Fútbol para juiciosos y revoltosos

30 de marzo del 2015

Si alguna condición tiene el fútbol es su carácter pluralista. En él hay un reconocimiento de la diversidad de la humanidad. Coexisten estilos de vida, convicciones políticas e intereses altruistas por amor o, exclusivamente, impulsados sólo por la lógica mercantil. La esperanza de que en una actividad humana confluyan todo tipo de divergencias, en un […]

Si alguna condición tiene el fútbol es su carácter pluralista. En él hay un reconocimiento de la diversidad de la humanidad. Coexisten estilos de vida, convicciones políticas e intereses altruistas por amor o, exclusivamente, impulsados sólo por la lógica mercantil. La esperanza de que en una actividad humana confluyan todo tipo de divergencias, en un aparente consenso, es por lo menos inspirador.

Para dar una muestra, no han sido pocos los futbolistas comprometidos con los asuntos políticos de su tiempo. Un ejemplo es el alemán Paul Breitner, quien era un jugador consecuente con sus ideas de izquierda, pues fue un verdadero proletario en la generosidad del esfuerzo. A pesar de su pinta algo hippie, se comía literalmente la cancha, era una hormiguita; todo un trabajador laborioso. Breitner fue víctima de la moda de su época: tenía una melena tipo afro, barba, patillas y bigote; una combinación magistral entre Elvis Presley y nuestro querido tigre de la media cancha,  Leonel Álvarez.

Las ideas políticas también estaban influenciadas por su época: posaba, con toda su pinta, con el  Libro rojo de Mao bajo el brazo. Al final diría que era más una simple pose para pasar por interesante… para descrestar… Nada fuera de lo común. Al margen de si lo era o no, fue capaz de renunciar al Mundial del 78 como protesta por la dictadura argentina. Un futbolista comprometido: le decían el Káiser rojo.

De Johan Cruyff se dice que no fue al mundial de Argentina también como protesta por la misma dictadura, pero luego lo desmintió. Había sufrido un intento de secuestro con su familia en Barcelona que le impidió asumir la responsabilidad de participar con la selección holandesa. De seguro, con él, hubieran podido llegar más allá del subcampeonato; fue, como Paul Breitner, uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos.

Sin embargo, Johan Cruyff se ajusta para ilustrar el carácter de la fauna típica del fútbol: era un fumador empedernido desde muy joven, tanto, que le practicarían una operación de corazón con doble bypass ya jubilado. Si un jugador de la calidad de Cruyff era una chimenea, indica en serio sobre el pluralismo del fútbol: Todos caben. Por no hablar de George Best, quien fue el de la famosa frase: “Dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida”. O: “He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y automóviles…el resto lo he desperdiciado”. No habría mucho que añadir sobre este personaje.

Así mismo, la norma de que los futbolistas sean de clase popular no es del todo cierta. Varios de los mejores jugadores vinieron de clase media: Messi, Andrés Escobar y se puede añadir a Bergoglio, el Papa futbolero. También de clase alta, como Kaká, que creció lejos de las favelas; o Andrea Pirlo, hijo del dueño de dos fábricas metalúrgicas en la zona más rica y productiva de Italia.

Es tan democrático el fútbol que el mejor jugador de todos los tiempos nació en la pobreza absoluta, siempre fue algo gordo y era tan zurdo, que la derecha apenas le servía para caminar.

@juancuellarp

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