Repsol y las Malvinas: Las dos batallas de Argentina

Lun, 16/04/2012 - 22:53
El Gobierno de Cristina Fernández en Argentina acaba de radicar en el Congreso de su país un proyecto de Ley  para expropiar y nacionalizar el 51% de las acciones de la petrolera YPF, parte de la m
El Gobierno de Cristina Fernández en Argentina acaba de radicar en el Congreso de su país un proyecto de Ley  para expropiar y nacionalizar el 51% de las acciones de la petrolera YPF, parte de la multinacional española Repsol, desatando la furia diplomática de España, que no ha tardado en declarar rota la amistad entre los dos países y en anunciar represalias diplomáticas buscando el apoyo de sus socios en Europa y América. Puesto que mi conocimiento es limitado en materia de economía de mercados (y en aproximaciones nacionalistas al manejo de ésta), no me atrevería a hacer aquí un análisis de las ventajas o desventajas que trae para la Argentina la nacionalización de la totalidad o de una parte de las acciones de empresas multinacionales. Me limito a exponer dos puntos de vista diferentes y contradictorios. Según el primero de estos puntos de vista, la nacionalización de aquellas empresas que no invierten lo suficiente en los países de donde obtienen la mayoría de sus recursos y de sus clientes es la reprimenda justa para el capitalismo salvaje de las multinacionales y de los Gobiernos que las apoyan, y de paso resuelve el problema de la inversión al garantizar que los dividendos del negocio se queden en casa, y no sean llevados (como arcas repletas de oro abordo de sinuosos galeones modernos) a inflar las arcas de los magnates en la metrópoli. Por el contrario, hay quienes creen, como el Gobierno de México (que no tardó en salir en defensa de los intereses españoles), que este tipo de medidas sólo conduce a una reducción de la confianza inversionista y por tanto a una reducción de las posibilidades de generación de empleo en los países en desarrollo como la Argentina, tan necesitados de crecimiento en estos tiempos de crisis. Mi opinión personal (al fin y al cabo éste es un blog, que no por poco leído deja de expresar un punto de vista) es más próxima a la primera de éstas aproximaciones, por una razón sencilla de pura lógica y equidad: la confianza debe ser mutua. No se le puede pedir a los países ricos en recursos que generen las condiciones necesarias para la confianza inversionista (que de hecho las han generado, por algo pululan ya las multinacionales en nuestro continente) sin pedirle a la contraparte que genere la confianza entre los pueblos dueños de tales recursos. Confianza que debe manifestarse en bienestar, desarrollo sostenible, transferencia de tecnología e inversiones tangibles más allá de las cifras siempre etéreas de la generación de empleo. ¿O es que son acaso en Colombia las poblaciones cercanas a los yacimientos petroleros ejemplo de desarrollo o de producción industrial exitosa? ¿Son Arauca o los pueblos junto a los oleoductos centros de desarrollo de nuevas tecnologías? ¿Acaso se ha abierto en los años del petróleo un centro de investigación en los Llanos Orientales para el mejoramiento de las condiciones energéticas en Colombia? A mi me parece que lo único que nos queda de todo esto es la pelea legal de millones de dólares entre Ecopetrol y Pacific Rubiales, de la cual unos ricos saldrán un poquito más ricos y otros ricos un poquito menos ricos, sin que la mayoría de nosotros se beneficie en lo más mínimo. Por eso, más allá de las implicaciones en macroeconomía, la nacionalización de sus recursos, respetando siempre las leyes vigentes, no me produce el escándalo vomitivo, ni la paranoia comunista que produce en algunos que ven en ello al mismísimo coco de la lucha de clases, sino que me parece la acción legítima de un Gobierno que ejerce su soberanía. Más allá de estas opiniones, resulta interesante ver a la Argentina batallando en dos guerras diplomáticas, cada una de ellas contra una vieja potencia de un continente Europeo en crisis. La batalla de la clase dirigente en Buenos Aires por su petróleo y por unas islas que considera suyas, en un momento en que Europa (y en particular España) parece hundirse en su propia opulencia, se parece, desde el punto de vista de la comparación histórica, a los alaridos de independencia que se hicieron sentir a través del Océano a principios del XIX, cuando una monarquía española debilitada por luchas internas tenía que hacer frente también a la amenaza napoleónica, luego de haber sido la gran potencia económica de Europa. Entonces fueron el oro y la plata, ahora es el mercado inmobiliario, y en ninguno de los casos supo España aprovechar su posición de ventaja. En aquella ocasión América entera se presentó como un dragón incontenible, desde México hasta la Patagonia, liderada por hombres y mujeres que hoy llamamos héroes. La América Latina de hoy no parece tan unida como en su emancipación, y falta ver si ésta vez, como entonces, el Nuevo Mundo se sale con la suya. Twitter: @juramaga
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