¿Para qué se necesita tanta megaminería en Colombia?

Publicado por: richard.ladino el Jue, 28/05/2020 - 14:39
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Son muchos los argumentos que cuestionan la megaminería en Colombia, aunque los grandes empresarios de las compañías multinacionales siguen pregonando "la minería bien hecha".
minería

Más allá del uso romántico que se le ha dado al oro en argollas de matrimonio y otras joyas, y del simbolismo histórico que ha dado lugar a leyendas como El Dorado, según el geólogo Julio Fierro, apenas el 10 % de ese metal precioso que se extrae actualmente tiene un uso tecnológico. El resto, asegura, es solo para satisfacer la codicia de las grandes multinacionales.

En ese mismo sentido, mujeres de comunidades afro como Clemencia Fory, que pertenece a una familia de mineros artesanales del río Ovejas, al norte del Cauca, no entiende cómo puede ser sostenible una minería industrial que en una semana extrae el oro que ellos, con su técnica del baharequeo, podrían sacar en dos años.

El geólogo Fierro, profesor de la Universidad Nacional y  uno de los más reconocidos críticos de las grandes explotaciones extractivas, debido al daño ambiental que ocasionan estas industrias, fue invitado recientemente al webinar "Megaminería y extractivismo, los motores de la crisis", en el cual se refirió no solo a la megaminería del oro, sino a la industria extractiva en general.

Mencionó, por ejemplo, que explotaciones como las de carbón en el Cerrejón, en La Guajira y en varios municipios del Cesar; como la Jagua de Ibirico, Agustín Codazzi y Becerril; la de ferroníquel en Cerromatoso, en Córdoba, y la Drummond, en el Cesar, dejan una huella de daño irreparable.

Recordó que varios estudios de la Contraloría General de la República han demostrado la afectación de las aguas superficiales y subterráneas, del aire y de la salud de los pobladores cercanos, porque esta industria es tóxica, especialmente debido a los vertimientos de residuos como el mercurio a los ríos.

A ello se suma la alteración del orden público, si se tiene en cuenta que estas multinacionales también han sido denunciadas por la supuesta financiación de grupos paramilitares e incluso de pagarle a algunos miembros del Ejército del país para protegerlas. También se ha denunciado que la mayoría de líderes sociales abatidos por grupos al margen de la ley han caído en zonas donde se tienen este tipo de explotaciones.

Aun así, el Gobierno nacional defiende la minería a gran escala, junto con la explotación petrolera como filones que le proporcionan recursos al país. Todavía se recuerda la amplia sonrisa del expresidente Juan Manuel Santos cuando regresó de su gira por Europa y otros países como Emiratos Árabes donde firmó convenios de ayuda para Colombia.

Lo que no contó en su momento era que el generoso aporte del gobierno árabe tenía bajo la manga un jugoso negocio por la explotación del oro en Santander, precisamente en la zona de influencia del páramo de Santurbán, que desde hace varios años ha dado lugar a la más grande controversia nacional en torno a la inconveniencia de esta actividad y generado más de una decena de acciones populares para decirle no a la megaminería y, en general, a la industria extractiva.

Producto de estas acciones se frenó en su momento la explotación de oro en la mina de La Colosa, en el Tolima, la de Santurbán por parte de otra compañía minera diferente a Minesa y la perforación exploratoria de petróleo en Cumaral (Meta), solo para mencionar tres casos.

Ahora surge un nuevo pulso en el municipio de Jericó (Antioquia), donde la compañía multinacional Anglogold Ashanti aspira a ejecutar el proyecto de Quebradona, que ellos califican de “minería moderna y que revolucionará la forma de hacer minería en Colombia" con un parque biodinámico incluido.

El debate se ha renovado ante anuncios como el de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, de realizar una nueva visita al proyecto minero Quebradona, de la multinacional Anglogold Ashanti, para evaluar el estudio de impacto ambiental presentado por esta compañía, lo que abre la posibilidad de obtener finalmente la licencia que le daría vía abierta a la explotación de oro, plata, cobre y molibdeno en esta región de Antioquia.

Algunos sectores de la comunidad de Jericó no terminan de convencerse de las bondades que ofrecería esta explotación a gran escala. Por ello, la Mesa Técnica del Suroeste Antioqueño y la Alcaldía de Támesis y Visión Suroeste le solicitaron a la ANLA que se les permita participar como terceros intervinientes en el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto minero.

