Colombia recibió oficialmente la certificación que acredita a Tribugá-Cupica-Baudó, en el Chocó, como integrante de la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la Unesco.
La entrega se realizó el 14 de agosto de 2026 en París, tres años después de que el territorio fuera incorporado a la red mundial. El reconocimiento tiene una particularidad: Tribugá-Cupica-Baudó es la primera reserva de biosfera de la Unesco ubicada en el Pacífico colombiano.
Más allá del certificado, el reconocimiento pone los ojos sobre uno de los territorios de mayor riqueza natural y cultural del país: un lugar donde el océano Pacífico, los manglares, la selva y las comunidades afrodescendientes e indígenas conviven en un mismo paisaje.
Pero ¿qué significa realmente ser una reserva de biosfera? ¿Implica que todo el territorio queda protegido y no se puede intervenir? ¿Qué cambia para las comunidades que viven allí?
Colombia recibió la certificación oficial de Tribugá-Cupica-Baudó
El reconocimiento de Tribugá-Cupica-Baudó no ocurrió en 2026.
La incorporación del territorio a la Red Mundial de Reservas de Biosfera fue aprobada en junio de 2023, durante la 35ª sesión del Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera.
La novedad se produjo este año.
El 14 de agosto de 2026, en la sede de la Unesco en París, Colombia recibió formalmente el documento que certifica ese reconocimiento. De acuerdo con la Misión Permanente de Colombia ante la Unesco, el embajador Álvaro Sandoval Bernal, delegado permanente adjunto, recibió la certificación de manos de Sima Taheri, de la División de Ciencias Ecológicas y de la Tierra de la organización.
La entrega vuelve a poner en primer plano un territorio cuya importancia trasciende las fronteras del Chocó.
¿Dónde está Tribugá-Cupica-Baudó?
La reserva se extiende desde Cabo Corrientes, en Nuquí, hasta Punta Cruces, en Bahía Solano, en el departamento del Chocó.
Su propio nombre ayuda a comprender la dimensión geográfica del territorio: hace referencia a los golfos de Tribugá y Cupica y a la Serranía del Baudó.
En esta región confluyen ecosistemas terrestres, costeros y marinos del Chocó biogeográfico.
Hay manglares, bosques tropicales, ecosistemas coralinos, zonas marinas, estuarios, bahías y áreas de montaña. Esa combinación permite que el territorio albergue una extraordinaria diversidad de especies.
Y esa biodiversidad no está aislada de las personas.
Las comunidades afrodescendientes e indígenas que habitan esta zona han construido durante generaciones una relación directa con el mar, la selva y los recursos naturales que los rodean.
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¿Qué protege la reserva de biosfera Tribugá-Cupica-Baudó?
Las cifras permiten dimensionar parte de su riqueza.
Cuando se produjo la declaratoria en 2023, el Ministerio de Ambiente de Colombia destacó que en el territorio se habían reportado más de 894 especies entre plantas vasculares y helechos, además de alrededor de 274 especies de vertebrados.
Entre estos últimos se registraban 152 especies de aves, 48 de anfibios, 44 de mamíferos y 30 de reptiles.
Pero el reconocimiento no se limita a proteger especies.
La importancia de Tribugá-Cupica-Baudó también está en sus ecosistemas marinos y costeros y en la relación que las comunidades mantienen con ellos.
De hecho, la construcción de la candidatura ante la Unesco involucró a comunidades, autoridades e instituciones presentes en Nuquí y Bahía Solano, con espacios de participación para discutir las expectativas y preocupaciones de quienes habitan el territorio.
¿Qué significa ser una reserva de biosfera de la Unesco?
Aquí aparece una diferencia importante.
Una reserva de biosfera no significa que todo el territorio se convierta automáticamente en un parque natural donde cualquier actividad humana esté prohibida.
El concepto es diferente.
La Unesco explica que las reservas de biosfera funcionan como una especie de “laboratorio vivo” para el desarrollo sostenible: lugares donde se busca demostrar que conservar la biodiversidad y permitir el desarrollo de las comunidades no tienen que ser objetivos incompatibles.
