Del (recién descubierto) asesinato del prócer

11 de julio del 2012

Tuve la oportunidad en los últimos días de sentarme a ver el especial hecho por Al Jazeera sobre la muerte de Yaser Arafat y su posible envenenamiento con Polonio. Y aunque me pareció impresionante, debo confesar que el impacto no proviene de la confirmación de algo ya de público conocimiento (el asesinato de Arafat) sino […]

Tuve la oportunidad en los últimos días de sentarme a ver el especial hecho por Al Jazeera sobre la muerte de Yaser Arafat y su posible envenenamiento con Polonio. Y aunque me pareció impresionante, debo confesar que el impacto no proviene de la confirmación de algo ya de público conocimiento (el asesinato de Arafat) sino de la muy grave acusación hecha por la cadena a las autoridades palestinas.

En el año 2002, Yaser Arafat se encontraba bajo estricta vigilancia israelí en un complejo militar en Ramalah, acusado de ser uno de los más grandes enemigos del mundo libre y la paz en Medio Oriente. No era raro leer en titulares de prensa acusaciones de terrorismo por parte del entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush hacia Arafat, o ver en los noticieros la imagen de Ariel Sharon (primer ministro hebreo en esa época) señalando al líder palestino como una amenaza al pueblo de Israel. Ya para 2002 se había olvidado por completo el papel de Arafat durante los acuerdos de Oslo y sus férreas intenciones de paz, con lo que su imagen había pasado a ser la de un tirano, chapado a la antigua, sin ningún tipo de intención de negociar.

Ya fuera por medio de informes israelíes, estadounidenses o anónimos, se conocían los supuestos derroches de dinero de la familia Arafat, con mansiones inmensas, inversiones multimillonarias y pagos desmedidos a funcionarios cerrados de mente. El mundo no venía en el ex guerrillero un sabio líder sino el fantasma corrupto de un pasado que ya debía quedar en el olvido.

Arafat se enfermó, empeoró y murió bajo la mirada desinteresada de un mundo agotado por la interminable guerra en Medio Oriente. Israel logró su cometido de acabar con la imagen de prócer de Yaser Arafat. Sin embargo los encargados de acabar con su vida, según el especial de Al Jazeera, fueron los mismos palestinos.

La presión internacional que existía en 2004 sobre la Autoridad Nacional Palestina era inmensa para que se diera una transición en el poder. EEUU y Europa habían dado su espalda a la causa palestina hasta que no llegara un nuevo líder y Arafat, apoyado por el pueblo, se negaba a dejar el “trono”. La solución más fácil era acabar con la vida del líder. Al Jazeera no acusa de manera concreta a Mahmoud Abbas y a los líderes de la Autoridad Nacional Palestina, pero insinúa su participación e, incluso, pareciera liberar de culpa a Israel.

Semejante idea me impactó y me deja pensando. Lo que ha ocurrido casi ocho años después de la muerte de Arafat con Palestina es lo que Israel siempre quiso: un olvido casi completo en el panorama internacional. Ya el conflicto palestino-israelí no hace parte de las grandes cumbres que se celebran alrededor del mundo, siendo remplazado casi por completo por Afganistán, Pakistán, Irak o Irán. Israel ahora construye asentamientos como quiere y cuando quiere, con pequeñas protestas aisladas, pero sin ningún tipo de repercusión. Y finalmente el famoso proceso de paz se fue al olvido porque Arafat era el único que buscaba una paz en igualdad de condiciones. Ya Israel ganó y lo que tuvo que hacer fue muy poco: la ambición de unos pocos dentro de la Autoridad Palestina acabó con 40 años de resistencia.

Ahora, también hay que preguntar: ¿40 años de resistencia (llenos de sangre, odios y venganzas) para qué?

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