Saray Robayo Bechara

Representante a la Cámara de Córdoba por el Partido de la U. Abogada de la Universidad del Sinú, especializada en derecho constitucional, integrante de la Comisión Tercera Constitucional Permanente, de la Comisión Legal de  Cuentas y la Comisión accidental para el seguimiento y control de la inversión de los proyectos estratégicos de la Región Caribe.

Saray Robayo Bechara

El mejor subsidio es el empleo formal

La vinculación formal de la fuerza laboral en el país sigue siendo un reto esquivo y permanente en todo nuestro territorio, pese a los avances de los últimos gobiernos. Sin embargo, no podemos desfallecer en este empeño que permitirá a millones de colombianos ganarle la partida a la pobreza.

Para nadie es un secreto el drama que se vive en las ciudades y en el sector rural que a diario engrosan las filas de la informalidad, un fenómeno que como país no hemos podido superar. Aún hoy vemos que el 56% de las personas ocupadas son informales, es decir, viven del rebusque y por tanto no puedan gozar de seguridad social, ni garantías que les permitan superar las trampas de la pobreza.

El panorama es desolador, basta con caminar por la carrera Séptima de Bogotá, la carrera 15 de Bucaramanga, el mercado del Sur en Montería o el Paseo Bolívar en Barranquilla, para encontrarse con miles de vendedores ambulantes que desde tempranas horas salen al rebusque para llegar a sus casas caída la noche llevando el sustento. Sobre eso es que debemos centrar el debate ahora que estamos hablando de una reforma laboral, que como lo dije hace unos meses parece estar hecha para el siglo XX y no para el siglo XXI, que no busca generar empleos y garantizar la formalidad, y que además los pone en riesgo.  

Si bien en los últimos meses el gobierno del Presidente Gustavo Petro ha logrado bajar el desempleo a 9,3%, no se puede cantar victoria, la tarea está a medio hacer. Que la informalidad sea del 56% significa que más de 12,9 millones de trabajadores se rebuscan y se inventan a diario formas de subsistir a través de su creatividad en el caso de algunos y otros en empleos y subempleos donde la precarización ocupacional está al orden del día. Esa es la realidad que hoy se vive y a la que hay que buscarle soluciones a mediano y corto plazo. 

El acceso de los sectores más pobres al trabajo formal debe ser una política pública agresiva y para ello se necesita generar condiciones para la creación y armonización entre la oferta y la demanda laboral, teniendo en cuenta los enfoques diferenciales, pero sobre todo para la población campesina, que normalmente es la más afectada. Se debe apuntar a la generación de empleo formal, no solo desde la gran empresa y el Estado, sino también de las micro, pequeñas y medianas empresas, que hoy por hoy generan cerca del 79% de los empleos y aportan el 40% del PIB

Hay que romper con el circulo vicioso y acabar con la incertidumbre que viven los pequeños empresarios cuando se enfrentan con el pago de la nómina, pero sin apoyo, lo que en ocasiones los lleva al fracaso y a permanecer en la informalidad, e incluso algo peor, caer en el agujero negro del “gota a gota” Es en ese sentido que se necesitan políticas que apoyen a los emprendedores y a aquellos que llevan años buscando mover la economía, generar empleo y aportarle al país. Propongo poner en marcha políticas que les den acceso a créditos y microcréditos, pero también una que permita  concertar los derechos de los empleados con las necesidades de los emprendedores.

El Gobierno debe apoyar estrategias que permitan avanzar a través del establecimiento de una ruta lógica para la formalización con programas de desarrollo laboral, con incentivos que puedan contribuir a la reactivación de la oferta y la demanda del mercado laboral, pues hoy pese a que la desocupación se redujo, todavía estamos muy lejos de lograr la formalización de millones de colombianos que siguen viviendo día a a día en el riesgo del rebusque.

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Saray Robayo Bechara
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