El científico y la hostia

Lun, 19/09/2011 - 00:57
Me vi recientemente confrontado con una forma muy personal de la dualidad entre ciencia y religión cuando alguien en Londres me propuso trabajar juntos en un proyecto de astronomía. Luego de un poco
Me vi recientemente confrontado con una forma muy personal de la dualidad entre ciencia y religión cuando alguien en Londres me propuso trabajar juntos en un proyecto de astronomía. Luego de un poco de investigación en Google me enteré de que quien se interesaba en mi trabajo es, a la vez que un buen astrofísico con varias y citadas publicaciones en revistas de alto impacto, un activo miembro del judaísmo que ha publicado también libros y artículos sobre cómo se complementan la cábala judía con la teoría del Big Bang. Tal vez deba llamarlo un prejuicio, pero mi primera reacción fue entonces de rechazo. La pregunta -inevitable- que me hice fue: ¿puede alguien que profesa activamente una religión ser también un buen científico? Creo que conozco la respuesta, y es afirmativa, pero fue interesante tratar de responderla cuando estaba en juego una posibilidad real para mi futuro como astrónomo. Y sobre todo, una oportunidad de apreciar, desde el punto de vista individual, el largo debate (no sé si llamarlo un debate) entre dos puntos de vista que parecen confrontarse cada vez que cada uno intenta dar explicación a las grandes preguntas de la Humanidad. La pregunta no es entonces si se puede ser a la vez una persona de fe y un buen científico, sino si se es capaz de separar los dos componentes y de no mezclar prácticas y métodos de una cosa con las interpretaciones de la otra. Creo que todo individuo tiene derecho a profesar una religión, sea cual sea su profesión, y al mismo tiempo la capacidad de ser excelente en lo que haga: carpintería, pilotaje de prueba, ciencia, lo que sea. Sin embargo, creo que la posibilidad de ser un científico riguroso (o en general, una persona razonable) disminuye con la intensidad de nuestra fe. Existen excelentes ejemplos de gente que ha logrado un balance provechoso y justo entre su fe y su quehacer científico, que ha dado respuestas a diferentes aspectos de su vida como individuos. Pero en general creo que cualquier religión atenta contra el libre pensamiento y contra una actitud crítica del individuo frente a la realidad, con consecuencias desastrosas para la sociedad. Ahí está, para no ir más lejos, el ejemplo de lo que han dado en llamar el Diseño Inteligente, que se enseña como disciplina científica en varios lugares de los Estados Unidos y que promulga la idea de que la evolución ha sido producto de la calculada acción de una mente superior, omnipotente, divina. Si hay algo peor que la injerencia de un pensamiento dogmático en asuntos científicos, o viceversa, es que las generaciones crezcan creyendo que una cosa es la otra. No es razonable permitir que muchos jóvenes maduren creyendo que el Diseño Inteligente, o las profecías mayas, o la astrología, son expresiones de la ciencia. Por eso debemos mantener los pies sobre la tierra, y llamar las cosas por su nombre. La religión suple ciertas necesidades espirituales, pero no podemos pedirle que supla todas nuestros cuestionamientos, como tampoco podemos pedirle a la ciencia que dé tranquilidad y paz interior a quienes, por ejemplo, guardan la esperanza de ir a un mundo mejor (o peor) luego de esta vida mundana de iPhones y Lady Gaga. No soy religioso, he tratado siempre, desde que probé la hostia amarga de la primera comunión sin entender bien por qué, de mantener mi mente libre de ataduras y para mí, en lo personal, la religión es una atadura. Sin embargo, he decidido que trabajar con alguien cuya impecable actividad científica viene acompañada de una fe activa y firme, será, antes que una desventaja, una experiencia enriquecedora. P.S. Buenas noticias llegan sobre la posible financiación del Telescopio James Webb Esperemos que el Senado gringo también sepa sacar el dinero de alguna parte. Twitter: @juramaga
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