¡Ojo con las ciudades!

Jue, 22/11/2012 - 15:10
Cada día aumenta el deseo de la gente por vivir en las ciudades. El sueño de mejorar la calidad de vida, buscar mejores ingresos y obtener bienestar para la familia, disparó el crecimiento urbanís
Cada día aumenta el deseo de la gente por vivir en las ciudades. El sueño de mejorar la calidad de vida, buscar mejores ingresos y obtener bienestar para la familia, disparó el crecimiento urbanístico y de población de las ciudades. El 70 % de los colombianos están viviendo en las ciudades, resultado de la migración rural de los últimos 50 años, donde se fusionó sin ninguna planeación: barrios por autoconstrucción, invasiones, casas de interés social sin control de calidad y la avanzada furiosa de constructores que levantan edificios en el rincón menos esperado. Las ciudades, urbanística y arquitectónicamente, son un caos. La planificación que se debió hacer cuando comenzó el fenómeno del crecimiento no se realizó, se dejó a la deriva; el resultado es lo que padecemos a diario, en nuestras ciudades: inseguridad, caos vial, invasión del espacio público, contaminación ambiental, desempleo y especulación en el valor del metro cuadrado para vivienda. Vivir en una ciudad debería ser un placer para la gente que implica disfrutarla, caminarla, contemplarla. La ciudad debe ser el espacio contributivo en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, pero  nada de eso se tiene. Por el contrario, las ciudades se convirtieron en un mal necesario donde se tiene que vivir por obligación, no por placer.

Los Alcaldes -llamados a ser  líderes en la trasformación de sus ciudades-, están dedicados a banalidades y a la administración al detal: que el concejal… que el líder… que la foto… que el viaje… que la reunión… que el coctel… que la condecoración… que la cumbre… que la feria.

Si seguimos así, las ciudades en pocos años serán una bomba de tiempo en materia de hábitat para la gente. Dónde están los alcaldes, los políticos, los gremios, la academia o la sociedad civil, asumiendo responsabilidad y seriedad técnica en el manejo, proyección y aprobación del plan de ordenamiento territorial (POT), que supuestamente debe ser el documento técnico más serio en la vida pública de una ciudad.
Los POT están siendo manoseados por concejales inescrupulosos al servicio de particulares interesados en preservar sus intereses privados y económicos, por encima de los intereses colectivos de la comunidad y de la ciudad, elementos fundamentales en la estructuración de estos  POT.
¿Dónde están los estudios, la planificación, la estructuración y ejecución de las nuevas ciudades?  donde el disfrute del espacio público sea un derecho colectivo, inalienable y no un beneficio "politiquero" para mantener las mafias y los votos de mercaderes que explotan laboralmente a vendedores ambulantes, muchos de ellos menores de edad. Dónde están la estructuración, técnica, financiera y arquitectónica de las alcaldías para la construcción de verdaderos parques urbanos, donde la generosidad de hectáreas, fusionadas con la fauna y la flora, sean espacios para que las familias puedan disfrutar de actividades culturales, deportivas o pasivas, como verdadera opción, digna, incluyente, diferente a la única que se tiene ahora: la de vitrinear en los centros comerciales. Dónde están las cámaras de comercio o los gremios exigiendo calidad técnica en los POT; donde está la ética profesional o el cumplimiento por la norma de los nuevos proyectos urbanísticos en la calidad de las obras, en el respeto por el espacio público, las zonas verdes o las zonas sociales. ¿Quién ronda a las curadurías urbanas? Hoy son más unos fortines de corrupción donde se negocia el favor del funcionario público ante el soborno del particular para transgredir la norma, con el fin de seguir saturando de edificios las ciudades, convertidas en centros de hacinamiento. Quién defiende y controla las zonas residenciales destinas para el descanso y el desarrollo integral de la familia, invadidas por "guaraperias" de garaje, o casas de prostitución con fachadas de hoteles. Y qué decir de las salas de internet, convertidas en casinos para menores de edad donde se dopan virtualmente con "PlayStation” y “X Box"  y, en los casos más graves, salas de pornografía y tráfico sexual de menores. La inseguridad es el mayor problema o el cáncer de las ciudades. Las bandas delincuenciales se están apoderando de las comunas más desfavorecidas, las que -por cierto- eligen alcalde, las que conviven y mantienen el sistema corrupto y politiquero que se tomó los concejos y la mayoría de alcaldías. Allí en esas comunas se vive con mayor traumatismo el desastre que viven las ciudades. Allí está excluido el desarrollo y la inversión llega, pero con políticas asistencialistas que los aísla, que les impide exigir verdadera inversión social que los incluya en el mundo de las oportunidades. El motor de la transformación social es la educación. Hoy la educación es tan solo cifras estadísticas: “100% de cobertura” o “100% de gratuidad”, son frases comunes en discursos de alcaldes y secretarios de educación, pero con catastróficos resultados en la calidad.  La política de calidad educativa, que debería ser el instrumento para disuadir y rescatar a las nuevas generaciones de la criminalidad, es tan solo un discurso transitorio de campaña. Los colegios públicos deberían tener prioridad en la inversión pública y en la tan cacaraqueada política de responsabilidad social de los sectores privados. Y si en los colegios están los ciudadanos del mañana, las preguntas que nos hacemos son: ¿Sí se les está formando con un pensum educativo en el que se fusione calidad académica con valores ciudadanos?; ¿Sí se les está inculcando el respeto por los demás, para que ese  ciudadano del futuro no quebrante el ordenamiento jurídico, garantía para la preservación del orden colectivo de la sociedad?; ¿Sí se estará educando a los “muchachos” en espacios arquitectónicos de calidad, al punto que se les haga sentir la necesidad de estar en el colegio alejados de la invitación al crimen que les extienden hoy día las  bandas criminales, y que los incitan a la vida sibarita, el lucro fácil y el libertinaje?. Esa es la verdadera tarea y función de los alcaldes y de los ciudadanos: asumir responsabilidad por el presente, por el futuro, para que nuestras ciudades sean verdaderos escenarios de oportunidades para el mejoramiento de la calidad de vida, motivo para salir del campo. insultos en @laureanotirado
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