Un orgullo patrio que volvió

9 de abril del 2011

Colombia, tan afectada por su conflicto interno, es un país que ha olvidado muchas de sus virtudes. Y el cine colombiano lo demuestra cada vez que puede con películas centradas,  básicamente, en los dilemas del narcotráfico, la guerrilla, la pobreza y la corrupción. Y aunque, en algún sentido, estoy de acuerdo en que el cine colombiano tiene que reflejar la situación de un país tan agobiado como el nuestro (como lo dijo el director Carlos Gaviria la semana pasada en el festival de cine de Chicago), es importante no dejar atrás esas hermosas cualidades que nos hacen colombianos y que tanto reconocimiento nos han dado en el pasado. Por eso cuando vi Lecciones para un Beso del director colombiano Juan Pablo Bustamante, sentí un orgullo que había desaparecido hace años por el cine nacional.

Una película que se centra en el primer amor de un niño, en el sueño de una madre soltera y en un grupo de amigos tan colombiano como el vallenato mismo, hace recordar que acá no solo viven guerrilleros, paramilitares, políticos corruptos y narcotraficantes, sino que nuestro país está lleno de soñadores, románticos, donjuanes, amigos y vecinos de quienes también vale la pena hablar. Y no es que Lecciones para un Beso sea una película perfecta ni mucho menos (tiene problemas en los diálogos, en ciertas actuaciones se pierde la conexión con la audiencia y la historia es una que no desarrolló todo del todo su potencial) pero al menos Bustamante se arriesgó y rompió el molde. Mostró a la Cartagena romántica y no la que está llena de pobreza y sufrimiento; decidió mostrar a un niño enamorado de su vecina en vez del horror del niño obligado a cargar un fusil; mostró tres hombres tratando de conquistar mujeres en vez de tres hombres tratando de “coronar” un cargamento de cocaína. Yo entiendo esa es la realidad en el país, pero lo que hay que entender es que no es la única. Y eso es lo que hace a Lecciones para un Beso una película que vale la pena ver y que vale la pena resaltar. Por eso, quisiera aprovechar este espacio para felicitar a su director y guionista y llamar a los nuevos talentos del séptimo arte nacional a que se arriesguen a contar historias de la Colombia romántica y mágica que alguna vez vió mariposas amarillas revolotear, una noche toda llena de perfumes y música de alas y una casa en el aire con nubes blancas que decía “La Luz”.

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