El Ministerio de la Soledad

Publicado por: maria.vargas el Vie, 26/02/2021 - 10:46
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Por: Catalina Ortiz.
Catalina Ortiz

No se sabe exactamente qué ha hecho que el mundo se torne tan amargo para algunas personas. Tal vez siempre ha sido así, independiente de la época en la que nos encontremos. Hoy en día, estudios serios y la vivencia misma de cada uno demuestran que el apabullante avance tecnológico ha ido arrastrando a muchos hacia una soledad sin remedio, sin salida, sin retorno. 

También se hablaba hace décadas de la vida monótona y solitaria heredada de las rutinas establecidas por las grandes empresas tras la Revolución Industrial. Una sociedad en la que los ciudadanos se identificaban con aquel hombrecito vestido de gris descrito por Fernando Alonso y en donde todos los días eran exactamente iguales al anterior. 

Tenemos un poco de eso y otro poco de aquello. ¿Estamos solos?, ¿es mala la soledad?, ¿qué tan preparados estamos para aceptarla y adaptarnos a ella? 

En Japón crearon el Ministerio de la Soledad el pasado 12 de febrero debido al aumento en la tasa de suicidios durante la pandemia del Covid 19. Igualmente, establecieron una oficina de contramedidas de aislamiento, pues el tema es serio: 20.919 personas se quitaron la vida en ese país durante el 2020.

Según estudios de la Universidad de Waseda en Tokio, especialmente las mujeres -en su mayoría menores de 40 años- fueron quienes optaron por el suicidio. Entre las razones se encuentran el desempleo y la disminución del salario por la recesión económica. Sin embargo, los efectos derivados de la pandemia no son las únicas causas. También detectaron altísimos niveles de ansiedad entre los adolescentes.

La pandemia pudo ser un detonante, pero la soledad, ansiedad y depresión para muchos no iniciaron en el 2020. Los gobiernos de todos los países deben empezar a tomarse con muchísima más responsabilidad esta problemática. Japón lo está haciendo porque lleva años combatiendo las altas tasas de suicidio dentro de una política pública de Estado.

Como ciudadanos también debemos iniciar un cambio, aunque sea introspectivo, aunque sea microscópico, empezando por nuestro núcleo familiar. La soledad puede ser a veces necesaria y hasta reconfortante, pero cuando sus tentáculos se extienden más de lo debido termina por invadir la vida por completo, dejándola sin motivos.

Como el hombrecito vestido de gris, tenemos un hermoso arcoíris dentro de nuestro corazón. Dejémoslo salir, permitamos y ayudemos a que otras personas lo exterioricen sin temor. Hagamos una pausa diaria y reflexionemos: ¿por qué vivimos con tanto afán? Tomemos 20 minutos de nuestro preciado tiempo para explicar ese tema que nos han preguntado por enésima vez. No recriminemos, no juzguemos. No todas las historias tienen un final feliz, pero sí que podemos intentarlo.