Terapia grupal: de las máscaras, mentiras y críticas humanas.

28 de enero del 2013

  En una de nuestras habituales charlas de fin de semana con el Dr. Richardson y después de almorzar un típico ajiaco bogotano, nos dirigimos a la terraza de su apartamento para degustar el infaltable café colombiano, allí este famoso terapeuta me relatò una de sus intervenciones más recientes con un grupo de sus asesorados, […]

En una de nuestras habituales charlas de fin de semana con el Dr. Richardson y después de almorzar un típico ajiaco bogotano, nos dirigimos a la terraza de su apartamento para degustar el infaltable café colombiano, allí este famoso terapeuta me relatò una de sus intervenciones más recientes con un grupo de sus asesorados, por lo que me pareció interesante publicarlo, ya que esta intervención de apoyo grupal podría esclarecer algunos enigmas y preguntas sobre de qué se trata la vida. (Los nombres de los pacientes fueron cambiados para preservar su anonimato) 

Dr. Richardson: En esta charla terapéutica grupal, les doy la bienvenida a todos ustedes, hoy hablaremos sobre el desarrollo y la superación personal, los deseos reprimidos en el ser humano, su naturaleza, el instinto de supervivencia a través de las máscaras y mentiras que día a día decimos. Por ejemplo usted Luisa  ¿realmente se considera tímida?

Luisa: La mayoría del tiempo. Cuando expongo una idea frente a mis compañeros de trabajo, siento la cabeza caliente, y las ideas se me borran. Respiro con dificultad, sudo mucho, y a veces quisiera que me tragara la tierra.

D.R: Pero viene a un curso de hipnosis para ser hipología, y es fundamental romper entonces con toda esa timidez ¿Reconoce la represión que maneja en realidad? Es decir, usted no es la persona que cree o demuestra ser, su deseo es ser libre, la timidez es tan solo un arma, para controlar su mundo y a los demás.

Luisa: No lo había visto nunca de ese modo.

D. R: En la cotidianidad usamos una cantidad de máscaras para disimular lo que realmente somos, y elaboramos consciente o inconscientemente guiones, actuando como artistas, con la diferencia que es la realidad de nuestras vidas y no una telenovela de entretenimiento público. Para probarlo vamos hacer el siguiente ejercicio, cada uno de ustedes me va a decir las cosas que odia de las actitudes de los demás, necesito que sea de corazón y honestamente. Empecemos por usted Pablo …

Pablo: La hipocresía, deshonestidad y contrariedad.

Luisa: La infidelidad y mediocridad.

Antonio: La trampa, la prepotencia y la vulgaridad.

Milagros: La mentira, indiferencia y el orgullo.

Rosario: La injusticia, la violencia y la sexualidad libertina.

D. R: Lo que acaban de hacer, es una proyección interna de ustedes mismos llamada: deseos reprimidos. Acaban de confesar en voz alta, ante un público, lo que no les gusta, pero en realidad cada uno de ustedes tiene esos defectos, y tratan de ocultarlo por medio del señalamiento hacia el otro. Esta acción se llama: mecanismo del deseo reprimido, estudiado por el médico psiquiatra: Carl Jung, que en mi concepto superó a su colega: Sigmund Freud, en la profundidad de sus investigaciones, en torno al alma humana.

Somos personas disfrazadas de lo que más rechazamos y así polarizamos nuestras fuerzas. La persona que no se habla así misma, mucho menos se conoce, y termina proyectando en los otros como en un gran televisor, lo que no quiere oír desde su interior. Si estuviera tranquilo consigo mismo, no habría la necesidad de detestar o envidiar algo de los demás, porque las personas no son para juzgar. Nadie puede criticar a alguien igualmente defectuoso a él, eso se le deja a la ley de cada nación, la cual a través de un proceso, llega absolver y condenar, los delitos cometidos por los ciudadanos.

Pablo: Dr. Richardson yo me considero honesto en las cosas que digo y hago en mi vida.

D. R: Eso es lo que usted cree, pero no es así. El que inocentemente peca, inocentemente se condena. ¿Quién le dijo a usted Pablo, que era honesto? ¿Usted mismo o otras personas? Luisa usted expresó que odiaba la infidelidad porque es infiel. Corríjame si me equivoco.

Luisa: (Sonrojada) Pues sí, soy infiel, pero le he sido fiel a mi esposo como él lo ha sido conmigo, al hacerlo me he sentido bien como cobrando algo que se me debía.

D. R: Felicitaciones Luisa, al reconocerlo, se está dando la oportunidad de sanar. El problema había sido que odiando en otros lo que nosotros consideramos defectos, se es libre de culpa, pero les quiero decir que todos son unos hipócritas, injustos y vengativos. Es importante descubrir cómo somos realmente, porque ustedes pensaron que al desahogarse en lo negativo, iba a reflejarse su lado bueno, pero lo bueno también tiene mentiras. Ahora van hacer lo contrario, van a decir lo que les gusta a cada uno de sí mismo, solo así lograrán identificar, todo aquello que es un disfraz en sus vidas. ¿Qué le gusta a usted Rosario?

