Juan Restrepo

Ex corresponsal de Televisión Española (TVE) en Bogotá. Vinculado laboralmente a TVE durante 35 años, fue corresponsal en Manila para Extremo Oriente; Italia y Vaticano; en México para Centro América y el Caribe. Y desde la sede en Colombia, cubrió los países del Área Andina.

Juan Restrepo

Puebla y Sao Paulo, luz y guía del populismo

Hay clubes sociales, asambleas y compañías a los cuales es un honor no pertenecer, asistir o haber estado. Por ejemplo el Grupo de Puebla, un foro de la izquierda latinoamericana que presiden  José Luis Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper y Rafael Correa. No sé cuál de los tres resulta una compañía más tóxica y de un pasado político más impresentable.

Nada más saberse que el hijo mayor de Gustavo Petro aceptó que la campaña de su padre recibió financiación de dinero “caliente” y por fuera de los libros reportados, el Grupo se movilizó para señalar que “se están produciendo graves irregularidades… con la finalidad específica de dañar al presidente Petro”. Y recuerdan que éste ha ofrecido garantías al proceso, faltaría más que no las ofreciera.

En uno de los apartes de la declaración señalan los ex presidentes que quienes de tal forma actúan “legitiman escenarios de ruptura democrática que solo caben en sus mentes autoritarias”. Es decir, preocuparse por las denuncias de irregularidades hechas desde el círculo más cercano al presidente de Colombia es ser un renegado y un irredento golpista.

Esto me recuerda otro de los clubes regionales cuya membresía te hace acreedor al título de demócrata y progresista: el Foro de Sao Paulo, al que pertenecen Cuba, Venezuela y Nicaragua. Nacido como un pataleo de Fidel Castro por la caída del Muro de Berlín el foro languideció hasta que llegó Hugo Chávez a insuflarle vida con el dinero del petróleo venezolano… hasta que éste se acabó. Pero el Foro también ha seguido produciendo momentos memorables.

Por ejemplo, cuando el entonces vicepresidente español, Pablo Iglesias (líder estalinista del moribundo Podemos), durante la toma de posesión del presidente de Bolivia, Luis Arce, parió un manifiesto del progresismo latinoamericano  “en defensa de la democracia…, y alerta contra el golpismo de la ultraderecha”. Reparen ustedes: Cuba, Venezuela y Nicaragua alentandonos sobre el peligro que entrañan los de gobiernos de derecha. Por cierto, en esa movida también estaba Zapatero.

Me ha traído a la mente esta semana la existencia de estos dos “guardianes de la democracia” en América Latina no solo la alerta que nos hace el Grupo de Puebla sobre un “golpe blando” contra Petro en Colombia por parte de las fuerzas del mal, sino la advertencia que hizo hace días un integrante de la trilogía de exmandatarios arriba citada, Rafael Correa, a uno de los candidatos a la presidencia de Ecuador, Fernando Villavicencio: “Nuestra venganza será contundente”. Y tanto que al pobre Villavicencio lo mataron.

Fernando Villavicencio, periodista de profesión y político por convicción, no parecía tener muchas posibilidades en la contienda electoral del próximo 20 de agosto en su país, en donde parte como favorita la protegida de Correa, Lucía González. Pero la amenaza de Rafael Correa —de la que hoy debe haberse arrepentido— reflejaba el odio del expresidente a quien destapó un escándalo de corrupción que lo llevó a huir del país. Las investigaciones periodísticas de Villavicencio tuvieron como resultado, entre otras cosas, una condena a Correa a ocho años de cárcel, y el forzoso exilio en el que hoy vive en Bélgica.

Muy oportuna, pues, la amenaza de Correa para recordarnos de qué pasta están hechos los miembros del Grupo de Puebla y del Foro de Sao Paulo. Por cierto, muy diciente el hecho de que ninguno de los gobernantes iluminados por estos dos faros de progresismo se haya pronunciado ante el magnicidio de Quito ni ante el peligro que corre la democracia en Ecuador. El previsible triunfo de Lucía González alineará a los ecuatorianos en el festival de populismo de izquierda latinoamericana que tan brillante resultado está dando, por ejemplo, aquí en Colombia

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