En contraste, una encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría y que acaba de ser difundida por Mundo Minero, muestra que el 69% de los pobladores de Jericó apoyan el proyecto minero y se muestran optimistas frente al progreso que podría traerle a la región, especialmente en lo que se refiere a empleos.

Entre tanto, la multinacional Minesa, que desde 2015 ha trabajado en la propuesta de una mina subterránea cerca a los municipios de California y Suratá, en el departamento de Santander, argumenta que está fuera de los límites del Páramo de Santurbán y su plan es iniciar la explotación de oro a gran escala el próximo año.

Los habitantes de estos pueblos, que por años también se han dedicado a la minería artesanal, es un caso más de las comunidades que reaccionan de manera colectiva ante proyectos extractivos en los que ven amenazados no solo sus ecosistemas, sino la seguridad alimentaria, debido al cambio de uso de los suelos y su independencia económica.

Al margen de las políticas a favor de la gran industria extractiva, por parte del Gobierno Nacional, las comunidades no cesan en su empeño contra esta actividad, con base en argumentos como la baja rentabilidad que representa para el país la explotación de estos recursos, el alto impacto ecológico, que se traduce en la deforestación y en la contaminación de fuente hídricas, entre otros indicadores negativos.

¿No es tan rentable para el país?

En uno de sus más recientes informes, la Contraloría General de la República ha vuelto a alertar sobre los puntos en contra de la megaminería, tanto económico como ambiental.

Precisamente un documento escrito por los geólogos Julio Fierro y Mauricio Cabrera Leal, director de Estudios Sectoriales de la Contraloría Delegada para el Medio Ambiente, dan cuenta de que la minería: "afecta el recurso hídrico superficial y subterráneo en cuanto a calidad y disponibilidad y que las minas abandonadas representan un importante generador de contaminantes inorgánicos incluyendo metales y metaloides de gran impacto adverso sobre la salud humana y los ecosistemas".

Los expertos sostienen que los yacimientos de extracción: "se caracterizan por contener oro en muy bajas concentraciones que es exportado en su totalidad, lo cual implica la generación de grandes volúmenes de residuos, en parte desechos rocosos mineralizados con metales diferentes al oro que generalmente se relacionan con la acidificación de aguas y la consiguiente liberación de especies químicas tóxicas, en particular metales pesados como el mercurio, y en parte las denominadas colas o relaves consistentes de lodos altamente contaminados con químicos adicionados en los procesos de beneficio de oro, además de acompañantes que también son liberados a las aguas, en este caso muy alcalinas".

En términos económicos, la minería tampoco sale muy bien librada frente a lo que termina recibiendo el país, en contraste con las utilidades que obtiene este sector. Ello, debido a la eliminación del impuesto a la remesa de utilidades, mientras en países como Chile este impuesto de utilidades de las filiales o sucursales a sus casas matrices en el exterior asciende al 35%, lo que lleva a que muchas compañías prefieran reinvertir sus utilidades en el sector.

En Colombia, según el consultor legal ambiental, Rodrigo Negret Montes, exasesor del MADS y profesor de la Universidad Externado: "estas utilidades se giran sin gravamen alguno y generan una gran presión sobre la cuenta corriente de la balanza de pagos".

Por su parte, el economista Luis Álvaro Pardo, al referirse a los mitos de la gran minería en Colombia desestima que sea el sector más importante de la economía y que mejore las condiciones de vida de los ciudadanos. En uno de sus informes para la fundación alemana Heinrich Böll, menciona como ejemplos a departamentos como Chocó y La Guajira, donde pese a ser sobresaliente la minería, persisten niveles de desigualdad sociales superior a la media nacional.

Son muchos los argumentos que cuestionan la megaminería en Colombia, aunque los grandes empresarios de las compañías multinacionales siguen pregonando "la minería bien hecha" y el Gobierno se mantiene aferrado a esta como generadora de ingresos para el país. Las comunidades entre tanto se mantienen en alerta permanente porque están convencidos que es mejor seguir cultivando la tierra o extrayendo los minerales de la manera artesanal como lo han venido haciendo por cientos de años. ¿Quién ganará este pulso?

 

Por María Luz Dary Ayala, ganadora del Premio Nacional de Periodismo Digital 2019 y estudiante del diplomado de periodismo digital de KienyKe y Universidad Pontificia Bolivariana.