El Gobierno de Abelardo de la Espriella desempolvó una fórmula que Colombia ya utilizó y que ahora regresa con otro propósito: sacar a los grandes cabecillas de las cárceles tradicionales y aislarlos en buques de la Armada.
La estrategia, denominada REMAS —Estrategia de Reclusión Especial Marítima de Alta Seguridad—, parte de una realidad incómoda: hay criminales que están presos, pero siguen mandando. Desde una celda ordenan extorsiones, coordinan negocios ilegales y mantienen contacto con sus estructuras.
La idea es sencilla y contundente: si desde tierra siguen operando, hay que cortarles la señal, los contactos y la capacidad de mando.
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REMAS: la estrategia para aislar a grandes cabecillas
No sería la primera vez.
En 2007, durante el gobierno de Álvaro Uribe, dos pesos pesados del crimen terminaron recluidos en fragatas de la Armada: Diego León Montoya, alias “Don Diego”, y Carlos Mario Jiménez, alias “Macaco”. Uno en el Pacífico y otro en el Caribe. El objetivo era aislarlos, reducir al mínimo sus comunicaciones y dificultar cualquier intento de fuga mientras se definía su situación judicial.
Casi veinte años después, la imagen vuelve: un capo, un buque y el mar como cinturón de seguridad.
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De las fragatas de 2007 a los buques prisión
Pero hay una diferencia importante. El problema de hoy no es solamente evitar que los grandes criminales escapen. Es impedir que sigan gobernando sus organizaciones desde la cárcel.
REMAS contempla inicialmente un grupo reducido de reclusos de máxima peligrosidad, bajo estrictas condiciones de seguridad y con participación del INPEC y la Armada. El proyecto todavía debe superar definiciones jurídicas y operativas antes de convertirse en realidad.
El reto de REMAS para Colombia
Y ahí estará la verdadera prueba.
Porque un buque prisión puede sonar espectacular, pero su éxito no se medirá por cuántas millas esté alejado de la costa.
Se medirá por algo mucho más simple: que el criminal que esté preso deje, por fin, demandar.
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