Gloria Diaz

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado; Magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre desarrollo; especialista tanto en Gestión Regional del Desarrollo como en Gestión Pública e Instituciones Administrativas de la Universidad de los Andes. Tiene amplio conocimiento y experiencia en agenda legislativa y control fiscal, y un gran interés por la implementación, ejecución y evaluación de políticas públicas. Gerenció la Contraloría General de la República en el departamento de Boyacá. Así mismo, fue Edilesa de la localidad de Santa Fe.

Gloria Diaz

Depresión: una pandemia invisible en Colombia

Con el inicio del año nuevo, pareciera que también comienza una competencia maratónica con los demás y con nosotros mismos. Tantos propósitos, objetivos ambiciosos, mensajes positivos e inspiradores, invaden las redes sociales y en ocasiones pueden resultar bastante abrumadores. Todo esto mientras otros, lo único que quieren en este nuevo año es seguir sobreviviendo y dejar de luchar contra su propia mente.

Es curioso ver que conforme avanzan los primeros días de enero, la gente empieza a planear cómo lograr ese anhelado cambio en su vida. Uno de ellos, que considero es el más evidente, tiene que ver con nuestro físico, de repente suele verse mucha más gente corriendo en las calles y ni qué decir de los gimnasios plagados de nuevos aficionados, muchos de ellos batallando por calmar traumas, depresiones y ansiedades, por lo que siempre deberíamos tener presente abstenernos de opinar sobre el cuerpo de los demás.

Pero, ¿Por qué nos afana tanto cómo nos ven? Sería maravilloso que uno de nuestros propósitos más vehementes fuera cuidar de nosotros mismos, no solo en apariencia sino también desde nuestro interior. Me corregirán si no estoy en lo cierto, pero muy pocas veces o casi nunca se escucha decir “Este año sí me pondré las pilas con mi salud” y no solo hablo de la física, también de la mental.

Dejar en los últimos lugares el hablar sobre lo que nos pasa y cómo nos sentimos, es lo que ha permitido que una enemiga silenciosa cada vez cause más estragos: la depresión. Esta enfermedad que no reconoce edad, ha venido sumergiéndonos en una nueva pandemia. Aún cuesta pedir ayuda, aún cuesta reconocer que necesitamos acudir a un profesional por miedo al qué dirán, me parece absurdo que sea más fácil decir que se va al odontólogo que al psiquiatra, aspectos como estos están enfermando cada vez más a nuestra sociedad. 

Las más recientes cifras entregadas por la Secretaría de Salud, resultan bastante preocupantes y es que el 15,8 % en adolescentes, el 4,7 % en adultos entre los 18 y 44 años y el 8,9 % entre adultos mayores de 45 años, han sido diagnosticados con depresión durante los últimos meses en Bogotá, esto sin contar con la cifra más reciente de suicidios consumados, los cuales muchas veces resultan como consecuencia de trastornos depresivos que no fueron tratados a tiempo. Tan solo durante el primer semestre del 2022, la plataforma Salud Data registró más de 215 muertes, pero lo más alarmante es que los niveles de atención por cualquier tipo de cuidado en Salud Mental en el Distrito se redujeron a solo un 20%.

Todo esto se da a raíz de infinidad de situaciones. Sin ir tan lejos, factores como la economía, la precaria movilidad en la ciudad, la negligencia en el sistema de salud y la falta de oportunidades, son solo algunas circunstancias que agobian cada día a los ciudadanos, sumándole la gran cantidad de problemas que lleva cada uno a cuestas y de los que muy pocas veces se atreven a hablar para no verse vulnerables ante los demás.

¿Qué nos está pasando? Claramente desde lo público hay mucho por hacer, como Concejal logré un Proyecto de Acuerdo para la actualización de la Política Pública de Salud Mental en Bogotá, pero sé que aún falta mucho para garantizar un servicio de calidad para todos y es por lo que trabajaré incansablemente los próximos meses. Pero más allá del servicio ¿Por qué cada vez más personas están siendo diagnosticadas con esta enfermedad?

Es momento de revisar y evaluar nuestro entorno, qué pasa al interior de nuestro hogar, en nuestro trabajo, con nuestros amigos y familiares, en el caso de los más pequeños de su ámbito escolar. Parece increíble que, a nivel nacional, según el Ministerio de Salud cada 20 minutos hay un intento de suicidio y solo “entre enero y noviembre de 2022, 293 niños, niñas y adolescentes tomaron la decisión de quitarse la vida”.

¿Qué está pasando en los colegios? Empecemos desde estos espacios, a crear redes de apoyo, fortaleciendo iniciativas como las que hemos venido promoviendo en pro del desarrollo socioemocional de miles de niños con la integración de orientadores que ayudan a diario a los menores a superar diferentes episodios que causan depresión y otros trastornos. No podemos seguir normalizando comportamientos como el Bullying, los prejuicios frente a quienes manifiestan padecer una dificultad mental. No permitamos que el desconocimiento y desinterés nos lleven adoptar posiciones equivocadas que en un futuro puedan lamentarse.

Y es que la depresión no es un signo de debilidad. Se trata de una señal de que has sido fuerte durante demasiado tiempo. Porque al contrario de lo que muchos creen, la depresión no solo son momentos de tristeza, son el cumulo de muchos síntomas que incluyen también factores físicos como; mareos, sudoración, cambios en la alimentación, insomnio, y hasta constantes taquicardias a raíz de temores, miedos y bajonazos emocionales.

“Casi que se siente uno muy infeliz, o podría decir que se siente uno muy desdichado y se siente como ahogado, digamos, en un mar de emociones y siente que uno no puede salir de ahí y más cuando es cabeza y columna de una familia”. Me comentaba María Dilma Pérez, mientras nos tomábamos un café en el centro de la ciudad, una mujer cabeza de familia que superó una profunda depresión hace algunos meses.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses las ciudades con las tasas más altas de suicidios son: Bogotá con 358 casos, Medellín con 195 y Cali con 102. Para erradicar estas cifras debemos hablar sin temor de lo que nos sucede, no dudemos ni un momento en pedir ayuda, y como círculo cercano de una persona con depresión, entendamos que no es algo que ya pasará, es algo que necesita atención profesional urgente y oportuna.

Actualmente son muchas las personas que en este momento se sienten en un laberinto sin salida, pero ¿Cómo ayudar a una persona que sufre de depresión? Hasta el momento no existe una guía que nos ayude como familiares a combatirla, pero sí hay medidas que podemos adoptar.

Lo primero es comprender que se trata de una enfermedad y lo que más necesitan en ese momento es ser escuchados, evitemos frases que puedan hacerlos sentir peor “anímate” “no entiendo por qué estás así” “ya levántate de la cama y ve a dar un paseo” debemos ser más empáticos y sobre todo pacientes. Sé que la situación para las personas que acompañan a un paciente con depresión también es difícil, esta es una enfermedad que no solo afecta a una persona, también a sus allegados y es que al igual que los pacientes, los familiares pasan por varias etapas en las que la angustia y desesperanza pueden llegar, pero de allí radica la importancia de crear bases fortalecidas en apoyo y conocimiento para salir adelante.

Este 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión y es una lucha que debe darse desde todos los frentes, desde lo público por supuesto, pero también desde el estigma social, eliminando prejuicios, conociendo más sobre esta enfermedad, informándonos de cómo lograr un acompañamiento adecuado para un amigo o familiar que la padezca, sobre todo dejando a un lado el miedo para decir necesito ayuda. Deseo que nuestro propósito este año sea hablar de salud mental.

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