Angela Garzón Caicedo

Filósofa de la Universidad Nacional de Colombia y Especialista en Negociación y Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes. Ha sido concejal de Bogotá, Subdirectora de Proyección Internacional de la Alcaldía Mayor de Bogotá, Directora del Archivo de Bogotá y responsable de relaciones externas en diferentes empresas.

Angela Garzón Caicedo

Hablemos del suicidio, ocupémonos de la salud mental

En el mundo los intentos de suicidio han aumentado considerablemente después de la pandemia del Covid-19. Colombia no se queda atrás, en el 2022 se presentó un incremento del 61,05% en la tasa de intento de suicidio comparado con las cifras del 2021. Según datos reportados al Sistema de Vigilancia en Salud Pública, en nuestro país hay un intento de suicidio cada 20 minutos.

El 10 de septiembre se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Este podría ser un día más de los tantos que se conmemoran en el mundo, pero con la situación actual en torno a este fenómeno, no podemos dejarlo pasar inadvertido.

Para transformar esta realidad tenemos que dejar de pensar en el fenómeno del suicidio sólo como un número que compete a las familias y personas cercanas a los seres humanos que contemplan cometerlo o ya lo han cometido, esto es un asunto de todos. Que bien le haría a la sociedad indagar en los entornos e historias particulares para hacer frente a esa realidad, alejándose del pesar y acercándose a la acción colectiva. Podríamos hacernos, entre otras, preguntas como las de ¿se recibió la adecuada ayuda en salud mental o lograron tener acceso a ella?, ¿fueron estas personas víctimas de acoso escolar, acoso cibernético o abuso sexual?, ¿sus entornos eran de violencia?, ¿son mujeres u hombres cabeza de familia que se sienten angustiados y agobiados por la carga que tienen encima?, ¿son personas que no tienen con quien hablar sus angustias más profundas?

¿Qué hacer al respecto? ¿Cómo podemos contribuir a que esta realidad empiece a cambiar? Sin duda el suicidio es un fenómeno complejo, pero la solución no puede ser ignorarlo. La acción colectiva requiere un compromiso, por ejemplo, políticas públicas de salud mental que incluyan presupuesto para tener acompañamiento terapéutico; programas de prevención de situaciones de tal impacto psicológico que podríamos asumir que pueden afectar el deseo de una persona de continuar con vida, como el abuso sexual, el maltrato o la pérdida de alguien cercano. Como sociedad, también tenemos que empezar a abrirnos a la vulnerabilidad que implica hablar y gestionar nuestras emociones incómodas, heridas y dolores, para encontrar alternativas y soluciones diferentes a la muerte o a las adicciones.

Debemos también aprender a escuchar y a pedir ayuda cuando es necesario, la vulnerabilidad no es un defecto, pero así se ha asumido muchas veces en un mundo en el que se exige a todos destacar y ser los mejores.

Hoy en Colombia se debate cómo debe ser reformado el sistema de salud, pero es poca la atención que se le brinda al tema de salud mental, que podría hacer que muchas de las enfermedades o situaciones que se presentan en la sociedad pudieran gestionarse de manera diferente. Esto sólo es un reflejo de la poca importancia que se le da a un tema tan relevante y actual, pero del que la mayoría prefiere no hablar

Los gobernantes y líderes tienen la responsabilidad de incluir en sus políticas el tema de salud mental, no sólo con discursos sino con hechos, como el de diseñar programas eficientes y destinar los recursos que se requieren para ellos. Además, cada uno de nosotros tiene que aprender a reconocer los retos propios y de su entorno, a fin de pedir ayuda o darla cuando sea necesario y aprender a gestionar nuestras propias emociones.

*Si tienes problemas de ansiedad, depresión u otra condición o conoces a alguien que pueda estar atravesando por ellos, puedes comunicarte en Colombia a la línea de Vida Nacional: 106.

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Angela Garzón Caicedo
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