Palacio de Justicia: verdad y perdón

Palacio de Justicia: verdad y perdón

9 de Noviembre del 2015

Mucho se escribe estos días sobre la catástrofe del Palacio de Justicia, cuando se cumplen 30 años de aquel despropósito armado, que significó no solo el final del M-19, que demostró con aquella imbecilidad militar y política que no entendían ni a el país que decían amar, ni a las fuerzas armadas que querían combatir, sino también el inicio de aquella noche oscura que se cernió sobre la justicia de nuestro país, y que aún no termina.

Basta darse cuenta como entonces fue asesinado de forma impune un hombre ilustre y probo como el Doctor  Reyes Echandía, y hoy tenemos que llenar de garantías a tipos de la talla de Jorge Pretel, aquel infame magistrado, que se atreve a vender la justicia del país que juró servir por un plato de lentejas.

Aquel hecho violento, que marcó a una generación de colombianos, es una herida aún abierta, un drama que no cesa. Y esta página dolorosa va a resultar imposible de pasar hasta tanto las familias víctimas, y el país,  no sepan toda la verdad de lo que ocurrió con sus seres queridos. Los hechos son tozudos: los desaparecidos empiezan ya a dejarse encontrar, poco a poco, como algunos victimarios ya empiezan a asumir sus culpas, y el Estado empieza a pedir perdón.

Resulta una lástima que en nuestra cultura, que todavía arrastra el lastre de los modos Ibéricos, el tapen-tapen, el mirar para otro lado y evadir la responsabilidad, sea aceptado como la norma, como si estuviéramos condenados a vivir bajo la sombra de aquella filosofía barata  que uno de los hampones Nule descubrió: “la corrupción es inherente al ser humano¨. No juzgamos nada, ni a nadie. Es como si se ¨nos mearan encima, pero nos  obligaran decir que está lloviendo¨

Tal vez el rasgo más admirable de la cultura anglosajona en los Estados Unidos es su respeto y honra a la verdad,  y a la responsabilidad que esta conlleva, por dolorosa  y costosa que pueda resultar. Ted Kennedy, lo tenía todo para ser presidente, pero siendo joven decidió abandonar a su pareja después de un accidente automovilístico, permitiendo que esta se ahogara; esto le costó la presidencia.

Pero así mismo, esta cultura acoge  el derecho a la redención, pues el mismo Ted fue Senador por el estado de Massachusetts durante varias décadas.

Será mucho pedirles a personajes como el presidente Betancur que aclare si hubo o no golpe de estado, y de ser así,  porque nunca lo reconoció; y que  acepte que se equivocó.  O  a Nohemí Sanín que con humildad acepte que hubo censura, o  los militares de aquella época que reconozcan los excesos que cometieron contra civiles inocentes . Y que sí, que también se equivocaron.

La redención y el perdón son posibles: que lo diga Navarro Wolf, comandante del grupo terrorista que fue el directo responsable de esta tragedia. Ha sido alcalde, gobernador, constituyente y senador. El país lo perdonó, y solo le bastó reconocer la verdad y asumir con humildad su responsabilidad.

¿Es acaso tan difícil en nuestra sociedad tener el coraje de decir la verdad y asumir la responsabilidad que esta conlleva? ?No es hora de cambiar de chip?

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Una cosa más: Me tomo la libertad de anunciar la publicación de mi primera novela titulada ¨Espejos de Noviembre¨, bajo el sello editorial Oveja Negra, el próximo 11 de Noviembre.  Espero que la disfruten.

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