Las Torres Gemelas y el número 11 (y el 7, y el 8, y el 9…)

16 de septiembre del 2012

Pensé, entonces, que con un poco más de tiempo cualquiera podría asociar la secuencia de Fibonacci con las fechas más importantes de la vida de Suso “El paspi”

Pitágoras debe estar revolcándose en su tumba por la cantidad de estupideces en las que ha derivado la incipiente ciencia de la numerología que dejó a su muerte. Con motivo de un nuevo aniversario de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, y mientras esperaba para abordar mi vuelo retrasado, recibí una cadena de e-mails suscrita por alguien que dice estar aterrado, con los pelos de punta (se erizó), debido las desconcertantes relaciones entre los lamentables hechos ocurridos ese día en E.E.U.U. y el número 11. No sabe uno si quienes se dedican a elaborar esas aparentemente intrincadas relaciones son avivatos de pura raza o desocupados profesionales, pero lo cierto es que logran engrupir a más de un incauto que más tarde confirmarán su ingenuidad engrosando la cadena o publicando el texto correspondiente en alguna de sus redes sociales.

Según la inquietante teoría, el nombre de la ciudad, New York City, tiene 11 letras, al igual que Afghanistan, Ramsin Yuseb (el terrorista que amenazó con destruir las Torres Gemelas en 1993), George W Bush. Pero además, New York es el estado numero 11; el primer avión que se estrelló contra las Torres Gemelas fue el vuelo número 11 que, por cierto, llevaba 92 pasajeros (9 +2=11); el vuelo número 77 también se estrelló contra las Torres Gemelas, y llevaba 65 pasajeros. (6+5 = 11); la tragedia sucedió el 11 de Septiembre, o mejor dicho 9/11 (9+1+1=11); la línea de emergencias en Estados Unidos es 911 (9+1+1 =11); el número total de víctimas dentro de todos los aviones fue de 254 (2+5+4= 11); el 11 de Septiembre es el día 254 del calendario (otra vez 2+5+4=11).

Y, por otro lado, aunque también relacionado, las explosiones de Madrid sucedieron el día 3/11/2004 (3+1+1+2+4= 11), exactamente 911 días después del incidente de las Torres Gemelas (9+1+1=11). Finalmente el mensaje cibernético reta a su destinatario a escribir en una hoja del programa computacional word el código Q33 (correspondiente a uno de los vuelos involucrados), sombrearlo y asignarle el tipo de letra wingdings; si se siguen las anteriores instrucciones, aparecerán, en la hoja de word, íconos que representan a un avión dirigiéndose a dos figuras que podrían pasar por edificios.

Confieso que todo eso, que parece una arcana conspiración digna de una cofradía de poderosos espíritus del mal, habría llegado a erizarme a mí también, si no fuera porque, durante los quince minutos de retraso de mi avión, y para pastorear el aburrimiento, no hubiera confeccionado mi propia teoría numerológica (debo aclarar que ese día era 11 de Septiembre, y mi mayor miedo en ese momento no era ningún agüero relacionado con los incidentes de Nueva York, sino la borrachera que podían tener pilotos o controladores aéreos por el triunfo de la selección Colombia ante Chile).

Contaba, como digo, con no más de quince minutos, así que no podía entretenerme en minucias acerca de cuál iba a ser el número que me convenía para estrenarme como Nostradamus de sala de espera; así que escogí el 7, que era el número que correspondía a mi sala. Inmediatamente noté que el estado donde se produjeron los ataques tiene 7 letras: New York. Además, con una mirada rápida en Wikipedia, supe que es el 7mo estado más densamente poblado de E.E.U.U. Y si bien Afganistán no tiene 7 letras, si que las tiene “Al-Qaeda”, una referencia más precisa de los atacantes. Al igual que “Husseim”, a quien conocemos más que al tal Yuseb que mencionan en la cadena, para no hablar de “talibán”, que también tiene 7 letras. Y más que las 11 letras del zoquete de George W. Bush, a E.E.U.U. lo defendieron los bombardeos del 7 de octubre de 2001 sobre las ciudades afganas de Kabul, Jalalabad y Kandahar.

Entrando ya en materia de aviones, vuelos y pasajeros, la palabra “Airline” tiene 7 letras; el primer avión llevaba 92 pasajeros (sí: 9+2=11, pero también 9-2=7); el vuelo que llevaba 65 pasajeros era el número 77 (a falta de uno tenemos dos sietes); todo ocurrió el 11de septiembre, o mejor dicho 9/11 (9-1-1=7); el número de emergencias en E.E.U.U es 911(9-1-1=7); el número total de víctimas en los aviones fue de 254 (-2+5+4=7); el 11 de Septiembre es el número 254 del año (-2+5+4=7). Los atentados en Madrid ocurrieron en marzo de 2004, o bien 03/04 (3+4=7), exactamente 911 días después de los atentados de las Torres (9-1-1=7). Recordé, además, que hacia la mitad de la tarde del día de los atentados en NuevaYork se derrumbó misteriosamente un edificio del Complejo del World Trade Center -conformado por 7 edificios- que no fue alcanzado por ningún avión; era conocido como “El edificio número 7” (ahí sí me ericé). También que las 7 letras iniciales que componían el nombre del edificio que iba a reemplazar a las Torres Gemelas (“Freedom”) fueron sospechosamente cambiadas por las 3 de  “One”, su nombre actual.

Finalmente advertí que los objetos involucrados (los 4 aviones, las dos torres y el edificio del Pentágono), suman 7, y que “septiembre”, como lo indican sus cuatro primeras letras, era el mes número 7 del calendario romano (al remitente del mensaje se le pasó la siguiente relación: noviembre, el mes 11 de nuestro actual calendario gregoriano, era el mes 9 en el romano, como lo indican sus tres primeras letras; y, entonces, 9 y 11: 9+1+1 =11; o 9-1-1=7).  Lo cierto que mi profecía de aeropuerto resultó incluso más completa que la basura que acababa de leer (sólo por curiosidad, cambié el tipo de letra “wingdings”, que había resultado en el avión y los dos edificios, por “wingdings 2”: resultó una equis, como las que ponen en los colegios para señalar que lo que uno puso es una estupidez, y dos botes de basura). Pensé, entonces, que con un poco más de tiempo cualquiera podría asociar la secuencia de Fibonacci con las fechas más importantes de la vida de Suso “El paspi”.

Lo anterior sólo demuestra que se pueden diseñar decodificaciones por encargo sobre todos los asuntos de la vida; al fin y al cabo todo lo podemos contar (“las cosas son números” decían los pitagóricos), agrupar como mejor nos convenga y empezar a hacer asociaciones numéricas. O bien siempre es posible encontrar que dos conceptos guardan similitudes entre sí en culturas diferentes. O los vocablos que los designan se asemejan en su pronunciación o en su grafía entre los miles de dialectos e idiomas que en el mundo han sido.

Con los recuerdos todavía frescos de los programas radiales de esa mañana, en los que trataban de encontrar relaciones esotéricas entre el partido de fútbol del día y el golpe de Estado a Salvador Allende, y entre la paz de Colombia y los triunfos deportivos, quise encontrar el calificativo adecuado para definir al idiota que envía esas cadenas de mensajes y al tonto que las cree. Obviamente, debía encajar con todo el espíritu de la profecía del 7 que acababa de descifrar. Entonces, a la manera de un crucigrama: “persona alelada, poco inteligente; que molesta haciendo y diciendo tonterías”, 7 letras: imbécil.

@samrosacruz

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