Ricardo Felipe Herrera Carrillo

Abogado, especialista en régimen del Distrito Capital de Bogotá y magister en derecho administrativo de la Universidad Externado de Colombia. Experiencia de 11 años como servidor público y 23 años como profesional independiente con área de práctica en servicios públicos, derecho ambiental y régimen de contratación estatal.

Ricardo Felipe Herrera Carrillo

Ningún golpe de Estado

Los valores del presente gobierno a veces no parecen ser tan democráticos. Las decisiones del Poder Judicial, del Poder Legislativo o de los órganos de control, son bien recibidas en tanto correspondan al querer del Poder Ejecutivo; si no corresponden, las amenazas mediáticas gubernamentales no se hacen esperar para anunciar que se convocará el respaldo popular de sus electores, quienes cada vez más se hallan desconcertados y dispersos.   

Gustavo Petro resultó electo como presidente de los colombianos a partir de un discurso basado en la lucha contra la corrupción y prometiendo un cambio radical en la manera de gobernar. Quién resultara derrotado, el ingeniero Rodolfo Hernández, también prometía lo mismo. Lo propio, demuestra que Colombia estaba destinada a probar una dosis de socialismo del siglo XXI o por lo menos una opción de gobierno diferente a los que han imperado durante muchos cuatrienios.

El ingeniero Hernández, rápidamente confesó su incapacidad, incluso, para fungir si quiera como Senador de oposición. Por su parte, el candidato ganador, viene recorriendo el camino que le vaticinara Alejandro Gaviria. Hasta su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, ha sido inequívoca en actuar contra toda evidencia de cambio: “les guste o no”.

¿Cómo lograr el cambio prometido, si se gobierna con los clientelistas de siempre y la propia izquierda que ganó las elecciones, pareciera resultar tanto o más clientelista que esos gobiernos de antaño? En escasos siete meses, la realidad es casi inverosímil comparada con las promesas de campaña y discursos del “cambio” que los llevó a la Casa de Nariño.

Aun así, hasta ahora, la consecuencia más grave y gruesa que ha producido el actual gobierno es que el país se halla en manos de la delincuencia. La inactividad de la Fuerza Pública, por instrucciones del Ejecutivo, ha venido gestando un creciente movimiento ciudadano que exige el cumplimiento del lema nacional que contiene el escudo de Colombia: Libertad y Orden.

La respuesta, como era de esperarse de esta extraña dirigencia de izquierda, que no acepta sino sus propias razones, es que esa legítima exigencia ciudadana corresponde a un “golpe de Estado blando”.  Lo propio no es otra cosa que la construcción de una nueva y falaz narrativa en defensa de las deficiencias que ha demostrado el equipo de gobierno en estos meses.

El ex ministro de salud de Santos, ex rector de la Universidad de los Andes, ex precandidato presidencial y ex ministro de educación de Petro, Alejandro Gaviria, quién fuera sacado del gobierno por opinar razonadamente distinto frente a la reforma a la salud, acertó en cierta medida con su apreciación sobre el gobierno Petro en una entrevista de vieja data: “El primer año él nombra un buen gabinete de unidad nacional, no lo logra cohesionar, pasan 6 u 8 meses y no pasa mucho, se le desbarata el Gobierno y Petro comienza a tuitear como loco y básicamente, ese es el conflicto que se crea de manera permanente y la agenda del país girando alrededor del Twitter de Petro y no se hace nada”

Una descripción más acertada imposible de lograr. Solo difiero en que el gabinete designado lejos está de ser de unidad nacional y bueno. Por eso mismo, no podría el presidente lograr cohesionarlo. Tengo la idea de que el presidente le gusta actuar solo o su equipo de gobierno lo ha dejado solo. En cualquier caso, es muy notoria la falta de rigor técnico y jurídico de las propuestas gubernamentales hasta ahora conocidas. La reforma política corrobora lo dicho. 

Si hay un golpe de estado fraguándose, al igual que en Perú, pareciera provenir más del propio desenfoque del Ejecutivo y su equipo de gobierno que de la oposición y, mucho menos, de la creciente y espontánea ciudadanía que empieza tempranamente a sentir que el país comienza a descuadernarse.  

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Ricardo Felipe Herrera Carrillo
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