Víctor Manuel Gómez Rodríguez

24 de diciembre del 2010

Es sabido que las profundidades del barrio de Teusaquillo están pobladas de secretos, maravillas, y rarezas. Ya todos hemos oído hablar de los tantos científicos locos, parapsicólogos y novelistas anónimos que por ahí merodean, pero muy poco se ha dicho, pues los que lo saben niegan saberlo, del filósofo de Teusaquillo, Víctor Manuel Gómez Rodríguez, […]

Víctor Manuel Gómez Rodríguez

Es sabido que las profundidades del barrio de Teusaquillo están pobladas de secretos, maravillas, y rarezas. Ya todos hemos oído hablar de los tantos científicos locos, parapsicólogos y novelistas anónimos que por ahí merodean, pero muy poco se ha dicho, pues los que lo saben niegan saberlo, del filósofo de Teusaquillo, Víctor Manuel Gómez Rodríguez, fundador del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal.

Pocas noticias se tienen de su vida antes de su iluminación gnóstica, además de que participó en muchos de los círculos teosóficos y rosacruces que pululaban, sin ser notados, en la Bogotá anterior al bogotazo. Allí conoció y estudió en compañía de otros iniciados la obra de Madame Blavatsky, George Gurdjieff y P. D. Ouspensky, creadores de la Cuarta Vía del conocimiento teúrgico del mundo y de la transformación del ser. Después se sabe que estuvo paseando, más como vagabundo que como viajero, por el territorio nacional, y que vivió una temporada larga con los indios de la Sierra Nevada, de quienes aprendió lo que después habría de convertirse en su Tratado de medicina oculta y mágica práctica. También se sabe que conoció y desposó a la bogotana Arnolda Garro Mora, más conocida como la Gran Maestra Litelantes en los círculos rosacruces de Palermo y La Merced, quien lo inició en el camino de los Estados de Jinas, o en la introducción del cuerpo en la cuarta dimensión.

Pero a los pocos años Víctor Manuel tuvo un encuentro que habría de marcarlo incluso más que el de su esposa, el 27 de Octubre de 1954, día en que Samael el Genio de Marte encarnó para siempre en él. Desde entonces nuestro filósofo de Teusaquillo pasó a llamarse Samael Aun Weor Maitreya Buda el Avatar Kalki de la Nueva Era de Acuario, para sus amigos Samael a secas. Y la fecha de ese fatídico suceso eso pasó a llamarse el Advenimiento de Samael, y se celebra aún hoy en todos los lumisiales gnósticos.

Pero es el destino de todo profeta el de no ser comprendido por sus pares, y así Samael, aunque dictó insistentes conferencias sobre el Gran Arcano o la práctica de la Magia Sexual, se vio prontamente inmiscuido en más de un peludo asunto. El primero de ellos fue la riña con la organización rosacruz de Cundinamarca, de cuyas opiniones divergía. El segundo, bastante más concreto, fue su captura y posterior encarcelamiento en La Picota por parte de la policía, con el cargo de practicar medicina sin licencia. La acusación, con impecable ironía, decía: “Este señor, además de cometer el delito de curar a los enfermos, es también autor de un libro titulado El matrimonio perfecto, el cual es un atentado contra la moral pública y las buenas costumbres de los ciudadanos”.

Entonces, una vez libre, Samael Aun Weor se muda a México, país en el que vivió en resto de su vida y del que se hizo ciudadano. En Guadalajara, en 1976, reunidos todos sus seguidores, que ya eran varios, convocó el Primer Congreso Góstico Universal, que contó con la presencia del conocido Maestro Luxemil, gnóstico argentino, el famoso Swami Sivananda, y el archiconocido Mario Moreno “Cantinflas”.   En su discurso prometió renunciar a todos los derechos de sus libros, que ya eran más de sesenta, con el fin de que fueran asequibles para los más pobres, y fundó la AGLA, Asociación Gnóstica Libertadora de Amerindia en colaboración con los célebres participantes del congreso.

Al año siguiente, sin embargo, Samael Aun Weor murió de un cáncer de estómago, y el Movimiento Gnóstico, aunque no así sus enseñanzas, empezó el acelerado camino de la disgregación.

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