Liliana Bitar Castilla

Cordobesa. Senadora del Partido Conservador. Vicepresidenta de Comisión Tercera Senado. Economista, especialista en Gerencia. Más de 24 años trabajando en el sector público. Sus principales preocupaciones son el impulso del emprendimiento, así como el empoderamiento económico de la mujer.

Liliana Bitar Castilla

¡Basta ya! Los feminicidios de Valentina y María Camila no serán una estadística más

Jamás debió haber espacio para la indiferencia ni mucho menos para simplemente agregar un número más a las estadísticas anuales o a los balances nacionales de violencia en contra de las mujeres. La sociedad colombiana está agotada por este tipo de hechos, pero más que nada está inconforme y molesta por la impunidad. Impunidad que, irónicamente, garantiza lo opuesto a aquello para lo que existe el Estado y su administración de justicia: prevenir y evitar que se repitan estas tragedias. 

Debo aclarar que no se trata de culpar a las autoridades judiciales o de policía. La infinita mayoría de sus miembros hacen un trabajo comprometido por la justicia y por proteger a los ciudadanos y eso tenemos que reconocerlo. Incluso, lo hacen día tras día pese a sus limitaciones de recursos, personal y herramientas. Sin embargo, existen errores, no pocos, que suceden en todas las órbitas de la institucionalidad colombiana y estos errores se desencadenan en tragedias. Allí es donde las cosas deben cambiar.

Hoy, ante las atrocidades y la barbarie que reflejan los hechos recién ocurridos como el feminicidio de la joven DJ Valentina Trespalacios de tan solo 21 años de edad, el país le clama nuevamente a sus autoridades la tan anhelada justicia. Ni qué decir del aberrante caso de agresión sexual y posterior asesinato a puñaladas de una niña indefensa de tan solo 10 años, María Camila Q.E.P.D., en el municipio de Pitalito, Huila. Esta tragedia sucedió luego de que la pequeña se opusiera a una violación por parte de un individuo salido de prisión dos días antes, quien -para colmo de males- tan solo pagó 16 meses de cárcel por un acto sexual violento. 

Si bien acompaño de forma decidida este clamor de justicia, debo enfatizar en que no podemos quedarnos simplemente en una condena a prisión, por ejemplar que esta parezca. Si lo pensamos bien esto no está solucionando el problema de fondo. La clave, creo yo, está en un sistema armonizado de herramientas que inicia en la prevención, a través de la educación, de la atención a alertas tempranas, a las redes de apoyo que ya existen hoy para auxiliar a las mujeres, para asesorarlas, aconsejarlas, acompañarlas, protegerlas y -de ser necesario- rescatarlas antes de que ocurran estos hechos.

¿Vamos a dejar que se vuelva costumbre la violencia contra la mujer?

Lamentablemente debo decir que lo que se nos ha vuelto costumbre es que la sociedad reacciona solo cuando ocurren estas tragedias, pero me preocupa que cada vez reacciona con menos sensibilidad. Así que en medio del dolor que nos causan estas noticias, tenemos una nueva oportunidad de pensar en qué clase de justicia queremos, qué alcances debe tener, cómo mejorarla en la práctica, en qué enfatizar y priorizar dentro de las reformas y, en últimas, saber, entender y actuar en consecuencia frente a aquello en lo que estamos fallando como sociedad y que permite que surjan seres humanos capaces de lastimar a una niña indefensa o asesinar a una mujer.

Por otra parte, los testimonios de las mujeres sobrevivientes de agresiones sexuales o violencia física y psicológica coinciden, en su mayoría, en haber ignorado ellas mismas los rasgos, comportamientos o reacciones que en un inicio pudieron verse como insignificantes. Por supuesto, jamás se tratará de achacarle la responsabilidad a las mismas víctimas de violencia sicológica, agresiones físicas y eventos amenazantes que en muchas ocasiones se vuelven cada vez más reiterativos e intensos. Al contrario, se trata de que como sociedad encontremos el camino para detener estos comportamientos violentos en muchos hombres y que creemos una red efectiva de apoyo que les dé las herramientas a las mujeres para salir a tiempo de estos círculos de violencia, perder el miedo y salvar sus vidas. 

Si queremos buscar fórmulas para prevenir los eventos de violencia contra la mujer en las generaciones actuales y futuras, tenemos que tomar conciencia de la importancia de ver, estudiar y referirnos a cada uno de los feminicidios ocurridos con el rostro y el nombre de cada víctima. Ellas, al igual que todos nosotros, también tuvieron un pasado y, lo que es más lamentable, tenían un futuro para el que ya no hay cabida ni oportunidad.

Mujeres, jamás debemos permitir que la violencia contra nosotras se vuelva una estadística. Somos nosotras mismas las llamadas a rodearnos con fuerza, apoyarnos para perder el miedo, acompañarnos en la denuncia, prepararnos en la defensa y clamar a una sola voz que no dejaremos que sigan acabando con la vida de nuestras niñas y mujeres. ¡No más!.

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Liliana Bitar Castilla
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