Huir hacia adelante

19 Septiembre 2022, 10:36 AM
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Creado Por
Carlos Salas
"Así es la vida, cuando tan pocas opciones nos deja el mundo real tenemos que buscarlas en la ficción".

Cada domingo, sin excepción, es la misma cosa, miles de carros atascados en la carretera que une Sopo, Guasca y La Calera con Bogotá desde las cinco de la tarde hasta bien entrada la noche. Hay largos momentos en que los carros no se mueven, el flujo queda completamente interrumpido y la cosa no para de empeorar semana tras semana. Desde mi ventana puedo observar las luces de los carros sin dejar de causarme cierta angustia. Lo comento con mi hija y me responde con mucho tino: “Ojalá tengan buen tema de conversación”.  Hay quienes, viéndose obligados a pasar largas horas encerrados en un pequeño coche, encuentran en una grata conversación una manera sana de pasar el tiempo sin caer en reproches ni culpabilidades.En la película “Lalaland” se inicia un fantástico baile y en el cuento de Cortázar “La autopista del Sur”, se crean amistades tan efímeras como el mismo trancón dominguero entrando a París.

Cada lunes en la mañana la carretera fluye con normalidad pero domingo tras domingo se repite la escena que contará con una mayoría conformada por quienes caen de nuevo al considerar, cándidamente, que lo que les tocó padecer fue debido a un accidente o la caída de un árbol, y que, con suerte, no se va a repetir.

Así es la vida, cuando tan pocas opciones nos deja el mundo real tenemos que buscarlas en la ficción. Conversar e imaginar son maneras de refugiarnos en la ficción. Veamos: Qué tal si uno de tantos que van al volante sale de su carro y prosigue su camino a pie. Alguien lo ve y sigue su ejemplo, luego otro y otro hasta que son cientos los que se suman dejando los carros abandonados. Transcurren los días y ya es noticia: Miles de carros detenidos en carretera en Colombia, dicen los titulares. El asunto se repite en otras ciudades y se paralizan las carreteras y todo tipo de actividad. La cuestión se vuelve viral y se replica por el mundo entero. Los gobiernos colapsan en esta distopía en la que, como en el mundo real, la acción de un solo ciudadano se convierte en la chispa de un estallido social.

Igualmente, ante la impotencia que sentimos al vernos bajo el yugo de un gobierno que actúa como le viene en gana nos queda la imaginación como manera de huir hacía adelante superando la decepción que nos embarga luego de repasar los sucesos que llevaron a la angustiante situación presente.

Puedo imaginar que, siguiendo el ejemplo de Canadá, los camioneros paralicen el país o que los industriales tomen cartas en el asunto, o que los propietarios de tierras se manifiesten contra las invasiones, o que los contribuyentes dejen de pagar los injustos impuestos, etcétera. No se le puede impedir a nadie soñar ni evitarle las pesadillas cuando se trata de huir hacía adelante.

Tanto de bueno como de malo tiene esa manera de eludir el problema. Pocas veces nos atrevemos a asumir el riesgo de tomar el camino tan incierto de la huida hacia adelante prefiriendo aferrarnos a actitudes de las que ya conocemos las consecuencias por haberlas ya experimentado. 

A veces es el terror el que nos paraliza pero también, paradójicamente, el sentirnos envalentonados no queriendo pasar por cobardes cuando lo prudente es correr, correr y correr.

De alguna manera contamos con opciones así parezcan descabelladas. Caminando por el Parque Nacional me vino el recuerdo de uno de tantos  plantones que se convocaron contra los acuerdos malditos. Fui con mi padre y no vimos ni una pancarta ni nada. Poco a poco fuimos reconociendo a otros despistados. En esa ocasión el plantón fue un fracaso pero seguimos asistiendo a uno y otro sin desanimarnos. Vencimos en las urnas al SÍ del plebiscito a pesar del inmenso fraude. Por desgracia, como está ocurriendo en Chile, los políticos negociaron el NO. Eso es un hecho comprobado y aquellos involucrados nos deben una clara explicación y más ahora cuando le han entregado el poder a quienes ya sabemos.

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