TODO POR UN BALÓN

5 de abril del 2011

TODO POR UN BALÓN

Se proyecta en estos días en los teatros nacionales la cinta Los Colores de la montaña, del realizador antioqueño Carlos Arbeláez. Quiero inaugurar este blog, compartiendo algunos asuntos a propósito de ella:
Digamos que, a primera vista, la historia parece plana, demasiado simplista. Unos chicos campesinos disfrutando del fútbol en una improvisada canchita, mientras en su territorio, los grupos armados cobran presencia. Parece pues un asunto anodino. Una trama miu sencilla a la que no debería gastársele tiempo ni recursos. Pero poco a poco cuando el espectador va involucrándose en ella, cae en cuenta de pronto que no siempre lo simple es fácil o superfluo. Recordé por ejemplo los Niños de Cielo, esa bella cinta iraní que deja toda la trama, la historia, atada a unos maltrechos zapatos. Muy poco a los ojos de los adultos; todo a los ojos o al corazón de los niños.
Esta película por momentos conmueve. Un poco por la historia que habla en una vez más de la sinrazón de la guerra colombiana. Es interesante que empiecen a aflorar, o siguieran aflorando, esas voces de denuncia acerca de un horror que no podemos volver a vivir en Colombia.
Pensé mucho en los niños de Colombia asistentes a una guerra que muchos no entienden. Y creo que el gran acierto de esta cinta es que no trata de brindar explicaciones ni de profundizar en las razones y las situaciones de la guerra. Simplemente se pone en los zapatos de un niño inmerso en el conflicto y muestra la cotidianidad. De un niño que vive en una vereda colombiana con muchos otros niños que se van esfumando de la lista de asistentes a la escuelita veredal.
La cinta no intenta dejar moralismos sobre lo que somos. En ella aparecen al fondo los grupos armados por un lado; no se puede esconder la realidad. También está el padre de familia casi ejemplar ante su hijo, que termina golpeando a su esposa, cuando ella simplemente quiso reprender a su hijo por una falta cometida.
Cautivante también es pues su interesante punto de vista. Sentí cercana esta historia porque grafica la tristeza de los niños desde el hecho de no poder jugar fútbol pues su balón cayó a un campo minado. Balón protagonista éste que causa tantas felicidades en una tarde de domingo pero también puede significar tantas tristezas de no tenerlo.
Y creo que es uno de los aciertos del realizador Arbeláez: mostrar la realidad de nuestro conflicto pero haciendo hincapié en un asunto que no es tan superfluo como se cree. Bien se ha dicho que el fútbol es el asunto más importante de los menos importantes de la vida. Pero para unos chicos en una zona olvidada de Colombia, el fútbol lo puede ser casi todo en medio de una realidad que de pronto no entienden: mientras los armados pasan cerca de sus zonas, para ellos lo trascendente verdaderamente es el tema del fútbol y por eso se muestran dispuestos a jugárselo prácticamente todo por recuperar su balón.
El fútbol tan presente en nuestra cotidianidad grafica, ayuda a explicar desde una óptica diferente un conflicto social y armado (que para algunos no existe) tan analizado por expertos que hacen comentarios sesudos. Aquí simplemente el espectador se conduele con unos chicos Manuel, Julián, “Poca Luz”, que arriesgan su vida casi por volver a tener el objeto del deseo. Todo por un balón. Suena extraño. Pero es real: en muchos espacios el Futbol es la única posibilidad de sentirnos parte de algo y de darle trascendencia a unas vidas.
Esta es una cinta casi obligada para los amantes del fútbol. Sincera, entretenida, irónica, demasiado humana, nos brinda elementos para entender los significados de este deporte en el alma colectiva de los colombianos.

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