor que no se hizo sola, a lo largo de los años, varios sacerdotes han sido clave en su desarrollo, como Rodrigo Díaz, Luis Rodríguez, Víctor Hugo Bustos, José Raúl Rojas y Luis Fernando Belandia, entre otros.

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Santuario del Divino Niño Jesús en el 20 de Julio
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Una devoción que cruzó fronteras

Hoy, la devoción al Divino Niño Jesús no solo convoca a miles en Bogotá, sino que se ha extendido a países de América Latina, Europa e incluso lugares como Japón y Nueva York. Durante Semana Santa, el santuario recibe en promedio 100.000 fieles, mientras que celebraciones puntuales pueden reunir hasta 40.000 personas en una sola eucaristía.

Si lo fuéramos a explicar humanamente, no podríamos”, afirma el padre. “Aquí hay una experiencia de Dios”.

Los testimonios de los creyentes abarcan desde curaciones de enfermedades hasta cambios en la vida laboral y familiar. A esto se suma la solidaridad constante, que permite sostener obras sociales como la entrega de mercados a comunidades vulnerables.

La celebración de Semana Santa es uno de los momentos más impactantes. Miles de personas se congregan con diferentes motivaciones: cumplir promesas, buscar respuestas espirituales o simplemente acercarse a la fe. “La gran mayoría viene con una intención profunda de encuentro espiritual”, concluye el padre Cardona.

Así, lo que empezó con pan y chocolate se convirtió en un fenómeno de fe que sigue creciendo, alimentado por la solidaridad, la devoción y la esperanza.

Creado Por
Valerie Michelle Skinner Parra
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