Décimas poéticas

Mar, 10/12/2019 - 10:02
Cuando escuché por primera vez la expresión “familia disfuncional”, me pregunté si mi desorganización cognitiva tenía que ver con ese asunto. Me pregunto ahora si el desasosiego colectivo es
Cuando escuché por primera vez la expresión “familia disfuncional”, me pregunté si mi desorganización cognitiva tenía que ver con ese asunto. Me pregunto ahora si el desasosiego colectivo es hijo de sociedades rotas, de comunidades dislocadas. Combato el malestar con cuatro poemas diarios. Quiere decir que me miro en la poesía como en un espejo. Cuando ese espejo me devuelve una imagen más o menos articulada de mí mismo y del mundo que me rodea, mi ansiedad disminuye. Por el contrario, las rimas desmembradas y las políticas sin horizonte, al evocar mi propia fragmentación, me sumen en el caos. Soy un ansioso crónico. Siempre vivo en la hora siguiente a aquella en la que me encuentro. Los lunes actúo como si me hallara en el martes y los martes como si hubiera alcanzado el miércoles. Salgo de la cama dos horas antes que mis contemporáneos por miedo a llegar tarde a donde quiera que vayamos. Voy a mis reuniones con varias horas de anticipación por si el Uber que me lleva se le llega a pinchar una llanta. O las cuatro. Si veo un partido de fútbol por la televisión, me identifico con el que va ganando, no porque sea el mejor, sino porque tendrá más tiempo para preparar el siguiente encuentro. Agarro el celular antes de que suene, pues he desarrollado una curiosa habilidad para detectar las llamadas segundos antes de que se produzcan. Y llego a las funerarias antes que los muertos. Todo esto no se puede ejecutar sin un desgaste emocional formidable que me proporciona, a cambio, estados transitorios de paz conmigo mismo. De ese modo reparo las grietas de una infancia un tanto cuarteada y de una vida, en general, sin sonetos, sin palíndromos y sin décimas poéticas. Una vida sinlírica, sin verso, como la de mi país.
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