Remberto Burgos de la Espriella

Médico Neurocirujano, miembro Academia Nacional de Medicina. Miembro Honorario Academia de Cartagena. Presidente Honorario Federación Latinoamericana de Neurocirugia.Expresidente Asociacion Colombiana de Neurociriugia.Especialista en Gobierno y Asuntos Públicos.

Remberto Burgos de la Espriella

Reforma a la salud: viacrucis

Hay indicadores usuales para medir el estado de salud de una región. Uno de ellos es la financiación (movilización, acumulación y asignación de recursos para cubrir las necesidades de la salud de la población). Cuando los países no pueden hacer las inversiones pertinentes, rompen sus sistemas de salud. Pero no solo por eso. En Latinoamérica, la corrupción y la gestión deficiente juegan un importante papel a la hora de poner en sala de emergencia al sistema entero. Tenga en cuenta este principio: salud quebrada indica que existe un rendimiento apropiado y adecuado del sistema, pero lo recursos no alcanzan. Significa esto que la plata es insuficiente para cubrir todos los gastos que se requieran y los países -también quebrados- no pueden invertir más de lo que han depositado en esa fuente de gastos.     

El caso de Perú es interesante. Destina al sector el 12 por ciento del total de su presupuesto. De 2000 a 2020 el gasto per cápita aumentó de 84 dólares a 389. Llegó la pandemia y puso en evidencia unas falencias en la administración y la asignación de los recursos relacionadas con malos manejos. Una lástima si se tienen en cuenta los avances que han logrado los peruanos: su esperanza de vida es de 77 años, la atención prenatal es de 84 por ciento, el 94 por ciento de los partos lo atiende personal calificado; la tasa de mortalidad prematura ha disminuido, al igual que la global por cáncer, y más del 80 por ciento de la población tiene completo el esquema de vacunación.

Muchos desafíos tienen por delante, entre ellos superar la segmentación y la fragmentación y disminuir en forma significativa el llamado gasto de bolsillo, porque un alto porcentaje del servicio de salud debe salir directamente del paciente (copagos o cuotas moderadoras). Siguen los peruanos buscando tres objetivos para el año 2030: mejorar los hábitos, asegurar la población a servicios generales y mejorar las condiciones de vida que generan vulnerabilidad.

Por el lado colombiano, nuestra reforma a la salud, que aún está bajo el conteo de protección, no tiene estudios de viabilidad financiera. El gobierno informa que no ha emitido un concepto fiscal y los expertos en el tema hablan de la necesidad de hacerlo. En el año 2033 se gastarían 12.78 billones de pesos y es temerario anunciarlo sin un sistema planeado de gastos. ¿De dónde saldrá el dinero? El sistema de información único en salud no existe, lo que genera múltiples e innecesarios costos. Es hora de tener uno estable para evitar duplicidad en la información.

Se han aprobado 82 artículos, quedan por discutir 61 y en los últimos dos debates en la Cámara de Representantes no se han pasado más de tres. Los congresistas tienen dudas sobre los costos. Se habla de 500.000 millones de pesos en el sistema de información.

Llamó la atención que los directores de las ISE (instituciones de salud del Estado) serían elegidos por los gobernadores y los alcaldes, cada cuatro años. Vea pues: la ramplona politiquería, a las que nos oponemos todos quienes conformamos el grupo de la salud. Temas trascendentales faltan y los veo cortos de tiempo: el papel de las ADRES (administradoras de los recursos del sistema de salud), la modificación de las EPS y el tiempo de transición.

En este ambiente de incertidumbre hay discusiones académicas que ameritan oírse y tenerse presente en el debate. En Cartagena, por ejemplo, sesionó el 13 Congreso de Gestar Salud, con conversatorios interesantes sobre la reforma. Entre las múltiples intervenciones sobre las inquietudes de las EPS surge una pregunta esencial: ¿cómo afectará el curso de la reforma a las EPS públicas? ¿Se acabarán? ¿Saben estos actores qué modificaciones deberán hacer para zapatear de acuerdo con los reglamentos de la nueva norma?

Por ahora, no se puede decir cosa diferente a que la reforma a la salud es un exabrupto de discusiones sin método y una dialéctica vacía de motivaciones. Los altos funcionarios presentes convenciendo con la promesa de puestos; los locales intentando alcanzar el número de votos, y los parlamentarios —la triste mayoría— tratando de sacar el mejor provecho regional para que alguna institución quede en sus manos. Ambiente hostil…

Diptongo: La reforma de salud: equivocada faena. Se debe retirar.60% de los colombianos en contra.

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Remberto Burgos de la Espriella
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