Todo lo bueno que nos trajo el gobierno Santos

Foto: Wikimedia

Todo lo bueno que nos trajo el gobierno Santos

11 de noviembre del 2017

No ando viajando, estoy en mi casa pensando que estos casi ocho años de frustración teniendo semejante figura (qué deterioro para la sociedad, pienso) como presidente ya casi culminan. Por eso hoy mi artículo no es sobre turismo sino política colombiana, porque ando en casa, aburrida.

La verdad es que los colombianos a veces somos muy fatalistas, y se nos olvida con frecuencia que después de la tempestad, llega la calma; después de los dolorosos, los gozosos y después de la “paz”… no, no, eso no llegó, ni llegará con Santos. Ya pues, vivamos con eso.

Sin embargo, hay que reconocer que el gobierno Santos nos trajo cosas positivas, por ejemplo: Uribe fue el mejor presidente de la historia de Colombia cuando Santos empezó su gobierno; ocho años después, lo sigue siendo. ¡Gracias, Santos! Nos permites recordar todos los días que Uribe es grande.

Que Uribe tuvo sus errores, sí, porque no se puede satisfacer a todo el mundo ni hacer feliz a un país tan polarizado. Respetó las instituciones y la separación de poderes (no ese arroz con mango que tiene Santos hoy); con Uribe, cuando las Cortes dijeron no, fue no. Sin embargo, con Santos hoy las Cortes son la cuarta cámara del congreso.

Uribe nos devolvió seguridad en las calles y la democrática, estabilidad económica, extraditó a la mitad de los bandidos colombianos y les dio de baja a la mitad de los jefes de las Farc. ¡Mucha bestia ese Uribe!
No me asombra que lo llamen Uribestia, se lo ganó.

A quién sea que se haya inventado el adjetivo calificativo, debo decirle, se quedó corto. Bajo estas referencias, Uribe no es una bestia, ¡es un monstruo! Como lo define la Real Academia de la Lengua Española, cito: “ser fantástico que cause espanto”. Y espanto si que ha causado, porque además de esa micro administración tan espantosa, empoderó aterradoramente a nuestros militares con honor devolviéndoles ese respeto social por su tan devoto servicio; pero, además, tiene ‘cagados’ del susto a los líderes de las Farc aún después de la “paz” … ya se sabe, cosas que pasan per secula, seculorum.

Además, con Santos en la presidencia después de Uribe, se afinó el concepto de una gran mayoría de colombianos, aquellos que nunca encajaron en la definición de Uribestias, y que hoy piden a gritos un gobierno Uribestia, oops, de esos que se encuentran SOLO en el Centro Democrático. ¡Gracias, Santos! ¡Gracias!

Santos nos enseñó por quién NO votar. Por eso, Juan Carlos Pinzón, después de la respuesta que le dio ayer a un periodista quién le preguntó sobre la desaparición de un funcionario público de Córdoba y cínicamente respondió: “no sé de qué está hablando”, me recordó el “me acabo de enterar” de Santos.

Así que todo lo que se relacione con Santos o actúe como Santos, no va; i.e., Barreras, Claudia Nayibe, Benedetti, Timo, Pinzón, Petro, Vargas Lleras, Fajardo, entre otros. La referencia está ahí para siempre: “un gobierno como el de Santos igual a corrupción, despilfarro, malversación, robo, polución, hipocresía, falta de honorabilidad, etc. Por eso, no todo es negativo, Santos nos recuerda: para atrás ni para coger impulso.

Con Santos aprendimos que no queremos primeras damas bonitas sino inteligentes, o bonitas e inteligentes como doña Lina. Que no anden de botaratas satisfaciendo sus excentricidades personales a costilla de caudal público. De esas mujeres colombianas que prefieren gastarse el dinero en la infancia que, en cortinas, almendras, vestidos; pero no, las bestias somos nosotros.

Santos nos enseñó a los colombianos y al resto del mundo que todo en la vida tiene un precio y que las instituciones, organizaciones, agencias, y los premios son corrompibles. Alfred Nobel (Q.E.P.D) debe estarse revolcando en su tumba gracias a la “gestión” de Santos. Pero Santos nos enseñará que los premios Nobel después de dados, se quitan.

Estoy segura de que la historia le va a regresar la moralidad al Premio Nobel en algún momento. Santos será la primera vez en la historia de la humanidad que le quitan el Nobel a alguien.

Finalmente, con Santos en la presidencia he decidido aceptar con honor el calificativo que mis conocidos de izquierda me digan: Uribestia. Porque definitivamente preferible ser una bestia que un farsante.

Aquí les analizo otro adjetivo, Uri-monstruo: “persona que en cualquier actividad excede en mucho las cualidades y aptitudes comunes.”

Hoy desde mi casa, mañana desde Los Ángeles, California.

@donajodona, la Uribestia.

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