Para lograrlo, estos territorios cumplen tres grandes funciones: conservar la biodiversidad y la diversidad cultural, promover un desarrollo económico sostenible y apoyar actividades como investigación, monitoreo, educación y formación.
En otras palabras, la gente forma parte de la reserva.
Y eso resulta especialmente relevante en un territorio como el Chocó, donde la relación entre las comunidades y los ecosistemas forma parte de la identidad de la región.
¿Se puede vivir y trabajar dentro de una reserva de biosfera?
Sí.
Las reservas de biosfera están concebidas precisamente para que puedan coexistir diferentes niveles de conservación y actividad humana.
El modelo de la Unesco contempla tres tipos de zonas.
Las zonas núcleo están destinadas a una protección más estricta de los ecosistemas y la biodiversidad.
Alrededor aparecen las zonas de amortiguamiento, donde pueden desarrollarse actividades compatibles con la conservación, entre ellas investigación, educación y aprovechamiento sostenible de determinados recursos.
Finalmente están las zonas de transición, donde las comunidades pueden vivir, trabajar y desarrollar actividades económicas bajo una perspectiva de sostenibilidad.
Por eso, el reconocimiento de Tribugá-Cupica-Baudó no significa sacar a las comunidades del territorio.
La apuesta es exactamente la contraria: hacerlas parte de su conservación y de las decisiones sobre su futuro.
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¿Qué cambia para el Chocó con este reconocimiento?
La certificación de la Unesco no resuelve automáticamente los desafíos ambientales y sociales del territorio.
Tampoco reemplaza las leyes colombianas ni convierte por sí misma toda la zona en un área de protección estricta.
Su importancia está en otro lugar.
Pertenecer a la Red Mundial de Reservas de Biosfera le da al territorio reconocimiento internacional y lo integra a una red orientada al intercambio de conocimiento, investigación y experiencias sobre conservación y desarrollo sostenible.
También fortalece una visión del territorio en la que las decisiones económicas, ambientales y sociales deben considerar el enorme valor de los ecosistemas que allí existen.
Eso puede tener implicaciones para actividades como el turismo de naturaleza, la investigación científica, la educación ambiental, el manejo de los recursos naturales y el desarrollo de proyectos productivos sostenibles.
Pero el reconocimiento también trae responsabilidades.
Una reserva de biosfera necesita gobernanza, participación comunitaria, monitoreo y capacidad para convertir los principios de conservación en decisiones reales sobre el territorio.
¿Cuántas reservas de biosfera tiene Colombia?
Cuando Tribugá-Cupica-Baudó recibió la declaratoria en 2023 se convirtió en la sexta reserva de biosfera de Colombia.
Sin embargo, ese número ya cambió.
En 2024, Darién Norte Chocoano también ingresó a la Red Mundial de Reservas de Biosfera.
Colombia cuenta así con siete territorios dentro de esta red: Cinturón Andino, El Tuparro, Sierra Nevada de Santa Marta, Ciénaga Grande de Santa Marta, Seaflower, Tribugá-Cupica-Baudó y Darién Norte Chocoano.
El dato resulta especialmente significativo para el Pacífico: el Chocó pasó de no contar con ninguna reserva de biosfera a tener dos territorios reconocidos internacionalmente dentro de esta red.
Tribugá-Cupica-Baudó: el reto comienza después del reconocimiento
Recibir una certificación de la Unesco es una noticia importante. Conseguir que ese reconocimiento produzca resultados en el territorio es un desafío mucho mayor.
Tribugá-Cupica-Baudó reúne algunos de los elementos que hacen excepcional al Pacífico colombiano: selva, océano, manglares, biodiversidad, comunidades afrodescendientes e indígenas y conocimientos construidos durante generaciones alrededor de la naturaleza.
La certificación recibida en París vuelve a poner esa riqueza ante los ojos del mundo.
Ahora el desafío estará en conseguir que el reconocimiento internacional se traduzca en conservación efectiva, oportunidades sostenibles para quienes habitan el territorio y decisiones capaces de proteger su riqueza natural sin desconocer las necesidades de sus comunidades.
Porque una reserva de biosfera no busca construir una barrera entre las personas y la naturaleza.
Busca demostrar que ambas pueden tener futuro en el mismo territorio.
