La burguesía de los dirigentes, diferente al clamor, el fervor y la gloria en los estadios.
El deporte en Colombia es el botín de directivos atornillados a sus cargos, velando por sus intereses, y políticos dominantes que lo exprimen para su beneficio, ante la ineficiencia e indiferencia del estado, cuyo gobernante principal le da la espalda y reduce su presupuesto, mientras apoya delincuentes.
La turbia telaraña.
Estado que ahoga al ciudadano con tributos, e ignora a los campeones, atletas en eterna lucha por sobrevivir, entrenar y competir. Los mejores embajadores nuestros.
Recuerdo que, en Los Ángeles, en la olimpiada, detallé con indignación, las anomalías en la delegación que representaba a Colombia, lo que me significó el repudio de algunos de los colegas y una invitación a debatir el tema en el Senado de la República.
Denuncié, hasta su caída, a la cúpula del Comité olímpico, por inscribir como deportistas a varios de sus familiares y por pretender apropiarse de dineros, destinados a los deportistas, recaudados por los colombianos residentes en la sede del evento, en faenas dominicales de tamales, sancochos, bandejas paisas y chorizos, durante dos años.
Hace poco hice referencia a Ximena Restrepo, quien por poco pierde su medalla olímpica, porque aquella vez, Barcelona-92, los dirigentes se apropiaron del coche oficial que la llevaba a la pista. Debió moverse en transporte público.
Deporte mendicante es el nuestro y lo ha sido a lo largo de la historia con los atletas siempre en segundo plano
Con atletas, otrora campeones, sometidos al abandono, al olvido, a los silencios y a la pobreza.
Lamentable es que Josimar Calvo, poderoso gimnasta, medallista, tenga que pedir limosna para competir en el exterior, como conocido es que muchos sufrimientos para gestionar su carrera, enfrentó la familia del gimnasta Ángel Barajas antes de su gloria olímpica en París.
En Colombia migran los deportistas de sus sedes de origen, por falta de apoyo, hay centenares de obras inconclusas, obsoletas, en el abandono, sin presupuesto para mantenerlas. Elefantes blancos. Otros proyectados con tardanza exagerada en el comienzo de las obras.
Ineficiente es el control oficial a las entidades deportivas y pobre el respaldo a los deportistas invisibles. Hay decenas de ligas que trabajan en la miseria.
Es lo que se cocina a la sombra. Es nuestro deporte, con excepciones como el futbol, el tenis, el ciclismo, el béisbol y el baloncesto profesional, que se financian sin dineros públicos. Por ello los fracasos olímpicos.