Jugar con candela

Irrevocable la pandemia, sigue causando daño. No hay medicamentos comprobados para neutralizarla, pero si modelos de comportamiento para enfrentarla. Las cifras diarias, como los miedos, destrozan la fe por lo abrumadoras, dinamitan la confianza y desesperan a las gentes.

Contrasta esto con la precipitud expresaba por el fútbol y los deportes en general, para su regreso. La presión irresponsable de directivos y periodistas, equivale a jugar con candela sin reconocer un efectivo e inteligente plan de reactivación.

Se piensa en las precauciones, pero no en las lamentables consecuencias, de hacerlo sin garantías.

Próxima la temida y esperada curva alta de contagios, los clubes de fútbol anuncian la posibilidad del retorno a prácticas y partidos, en condiciones poco saludables.

Sin público, a distancia uno del otro, con mascarillas, guantes quirúrgicos, cámaras de monitoreo, sin vestuario y con limitaciones en la conexión social.

El gobierno gestiona con posiciones rígidas respaldadas por médicos especialistas, a pesar del estrés manifiesto que, rehenes en el encierro y la quietud, los futbolistas ya comentan. Y, arrinconados por la ausencia de dinero, los dirigentes se ven dispuestos a enfrentar atrevidos riesgos.

Qué terrible debe ser la muerte en aislamiento. Qué triste es un cadáver anónimo. Que cruel que un difunto, o mil, sean una estadística, sin la expresión acongojada de los dolientes.

El fútbol como la vida regresaran a la normalidad, pero lentamente, con cautela, con una readaptación razonada, sin apresuramientos, para evitar que la cura sea peor que la enfermedad.

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