Un Papa; Non Sanctus…

14 de marzo del 2013

A la Dictadura: “No aceptamos que en nombre de los valores cristianos y de la pacificación se erijan en salvaguardas de la nación, actuando en contradicción con el principio ético de San Pablo: ‘El Fin no justicia los medios’. Ni olvidándose de cada hombre conserva la dignidad de Hijo de Dios, creado a su Imagen y Semejanza y redimido por Cristo.”

Madres de Plaza de Mayo
Mayo/1977

Jorge Mario Bergoglio, aclamado hace tan solo unas breves horas como el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no es –como- primera referencia, un hombre de santidad si es que acuñamos esta palabra a la que damos a quienes quizás creemos que son “santos”. Mucho comienza a escribirse de quien figurará para la historia como el primer papa latinoamericano, pero no por ello, deberíamos creer que es un latinoamericanista y defensor de esta identidad, que cada vez cobra mayor fuerza en una región donde este construcción contiene una fuerte connotación política y cultural. ¿Qué papel jugará éste, en estos nuevos tiempos de construcción de soberanía política? Ya veremos!

Por lo pronto, debemos decir que Bergoglio o Francisco, –como quieran- es un hombre eminentemente político, así que quienes esperan de este papa un pastor, les advierto que lejos de ello está el flamante papa. Largo es su recorrido como oficiador de una política conservadora y retrograda y que en los últimos años lo enfrentó a los gobiernos de los Kirchner, justamente cuando se trataron derechos sociales y colectivos como el que tenía que ver con el matrimonio igualitario o su férrea oposición al tema del aborto, -que no es exclusiva a su persona, sino que es oposición directa según los lineamientos políticos descendentes de toda la Iglesia-finalmente se le recordará también a Bergoglio jugando un rol fundamental junto a quienes impulsaron el lockout patronal de 2008. Sin embargo a su S.S. Francisco o Francisco I, no comenzamos a referenciarlo por estas actuaciones a partir de su designación como papa sino antes de que el cónclave decidiera su postulación. Y es la que tiene que ver con su pasado, que para efectos de la memoria histórica es necesario reconstruir.

Quizás quien más ha escrito e investigado sobre el ex – arzobispo de Buenos Aires ha sido el periodista argentino Horacio Verbitsky, quien publicó en 2006 su libro: El Silencio; quien trata justamente del vínculo del mencionado cardenal con el secuestro y desaparición de los sacerdotes –también jesuitas- Orlando Yorio y Francisco Jalics en mayo de 1976, sacerdotes que desempañaban su labor en villas miseria de esta ciudad y que en un época lamentable de nuestra historia como latinoamericanos se los vincula maliciosamente en uno de los bandos enfrentados, -según, se nos hizo creer con la teoría de los dos demonios que llevó a la represión Estatal, a escribir los más nefastos capítulos de la historia reciente de nuestro empobrecido continente.- sacerdotes vinculados a los padres del tercer mundo y que bajo esa sospecha fueron detenidos y desaparecidos; la vinculación de Bergoglio a estos hechos se vincula a su relación con estos sacerdotes cuando éste oficiaba de ‘provincial’ de la compañía de Jesús entre 1973 y 1979 y aunque los torturados aparecerían cinco meses después, los implicados en este secuestro contribuirían a vincularlo en la causa judicial por delitos de lesa humanidad y que se conoce como MegaCausa ESMA ( por el centro clandestino de detención que lleva su nombre en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada) y quien sería llamado a declarar como testigo, aunque no tenga ninguna imputación formalmente declarada. En este sentido, algunos miembros de familiares de víctimas de desaparecidos, ven la postulación -por parte del cónclave  como Sumo Pontífice como una forma de blanquear a un testigo –si no cómplice- de genocidio; pero que tampoco deja de cuestionarse por la relación al caso de los mencionados sacerdotes desaparecidos, sino que trasciende también a los más de 30.000 detenidos y desaparecidos –que nunca volvieron físicamente-. Lo que quiere decir que la denuncia moral que se le cuestiona no solo al nuevo pontífice, sino a toda una estructura eclesial mucha más profunda, cuando en su momento guardó silencio ante estos vejámenes de la humanidad.

El llamado a silencio y a la impunidad por parte de la Iglesia, no sólo se selló por parte del Vaticano en ese recordado 4 de Enero de 1980, cuando el nuncio apostólico, Pio Lagui hizo el llamado: “a una mayor reconciliación” entendiendo que para ese momento, esas palabras justificaban el accionar de la Junta Militar ante las crecientes denuncias de familiares de víctimas y que fundamentalmente invisibilizaba el reclamo de las Madres de desaparecidos, que a partir de ese momento trascendían las fronteras mundiales cuando su dolor se hizo lucha. Ahí emergía mundialmente el ya organizado movimiento de Madres de Plaza de Mayo de Abril de 1977 y que desde antes del llamado del nuncio ya habían -cómo buenas cristianas- tocado una y mil veces las puertas del episcopado católico argentino. Las mismas veces que éstas nunca les atendieron y las dejaron a su libre destino, destino de terror que desapareció a tres de esas madres.
Así que lo que encarnamos aquí, no es la actuación de un solo hombre: el flamante Papa, pero sí, de uno que como muchos hombres formó parte de esta estructura, que omitió silencio. Y omitir es sin duda ser parte activa de una complicidad que se hizo carne, con la desaparición y tortura de los jesuitas mencionados, así como de otros tantos hombres de fé, que en su momento también fueron víctimas del genocidio.

Por supuesto, este no fue el caso de Bergoglio.

Sin embargo como ya lo había mencionado inicialmente, habrá mucho por escribirse de este nuevo papa, y de este viejo hombre que tiene tras sí un pasado, Non Sanctus. Ojalá esas páginas que se escriban contribuyan a un único e histórico reclamo de justicia. Y por supuesto; de Memoria.

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