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22 de junio del 2011

 

Venga, entre. Personas que reaccionan ante el término “SEX” -cual pirañas frente a los asuntos de la carne- son las que necesitamos aquí en este blog.  A usted le funcionan sus instintos, usted está vivo, tiene energía, su libido vibra.  Lo puedo palpar claramente en sus ojos. Hay que ver cómo los desplaza de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, acariciando con su penetrante mirada cada renglón de esta hoja, arrullando con sensualidad las letras  de todas y cada una de las palabras  que conforman este texto.

 Déjeme decirle una cosa: nunca antes nadie había recorrido de esta manera los centímetros cuadrados de la piel de esta hoja. Nunca antes nadie había dejado esta hoja blanca… ¡blanca de emoción! Toda una proeza: a punta de  movimiento de ojos, sin mezcla alguna de arrabaleros movimientos pélvicos. Estilo limpio e higiénico el suyo. ¡Qué envidia!

 Y es que usted no sólo dejo pálida a la hoja. La cosa va más allá: es que también la letra  hache de la palabra hoja quedó completamente muda y paralizada a raíz de su mirada penetrante y hormonada, entrando en un eterno orgasmo cósmico, silencioso e infinito.

 Me gusta ese detalle de sutil coquetería que usted le pone a la lectura. Me parece encantador cuando usted en medio de un renglón hace una pausa, baja los parpados, pone al descubierto sus pestañas, discretamente humedece los ojos, sube nuevamente los párpados y continúa leyendo como si nada. ¡Hermoso, erótico, apasionante! La humedad de sus ojos es contagiosa. Si yo fuera niña, le juro que se me humedecería hasta el sótano de mi ombligo.

 El poder de sus ojos es increíble; el fuego de sus pupilas, impactante. Son los perfectos ojos caníbales, como dijo el poeta. Y se lo puedo probar: por favor mire fijamente por unos segundos esta letra S. Uno, dos, tres. ¡Santo Dios!, bastó un instante para que en virtud de su mirada esa pobre letra se quebrara completamente y se diera la vuelta convirtiéndose en una Z, arrodillada a sus pies, sumisa, dispuesta a entregarse.  Si no lo viera con mis propios ojos, no lo creería.

 ¡Qué maravillería! O mejor, como dice un amigo: ¡Qué marachimba! Usted, su mirada y yo podemos hacer un equipo genial. Entre ambos podemos hacer de este espacio el blog más teso del mundo. El contrato es suyo. Queda contratado. Así como lo oye: ¡con-tra-ta-do! A partir de hoy usted será el supervisor de este blog, mi álter ego, mi consejero espiritual, mi representante legal, el gerente de mis escritos. ¡Todo gracias a ese par de ojos y la visión universal que usted tiene de las cosas!

 Si me lo permite, quisiera poner en su consideración o a su consideración -como le suene mejor- un tema del que me encantaría saber su opinión. Su punto de vista es fundamental para mí.

 Estoy escribiendo un artículo sobre  por qué el nombre de Kien&Ke, la revista digital de la cual este blog es inquilino,  se escribe con K y no con Q, que es como debería escribirse en español. Personalmente creo que es cuestión de  táctica publicitaria. Alguien que ve un nombre escrito de manera distinta e inusual, no lo olvida jamás. Además la K tiene un  efecto mágico: impregna los nombres de un cierto aroma internacional, les da un toque chic.

 Vea, por ejemplo, el caso mío: hasta hace poco tiempo me llamaba Diq, así con q.  En el colegio los niños me molestaban. Me decían “Dique”. Como si yo fuera un muro de contención de aguas, cuando la poca agua que yo podía aguantar eran las ganas de orinar que me daban en clase. Aunque usted no lo crea, el sobrenombre me acomplejaba, me hacía sentir débil. Sentía que en cualquier momento me podía quebrar, romper como cualquier jarillón de río colombiano acorralado. Por eso juré cambiarme el nombre  cuando fuera grande.

 Hace un par de años, o un par de décadas, no me acuerdo bien, cumplí mi sueño: me rebauticé con el nombre de Dick. Y la cosa ha funcionado de maravilla. La gente me mira con respeto y hasta con  un poco de admiración, modestia aparte. Es la magia de la K. El problema viene cuando las personas saben mi nombre completo: Dick Salazar. Eso les suena como llamarse  John Philip Cucaita. Pero eso es harina de otro costal, tema del cual podemos hablar otro día.

 ¿De que estábamos hablando? Si, ya me acordé. El asunto era por qué Kien&Ke se escribe con K y no con Q ¿Usted ké opina?

 ¿Cómo? Barájemela más despacio. ¿Así que usted piensa que mi teoría no explica la esencia del asunto, ni da en el blanco y se va por las ramas? ¿Cuál es, entonces, en su concepto la explicación?  Exponga, por favor, su tesis. Soy todo oídos.

 ¡Genial, realmente genial! Solamente a usted se le ocurre una cosa así. Entonces usted cree que Kien&Ke se escribe con K y no con Q,  porque la Q como lo puede ver cualquier persona que tenga mirada penetrante como la suya,  es una letra que sufre de disfunción eréctil tal como lo indica el palito caído que tiene, cosa que no ocurre con la K que exhibe su asta viril no solamente en erótico ángulo, sino también en  romántico y continuo aprismo. ¡Maravilloso! Ahora sí entiendo por qué la fuerza de esta revista digital esta en su nombre. Simboliza el periodismo que desde estas paginas se hace: joven, vigoroso, berraco, arre… Excúseme, me emocioné. De verdad lamento perder la compostura frente a una persona tan decente como usted. Mil trescientas quince disculpas.

 ¿Sabe? Me gusta la forma elegante y delicada como usted plantea las cosas, sin caer en  la bajeza y chabacanería. Yo no podría: fácilmente desemboco en la vulgaridad, como ya pudo constatarlo renglones atrás. A veces pienso que estoy ni mandado hacer para escribir canciones de reggaeton… 

 Realmente me gustó su teoría. El problema es que se me jodió lo que yo tenía escrito sobre el tema. Después de oír su explicación, la mía me parece medio pendejona. Tendría que reescribir totalmente mi artículo a partir de  su brillante idea. Claro, dándole mi toque personal, ajustandola a mi estilo, mejorándola, puliéndola  ¿Qué le pasa, por Dios? ¿Se disgustó? ¿Qué le molestó? Tranquilícese, por supuesto que yo le daría los créditos a su aporte. Por favor no se vaya. Espere, espere. ¡Usted no me puede dejar el puesto botado! ¡Tiene un contrato conmigo! No se me delique….

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