El manoseo al fútbol femenino

Publicado por: maria.vargas el Vie, 19/06/2020 - 10:07
Share
Por: Hernán López.
Hernán López Aya

Da mucha rabia ver, leer y ser testigo de la forma en que la mayoría de las directivas del fútbol colombiano ‘se pasan por la faja’ a un sinnúmero de mujeres que decidieron divertirse y vivir la vida dándole puntapiés a un balón, y dejando en alto el nombre de Colombia.

Y quiero repetirles a las personas que piensan que el fútbol es para brutos o atolondrados que este deporte ha unido razas, creencias, gustos y, en miles de ocasiones, ha generado alternativas de reconciliación y resiliencia.

Para la muestra, un botón:

Cuando Manuela, mi hija mayor, tenía 12 años me sorprendió con una solicitud que, pensé, nunca me haría. Le pregunté qué quería de cumpleaños. Ella me respondió: un balón de fútbol.

Emocionado, mis pensamientos se fueron a los primeros meses de embarazo de su mamá, en los que me planteaba que si el bebé fuera niño tendría que empezar a ahorrar para una buena escuela de fútbol, guayos de calidad, canilleras de las mejores, una maleta en la que cupieran todos los implementos. También, madrugar a entrenamiento y no forzarlo a elegir equipo.

¡Oh sorpresa! En el cuarto mes, me dijeron que era una princesa y no un crack. Es uno de los momentos más emocionantes de mi vida.

Sin dejar de lado el sueño pensé en que de pronto, cuando creciera, le gustaran los balones; no le cerré la posibilidad a la agenda planteada en mi cabeza y esperé, con paciencia, a que el desarrollo de la misma se diera.

Mi ‘Manu Chau’, como la llamo cariñosamente, decidió practicar fútbol en su colegio de manera recreativa. El balón regalado no dejó ni un solo día, durante tres meses, de asistir a clases con ella. Las experiencias en el rectángulo fueron varias: un esférico desgastado por el uso, varios decomisos, un pelotazo y tres días de dolor de cabeza, múltiples raspones en sus canillas, cachetes colorados y una sonrisa que no la abandonaba.

Tiempo después, quien decidió darle coceaduras a ‘la consentida’ fue mi hija menor. Lupita decidió seguir los pasos de su hermana, pero una lesión de meniscos la alejó de las canchas. Con el paso del tiempo, la afición por la práctica se fue diluyendo y ellas decidieron disfrutar el fútbol por televisión. Hasta donde tengo entendido son hinchas de Millonarios; no fanáticas, pero si apoyando a su abuelo, mi papá, en la tarea que un día me encomendó y que tomó otro rumbo y otros colores por decisión propia.

Si no las iba a ver jugando en el campo de 90 x 120, pues no me eché a la pena y preferí que las expertas nos dieran alegrías. Qué emoción me da ver a deportistas como Yoreli Rincón, que cambian de equipo como cambiar de ropa, no por capricho sino por ‘calidosas’. Ella fue la primera futbolista ‘criolla’ que jugó fuera del país. Cuando se le ‘pegó la gana’ de volver a hacerlo en Colombia, no solo lo logró de manera excepcional sino que se ganó, junto a sus compañeras del Atlético Huila, la Copa Libertadores de América.

Un hecho que abrió la mente de cientos, incluyéndome, y nos hizo pensar en que podríamos ser potencia futbolística mundial femenina. Pero como todos los días tienen su afán y en este platanal en el que vivimos la trampa está servida en la mesa, el anhelo de ver a las cracks cada fin de semana en un torneo serio se fue pa´l carajo.

Lo más indignante de este tema, en mi concepto, es que Colombia pretende ser sede de un mundial femenino sin siquiera tener una liga local consolidada para ellas. La última ‘perla’ que los ‘patrones del fútbol’ utilizaron para su cometido fue una carta de justificación, escrita con mentiras, para lograr la sede del torneo.

Incluyeron un detallito que, más que rabia, dio risa. En el texto dice que el torneo femenino nacional “tiene un promedio de asistencia a los estadios de 28.000 espectadores”.

¿Qué?

Ni siquiera la liga masculina, antes del Covid-19, ha alcanzado esa cifra ‘promedio’. Tres campeonatos femeninos han sido realizados en el país y no más de mil personas han ido a ver a las jugadoras. Entonces, ¿es justificado el reclamo a la FIFA por haber quedado en tercer lugar, después de las evaluaciones del ente regulador del fútbol, para convertirse en sede?

Los directivos se rasgaron las vestiduras por el concepto. Pero no contaban con que la ´mentirilla’ se diera a conocer. Acto seguido, decidieron ‘recular’ y afirmar que existían ‘imprecisiones’. Otro errorcito de la carta, destacado en negrilla:

“Colombia organizó con éxito el Mundial Sub 20 del año 2011; Mundial de Futsal del año 2016; los Juegos Panamericanos de 2019; el Preolímpico Sudamericano Sub-23 de 2020”.

En la aclaración dice: “Siendo que debía decir los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018”.

¿Y cuál fue la enmienda de la cifra de asistencia? Pues es la ‘cereza del pastel’:

“Siendo que debía aclarar: El torneo femenino colombiano se encuentra entre los más exitosos del continente con 20.600 jugadoras, con una media de asistencia de 28.000 espectadores en las finales de cada campeonato”.

¡No hay derecho!

Quieren ser sede de un torneo internacional y no son capaces de escribir una carta de justificación correctamente. Definitivamente, para la Federación Colombiana el fútbol femenino no importa. Y, después de consultar mi bola de cristal (léase e interprétese como se quiera), ese mundial será jugado en ‘Chibchombia’ cuando ‘San Juan agache el dedo y la Virgen suelte al niño’.

Por lo pronto, y si el Covid da chance de salir a patear un balón, seguiré jugando con mis pequeñas, mi esposa que es una férrea defensa, mi sobrino Esteban que es un crack de Millos, mi sobrino Alejo que es un crack de los videos juegos, pero participa, y con el anhelo de poder llevarlos a un estadio a que vean a ‘viejas berracas’ como Yoreli haciendo pases y cantando goles ante la tribuna.

¡Respeten el fútbol femenino, carajo!