Bogotá hacia la nueva normalidad

Publicado por: maria.vargas el Lun, 25/05/2020 - 12:38
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Por: Gloria Díaz.
Gloria Díaz

Hoy más que nunca los habitantes del mundo podemos vislumbrar que ha iniciado un proceso de renovación que nos está afectando en todo los espectros de nuestras vidas, desde lo individual hasta lo colectivo. La pandemia del Covid-19 ha traído consigo efectos que han desbordado a todas las ciudades, convirtiéndolas en lugares de constante cambio y necesaria reinvención en todos sus aspectos. 

Cada uno de los sectores de la sociedad es participe de una disrupción inigualable que desde la segunda guerra mundial no se percibía y que, para bien o para mal, está construyendo a pasos agigantados una nueva “normalidad” que debemos aceptar lo más rápido posible para adaptarnos a ella. 

La dinámica generada por el Covid-19 ha traído consigo tres problemas, todos difíciles de asimilar y que en conjunto son sumamente retadores para cualquier sociedad. Por un lado, el tedioso aislamiento social, por otro, la nefasta caída de la economía, y finalmente, el manejo sanitario de una pandemia. Si bien los dos primeros han sido situaciones ya vividas en contextos de guerra y desastres naturales, su gestión dentro de una emergencia sanitaria de este nivel es un nuevo escenario que ha demandado un proceso de adaptación sin precedentes.

Sin embargo, el gran problema radica en que a pesar de la existencia de estrategias de choque en estos tres frentes, su implementación en conjunto se contrapone una a otra, causando interminables dilemas sobre en qué orden de prioridades establecer su atención y debida gestión. Poner la mirada sobre el sistema de atención médica exige el aislamiento social de los ciudadanos, lo cual implica políticas de distanciamiento y, por ende, la disminución del consumo de bienes y servicios. Por otro lado, el prestar especial atención al sector empresarial implica entre otros, reducir los salarios y beneficios, lo que termina por deteriorar el bolsillo de los hogares y, seguramente, poner en mayor riesgo de exposición al contagio a las personas que comienzan a moverse libremente por las ciudades a medida que ceden las medidas de distanciamiento con el propósito de reactivar la economía. Y finalmente, el costo fiscal producido por políticas de crédito y subsidios, indudablemente aumenta el recaudo impositivo, lo que también impacta en el crecimiento del sector privado.  

Si bien el manejo de estas estrategias recae en los líderes y gobiernos de turno, no se puede desconocer que son los individuos de a pie, aquellos que no hacen parte de organismos que toman decisiones de fondo, quienes han visto como esta "nueva normalidad" impuesta por el Covid-19 altera su vida y la manera como la viven.

En este momento podemos decir que quedarán atrás las multitudes de personas recorriendo las calles de manera descontrolada para ir a centros comerciales, eventos deportivos, restaurantes, bares, museos y demás sitios que nos parecían normales y necesarios para olvidar el estrés laboral, cambiar de ambiente o, simplemente, compartir con amigos. De ahora en adelante, la vida social será otra cosa diferente a la que conocíamos, y se verá regida por estrictos protocolos de higiene con el único objetivo de evitar “rebrotes” que saturen el sistema de salud; eso sin contar el estrés y la desconfianza que genera en todos la socialización con otras personas. Así, implementos como los tapabocas, geles antibacteriales y guantes harán parte de nuestra vestimenta y serán tan necesarios como lo son hoy en día el móvil y su cargador.  

Las cuarentenas, que parecen ser interminables, no desaparecerán, simplemente se activarán periódicamente siguiendo estrategias intermitentes tipo “acordeón”. Del mismo modo, jugará un papel muy importante el uso de las aplicaciones digitales para el seguimiento de casos y, por tal motivo, el uso de aplicaciones de geolocalización que por muy invasivas que sean, permitirán el rastreo y las cadenas de contactos. En este sentido, será clave el aprendizaje acelerado en el uso de las aplicaciones móviles de las TIC's, pues no solamente facilitarán la contención del virus, sino que serán los vehículos para el desarrollo tanto de las relaciones interpersonales como la transformación de múltiples sectores de la economía tradicional a la digital. En esta línea, el desarrollo de habilidades y conocimiento en áreas como la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas y el Big Data serán claves en el mercado laboral.  

Como consecuencia, el gobierno a través de sus dependencias, deberá garantizar no sólo la seguridad sanitaria de las personas en los espacios públicos, sino que deberá ampliar su acceso y protección al nuevo mundo que nace, el espectro digital. El acceso universal a la red, la protección de datos, la facilidad de conexión, la construcción de contenido veraz y de valor, la velocidad en su transmisión, entre otros aspectos, serán fundamentales para que la nueva normalidad sea apropiada rápidamente.   

Asumiendo que las economías más fuertes como la de China, Estados Unidos y la gran mayoría de Europa pueda adoptar estos cambios de manera orgánica y relativamente rápida, preocupa que para aquellos países emergentes el panorama de la “nueva normalidad” tome mayor tiempo debido a su naturaleza de subdesarrollo. Garantizar la gestión y ejecución de todos los cambios que son necesarios no solamente requiere un alto grado de gobernabilidad y gobernanza, sino también de compromiso y resiliencia.

En este sentido, sería frustrante quedarnos esperando simplemente a que otros países del primer mundo con sus líderes científicos en epidemiología den las pautas para “humanizar" cada vez más esta nueva realidad y de esta forma, dispersar el mensaje de tal forma como se ha diseminado el coronavirus. Sin duda alguna, retarnos desde nuestras distintas realidades frente a unas nuevas parece no ser tarea fácil. Sin embargo, diferentes cambios en nuestra forma de actuar y percibir la vida marcarán el camino de nuestra humanización en la medida que tomamos conciencia de nuestra fragilidad y vulnerabilidad, lo cual implicará, entre otras cosas, gastar menos, ahorrar más, consumir de manera consciente y con sentido local, optar por la sostenibilidad y ser amables con el medio ambiente y los ecosistemas. 

Bogotá, como el resto del mundo, se encuentra hoy frente a una “nueva normalidad”, la cual interpela y le exige responder con acciones concretas y planes específicos a las necesidades que deja y dejará en el corto, mediano y largo plazo las implicaciones de la pandemia en la vida de todos los bogotanos. Por ello, no es un desafío menor aquel al que nos enfrentamos actualmente quienes ejercemos el liderazgo político y la representación que nos ha sido delegada por parte de los ciudadanos de sus profundas necesidades y más nobles anhelos.