Inmunizar

Publicado por: juan.sacristan el Vie, 15/01/2021 - 13:26
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Por: Remberto Burgos de la Espriella.
Remberto Burgos de la Espriella

El programa público, prioritario y perseverante del 2021: vacunar y vacunar. Generar anticuerpos contra esta enfermedad infecciosa, Covid-19, que ha ocasionado una catástrofe social en el mundo. Hay que darle “un par de lapos” al sistema inmunológico para que despierte, reconozca el germen, lo embista sin compasión y guarde memoria. Sin titubeos para defender. Necesitamos una patrulla pretoriana que nos garantice protección duradera.

Las vacunas: evidencia de los avances de la ciencia al servicio de la salud pública. Enfermedades olvidadas son ejemplos de un gran trabajo investigativo colectivo para erradicarlas del entorno. Las enfermedades infecciosas encontraron en las vacunas “el papá de los pollitos”: ¡así de claro! Es la intervención más efectiva en salud, han protegido más de 1.500 millones de personas y cada 5 minutos salvan una vida. Evitan 2 millones de muertes por enfermedades infecciosas y jalonan el progreso de los pueblos. Trabajo, educación y desarrollo exigen ciudadanos sanos.

La Covd-19 es una pandemia que ha brincado continentes y originó en cada país su propia producción. Ya colonizadas estas naciones cerraron la importación. Es el momento justo para cuestionarse: ¿por qué la Covid-19 se convirtió en una pandemia social y dejó los límites confinados de la salud? ¿Hay que aplicar el método científico para encontrar la etiología?

Cuando patologías ya existentes, con quienes habíamos convivido años, encuentran inmunodeficiencia en el huésped, aparecen las enfermedades oportunistas. La patología inicial o primaria se agrava por estas entidades que, aprovechando las bajas defensas del paciente, muestran un alza descomunal. Se valen de plataformas sociológicas enquistadas y desencadenan una erosión multisistémica, inmisericorde que acaba con el agotado huésped.

La primera oportunista en Colombia es la corrupción. Tiene la modalidad de ser “viva no atenuada”. Nos ha acompañado desde hace décadas y con una particularidad en su virulencia: provoca aclimatación del huésped y relaja el control y sanción social. La segunda es el narcotráfico. Son microorganismos dañinos que se han modificado por químicos. Aunque se fumigue el patógeno conservan la estructura. Es capaz de afectar todas las instituciones y tiene una facilidad de penetración, cruza todas las barreras, se mimetiza y no respeta institución sin visitar. Es “sociosoluble”.

La impunidad es la tercera. Dañina, hacen simbiosis con el pulmón institucional: la justicia. Ya tienen tarifas: el peaje de la libertad. Sus componentes tóxicos inactivados dejan avanzar la enfermedad. “Acá no pasa nada” y el disfrute de lo robado solo requiere un tiempo de aislamiento corto: la picazón de la roncha pasa rápido. Se hace apología a la sentencia anticipada, como si cantar lo que la galería conoce fuese un premio y el castigo fiscal, donde les duele a los bandidos, solo contempla un porcentaje mínimo de lo robado: el peaje de la libertad.

La última oportunista es la desigualdad. Tiene proteínas víricas invasivas: las posibilidades esquivas en educación, vivienda, salud y nutrición. Los cargos sin meritocracia, las insolentes escalas salariales y los indolentes aumentos. Son ponzoña que causan septicemia estatal. La vergonzosa alza de los altospequeños funcionarios del Estado en un país donde la mitad de los colombianos se les olvidó que el dos existía: ya no almuerzan. Cosas de la epigenética de esos dignatarios: ¿de verdad, necesitan escoltas? Para esta oportunista la vacuna debe ser triple: tiene que inmunizar contra la incoherencia, la vanidad y el despilfarro. Sufren de pañalitis, solo viajan en ejecutiva. Su virulencia social es asfixiante. Requieren antígenos que desencadenen anticuerpos de humildad y austeridad. Los que se pasean en sus veredas pomposas, con eunucos cabizbajos y escoltas de avanzadas sirenas en moto mostrando los reflectores de la efímera posición. Son impulsores de entropía, francotiradores que disparan a la equidad. Narcisos del poder, no han entendido que las responsabilidades son para servir y no para obtener. No dejan memoria cuando se van.

Vacuna con propiedades integrales, de amplio espectro debe ser el compuesto para inmunizar contra la pandemia social que nos fustiga. Su fabricación no requiere el concurso de grandes multinacionales, trámite o registro ante los entes de control. Ajeno a la plataforma que se utilice para su producción, los compuestos básicos son los valores de nuestras convicciones. El proceder correcto y el comportamiento transparente. La receta del Padre Llano. La vacuna que necesitamos tiene un envase transparente: liderazgo moral.