Sin límites

31 de julio del 2011

Basada en la novela contemporánea The Dark Fields (2001) del irlandés Alan Glynn, el director Neil Burger y la guinoista Leslie Dixon llevan a la pantalla gigante la historia sobre un hombre que logra desarrollar capacidades sobrehumanas gracias al consumo de una droga producida por un laboratorio clandestino. Pero, no lo hacen desde la máscara […]

Basada en la novela contemporánea The Dark Fields (2001) del irlandés Alan Glynn, el director Neil Burger y la guinoista Leslie Dixon llevan a la pantalla gigante la historia sobre un hombre que logra desarrollar capacidades sobrehumanas gracias al consumo de una droga producida por un laboratorio clandestino. Pero, no lo hacen desde la máscara típica de apología a las drogas para vivir nuevas experiencias sino desde la Psique de Eddie Morra (Bradley Cooper), quien en menos de un año logra romper los límites del éxito, la memoria —o el olvido—, los miedos y la muerte gracias a la ‘pepita transparente maravilla’.

¿Podría existir alguna sustancia que permitiera tener un 100 por ciento de actividad cerebral? Tal vez esa pregunta jamás atormentó a Morra ni mucho menos en que la respuesta era la clave para sacarlo de la ruina. Al principio hiberna en su apartamento-basurero sin poder escribir media palabra sobre su novela —en la película no se aclara de qué se trata, pero el libro dice que es sobre un cambio progresivo desde los años 30 hasta la consolidación de Sillicon Valley—, no tiene dinero, su novia Lindy (Abbie Cornish) le termina: su vida es un completo desastre. Ni siquiera cuando consumía todo tipo de drogas en los años 80 con su ex esposa Melissa (Anna Friel) y ex cuñado Vernon (Johnny Whitworth) se veía tan desahuciado.

El panorama cambia radicalmente luego de que se encuentra en un calle con Vernon, quien sigue siendo traficante, y de que éste le da una cortesía de la casa de NZT-48 —o MDT 48—. Durante el efecto, la pastilla transparente no solo le permite visualizar posibles escenarios a futuro sino que altera el ritmo de comprensión y movimiento. También tiene contraindicaciones que empiezan a hacerse evidentes en el trascurso de los días: dolores de cabeza intensos, mareos, pérdida de la memoria a corto plazo o desvanecimientos, convulsiones; además lo mete de fondo en la red criminal de tráfico. Morra empieza a escalar vertiginosamente en la bolsa por multiplicar cifras exorbitantes de millones de dólares en horas, logra trabajar para el magnate Carl Van Loon (Robert De Niro), vive los días de forma precipitada sin recordar luego qué fue de él y dónde estuvo en las últimas 78 horas o más, y todo estos sucesos se muestran en secuencias rápidas que dan la sensación de estar metido en una montaña rusa.

En medio de la carrera de pensamientos, lugares y luces los diálogos quedan en un segundo plano, pero aún así la película no deja de ser impactante: la mayoría de situaciones que enfrenta Morran son impredecibles, además tienen inyectada una dosis de paranoia e incertidumbre que hacen olvidar el límite existente entre la realidad y la ficción de la historia. Glynn se basó en las etapas de la tragedia que identificó en The Seven Basic Plots de Christopher Booker y también en Macbeth, El Retrato de Dorian Gray y Lolita para contar la historia de Morran, que son anticipación, sueño, frustración, pesadilla y destrucción. En la película, estas etapas parecen no tener un cierre ni seguir una secuencia temporal. La historia queda abierta.

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Director: Neil Burger
Reparto: Bradley Cooper, Robert De Niro, Anna Friel y Abbie Cornish
Duración: 105 minutos.
Año: 2011

Ver película…

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