Un mundo audaz, pero amable

Mié, 10/10/2018 - 05:40
Vivimos en una sociedad afanada, inmediata y que evoluciona a una altísima velocidad. Cada amanecer viene cargado de novedades y lo que ayer fue el boom, hoy es obsoleto. Estar a la vanguardia se ha
Vivimos en una sociedad afanada, inmediata y que evoluciona a una altísima velocidad. Cada amanecer viene cargado de novedades y lo que ayer fue el boom, hoy es obsoleto. Estar a la vanguardia se ha convertido en un reto permanente, que muchas veces se transforma en frustración, porque no todos los seres humanos tienen la misma capacidad de adaptación y entendimiento. Por el contrario, para otros subsistir bajo esos parámetros de rapidez es la vida misma. Décadas atrás quienes poblaban la tierra anhelaban un techo y un trabajo estable que proporcionara alimento y tal vez algo de estudio. Leer y escribir era un lujo; y quien tenía habilidades para los números era considerado un genio. ¿Qué pensarían hoy? Niños se pavonean por las calles con sus teléfonos móviles; adolescentes de 16 años hablan hasta tres idiomas y el ejecutivo promedio debe tener por lo menos un máster hecho en el exterior para ser considerado apto a ocupar un cargo medio. ¡Qué mundo tan exigente! Y la realidad es que no existe la mínima posibilidad de detenerlo. Todo lo contrario, cada vez será más devastador y despiadado con aquellos que no vayan al mismo ritmo. Y es esta la razón fundamental por la que nos hemos enfocado los últimos 30 años en desarrollar estrategias que conserven la humanidad de las personas; que estimulen el aprendizaje sin apabullar la conciencia; que provean felicidad y plenitud por las pequeñas cosas y no sólo por  los grandes negocios y cifras incalculables; que permitan vivir en armonía con nosotros mismos y con quienes nos rodean. Es innegable que como parte de este mundo debemos participar de él y de sus exigencias; pero eso no nos quita la responsabilidad de ser buenas personas, padres, amigos, hijos, empleados, aprendices; ser verdaderos líderes capaces de transformar la propia vida y la de otros sin importar la condición social, la capacidad adquisitiva, la raza, la nacionalidad, el nivel de educación. Nada importa a la hora de actuar correctamente. Lo invitamos a ser parte de este proceso transformador, en el que solo se requiere voluntad de cambio y mejoramiento. En la medida en seamos mejores personas, tendremos mejores países y por supuesto un mundo mucho, pero mucho más justo. Mario G. Valdivieso C.
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