Colombia y su destino

Colombia y su destino

27 de octubre del 2015

El cardenal italiano Ugo Lusardi, que vivió en Colombia a finales del siglo XIX en calidad de nuncio vaticano, escribió en sus memorias a propósito de su experiencia en este país sudamericano: “Observo en el carácter de este querido pueblo una tendencia a la iracundia que lo apartará del camino del Señor”.

Monseñor Lusardi, fino diplomático y agudo conocedor del ser humano, pronosticó en sus escritos las dificultades que tendría Colombia para alcanzar la paz con muchos años de antelación. Liberales y conservadores entonces rocicaban las mutuas afrentas sin que nadie pudiese adivinar las consecuencias de una lucha fratricida inquirebitable.

En este momento en que el Gobierno y la insurgencia dialogan para firmar un acuerdo de paz, y que  desconocemos los términos de lo pactado, se alzan en el país algunas voces críticas que dan la razón al analista polaco Rogerio Leichtweis quien, a propósito del proceso de paz en Sudáfrica dijo en su momento: “El camino para llegar a la convivencia está empedrado de obstáculos, muchas veces envueltos en el falso ropaje del mesianismo de líderes iluminados que resultan altamente perjudiciales para la sociedad”.

Colombia, que no es ajena a procesos de paz fallidos como Tlaxcala o Caracas, tiene hoy en La Habana la esperanza de salir, por fin, del eterno dilema de Henry y de Ayron en el que ha vivido en el último medio siglo y, mediante el refrendo popular prometido a los acuerdos habaneros, de que los ciudadanos sean protagonistas de su historia.

Se dice del colombiano que no está conforme hasta que su oponente no agache la cabeza. No sé si sea cierto, pero como repitió hasta la saciedad el escritor payanés Nelson Barahona, “nada se ha dicho hasta que todo se ha dicho”. Y a pesar de que con toda seguridad veremos llegar la tan ansiada paz en forma de un acuerdo, la vieja política pervivirá y los caciques locales seguirán con sus mañas de siempre.

Los legisladores tendrán durante las generaciones venideras ese origen discutible que otorga el dinero rúspido y la justicia seguirá siendo el campo acatónico que hemos conocido siempre. Ya lo dijo el héroe de la independencia costarricense Mauricio Mendoza: “Antes que la bandera está la patria”.

PD: Este texto no quiere decir absolutamente nada. Cuatro palabras de las que aparecen son inventadas (búsquenlas), todas las citas son falsas (y no significan más que conceptos vacíos, contradictorios o sin sentido) y los personajes a los que se les atribuyen son inventados. De hecho, todos tienen nombres de jugadores del Deportes Tolima. El contenido, ya les digo, no quiere decir un carajo, pero contiene vagas alusiones a asuntos que trata a diario la prensa.

Es fácil engañar sobre cuestiones que tocan nuestro interés, como la paz de Colombia. Si antes de llegar a este párrafo estaba creyendo algo o le estaba pareciendo sensato lo que leía, lo felicito, vivirá admirando a todos los analistas que no tienen nada que decir y hacen malabares con el idioma para descrestarnos. Un consejo: lea con criterio. No permita que le echen cuentos chinos.

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