Rosario: No sé qué decir ahora, tengo en este momento, muchas ideas en mi mente.

D. R: ¿Se dan cuenta? Cuando les dije que sus respuestas podían ser disfrazadas, no las dicen.

Rosario: Dr. Richardson, es difícil aceptar la crítica y mucho más la autocrítica.

D. R: Esta terapia es una especie de espejo, que los ha hecho despertar y reflexionar sobre lo plano de los conceptos de cada uno, y de la fragilidad de los mismos. No los estoy criticando, nadie aquí presente tiene la autoridad moral para criticar, solamente quiero que se vean tal y como son.

Milagros: ¿Cuándo uno sufre tiene derecho a exigir justicia o a criticar?

D. R: Usted tiene derecho a saber para que está el sufrimiento en la vida, y si el grupo lo entiende, sabrán que es a causa de ustedes mismos, y no del poder gubernamental, religioso o de alguien en particular. El dolor ocurre, pero el sufrimiento se elige, unas veces necesariamente y muchas veces innecesariamente.

Cuando nosotros ciframos la vida exteriormente, es decir en una total desarmonía interior, y no se tiene la capacidad de aceptar una crítica, ni de vernos o conocernos, es a causa de la inmadurez que instintivamente conduce a culpar a los demás, de todas nuestras desgracias. No existen personas culpables de los desaciertos e infortunios de la vida, sino por el contrario una actitud inmadura ante la existencia.

Antonio: En mi caso si existen culpables, mi tío me estafó cuando era pequeño, y en otras oportunidades tiempo después. Le deje una finca y me estafo, es un tramposo ¿es acaso culpa mía este comportamiento en el?

D. R: Claro que es culpa suya, en gran parte. Cuando usted era un niño, su tío logró estafarlo, pero posteriormente no creció, siguió en su rol de infante, se volvió pusilánime y varias veces se dejó hacer trampa de un estafador de su propia familia.

Antonio: Dr. Richardson ¿no se supone que debemos perdonar a todo aquel que nos haga daño de alguna manera?

D. R: Si, así es, pero lo más importante es recordar, que al perdonar a una persona no se la cambia, nadie cambia a nadie, solamente cada individuo puede evolucionar por si mismo. Un ejemplo concreto de esto son las parejas: sueñan con cambiar al otro y por ley natural es imposible. De modo que debemos perdonar, sin esperar ningún resultado y no hacerlo por el otro, sino por nuestra propia salud mental.

Pablo: ¿Qué sucede en los casos de la autohipnosis e hipnoterapia, Dr. Richardson?

D. R: Por favor Pablo, no desvié la conversación, más adelante se lo explicaré, por ahora seguiré centrado en lo que quería expresarles. La base de la ley natural consiste, en que nadie puede cambiar al otro, ni Dios porque nos dio libre albedrío. Ahora bien, se puede fingir cambiar por los demás, demostrar la capacidad de adaptabilidad a los deseos del otro, pero si no existe un verdadero cambio producido desde el interior de cada uno, se convierten en mentirosos e hipócritas, continuando el engaño, a sí mismos y a las personas.

Esta situación se presenta común y tristemente en las parejas, se despersonalizan para llegar a ser lo que la otra persona anhela ¿qué sacan de todo este montaje? Es complejo entender que en el fondo lo que uno más repudia, es lo que uno mismo es, y una relación tiene que empezar antes que novios como amigos, logrando ambos ser más sinceros. Si existe una relación, es porque hay atracción, amor y respeto, pero si se disfraza el amor con máscaras, se rompe la esencia. Cuando hay verdadero amor, hasta lo más pervertido puede transformarse y superarse, el cambio empieza en uno, y se realiza en el otro.

A menudo escucho en las parejas: “mi marido es borracho, violento, adicto al trabajo, mujeriego y adicto, en cambio yo soy una esposa muy tranquila, de casa a dura penas tomo café o té, y no trasnocho”, entonces yo le preguntó a esa virtuosa esposa ¿Por qué escogió a un borracho, violento y adicto? Sencillamente porque es igual a él, en su parte polarizada, ganándole solamente en su soberbia, pues intenta cambiar como si fuera Dios, a ese esposo, que siempre ha sido así.

En realidad no hay conflictos, uno mismo escoge su conflicto, debido a que estos están en cada uno. Siempre resultará más cómodo decir: “el desgraciado es él o ella”. Es imposible pedirle peras al olmo, y si hoy sembramos limones, no esperemos comer piña. Lo primero que cada uno tiene que hacer, es empezar a ver su propia naturaleza, con los defectos y cualidades, entendiendo que cuando señalo a otra persona, tres dedos de los míos me señalan a mí. Por lo tanto la esencia, será conocerse a uno mismo.

@armandomarti1 – Miembro de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) y Miembro de la ACP (Asociación Colombiana de Periodistas)

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