Santiago Valencia
Abogado, especialista en Derecho Administrativo con Maestría en Análisis Económico del Derecho, se ha desempeñado como profesor universitario, abogado litigante, consultor jurídico y en asuntos políticos y públicos, fue elegido Representante a la Cámara (2014 – 2018) y Senador (2018 – 2022), en el Congreso fue miembro de las comisiones primeras constitucionales, Presidente Comisión Primera (2019 – 2020), Presidente Comisión de Ética y Estatuto del Congresista (2020 – 2021).
Santiago Valencia

¡Cambiemos la Alborada!

Estamos a pocos días de celebrar el inicio de diciembre, una época de mucha alegría, de compartir con la familia y los amigos, de comer en exceso y hasta de parrandear de más, navidad es una época que nos permite alejarnos por unos días de la vida cotidiana, olvidar por unos instantes los problemas y coger energía para iniciar el año que viene.

Desde 2003 se “celebra” en Medellín la alborada, entre la noche del 30 de noviembre y el amanecer del 1 de diciembre, sus orígenes no son de grata recordación, fue precisamente alias Don Berna, temido paramilitar de la ciudad, quien ordenó la primera alborada, ese primer día lo hizo, dicen los expertos, para celebrar la desmovilización de las AUC, pero también como una forma de notificar a la ciudad que, aunque se “desmovilizaban” todavía se encontraban presentes en todas las comunas y barrios.

Su orden fue, como lo mencioné anteriormente, “quemar” pólvora a las 12:01 am, por primera vez se escuchó durante una hora explosiones que provenían de todos los puntos cardinales, desde entonces la gente de Medellín lo sigue celebrando, cada vez con más intensidad, hoy con un fin mucho más noble: celebrar el inicio de la navidad.

No es la primera celebración con un inicio diferente que termina transformándose en una celebración más amigable, de hecho la mayoría de celebraciones cristianas, iniciando por la misma navidad, fueron tomadas de celebraciones más antiguas, conocidas como fiestas paganas, que rendian tributo a Dioses romanos y que fueron tomadas por los cristianos como propias y adaptadas a su propia creencia, otro ejemplo es San Valentín, hoy día del amor y la amistad, que en el pasado tuvo un inicio más triste, la ejecución de San Valentín, quien a escondidas casaba soldados romanos cuando el cristianismo estaba prohibido.

Es por esa razón, y por la fuerza que ha venido tomando, lo que podría catalogarse como una nueva tradición, que no creo posible ni viable prohibir la alborada, ésta, tiene muchos amigos y muchos detractores. Lo mejor sería organizarla y responsabilizar a la alcaldía por su debida ejecución, exaltando el nuevo y bello fin de celebrar el inicio de la navidad, opacando un poco sus verdaderos orígenes “paganos”.

Institucionalizarla y organizarla debidamente es la única forma, en mi opinión, de contrarrestar sus efectos negativos. La forma desmedida y desorganizada en la que se celebra hoy, ha generado a través de los años múltiples quemados, especialmente niños que terminan pasando una triste navidad en los pabellones de quemados de los diferentes hospitales, miles de aves muertas por las incesantes explosiones y cientos de mascotas también fallecidas o con terribles consecuencias para su salud.

Lo que me imagino podría pasar, es que la alcaldía contrate unos buenos shows de pirotecnia, que sean quemados de forma controlada y ubicados estratégicamente por la ciudad, algo como lo que sucede el 4 de julio en los Estados Unidos, que las familias puedan observar el espectáculo desde sus casas o en los diferentes parques o espacios públicos de la ciudad, así, se podría evitar que algún ciudadano o niño manipule pólvora, además, se podría escoger lugares en los que se mitigue el impacto en la fauna y mascotas de la ciudad para que no sufran con la celebración.

Mientras se cambia la alborada, para lo cual, se necesita voluntad política, invito a todos los colombianos, especialmente a los Antioqueños y a las buenas gentes de Medellín a que aprendamos de los errores del pasado, que no quememos pólvora en esta navidad, sobre todo, que alejemos a los niños de esta práctica, que al final son quienes más sufren, no vale la pena unos minutos de deslumbrante pólvora versus una vida pérdida o un cuerpo eternamente lesionado.

¡Estoy seguro de que así, todos tendremos una muy feliz y segura navidad!

¡feliz navidad a todos!

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Santiago Valencia
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