Salud mental y teletrabajo en tiempos de confinamiento preventivo

Publicado por: maria.vargas el Jue, 02/07/2020 - 15:29
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Por: Rodrigo Riaño.
Rodrigo Riaño

Durante esta contingencia sin precedentes que todavía sigue activa en diferentes países de Latinoamérica, el teletrabajo ha sido un factor común, y aunque diferentes encuestas e investigaciones muestran que las personas tienen una visión positiva acerca de trabajar en casa, la cuestión podría ser diferente cuando se trata de una condición que ocurre por obligación.

Cuando se teletrabaja desde el domicilio, normalmente, el trabajador ha organizado en conjunto con el acompañamiento de la empresa, el sitio específico donde desarrollará sus actividades. De esta manera el colaborador y la organización verifican condiciones técnicas, recursos tecnológicos, aspectos ergonómicos y se establecen los OKR (Objective, Key, Results). 

Por otra parte, es común que el teletrabajador que está en su domicilio tenga una proyección acerca de cómo conciliar la vida de su hogar, en caso de tener familia, posiblemente, ha considerado que la mayor parte de la operación laboral, la lleva a cabo en la jornada en donde los hijos están en la escuela y su pareja se encuentra laborando. De esta manera durante ese tiempo, da un seguimiento a sus tareas diarias, siempre visualizando los objetivos estratégicos de la organización.

El asunto, es que en medio de la crisis del COVID 19, un alto porcentaje de trabajadores, iniciaron actividades de manera remota por mandato, ya sea por decisión de los directivos de la empresa o por acciones gubernamentales, es decir, no hubo tiempo para la planeación señalada anteriormente, ni siquiera para valorar los aspectos relacionados con la ergonomía que es un elemento vital en temas de seguridad y salud en el trabajo.

De un momento a otro, en un hogar tradicional, de 2 padres y 2 hijos, se comenzaron a cruzar dos teletrabajadores “improvisados” y dos estudiantes que de manera remota acceden a sus clases. Al introducir estos elementos, las condiciones se hacen diferentes y no solo la salud física, sino la salud mental, comienzan a estar de alguna manera en riesgo. 

Una pregunta que podría surgir es ¿dónde está el riesgo?, si finalmente estamos rodeados de familia, la respuesta es que la carga de estrés puede elevarse, por razones como: 

  1. La red de Internet se hace más lenta mientras unas personas trabajan y otras tienen todos sus dispositivos móviles conectados a plataformas educativas, Netflix o Amazon Prime. El trabajador sufre entonces al no poder tener una buena interacción con sus coequiperos durante sus reuniones o simplemente porque no puede cargar sus archivos.
  2. Está la presión permanente de responder a temas propios del hogar, atender los hijos, o temas rutinarios como la comida en familia, el aseo del hogar o dedicar tiempo a las calamidades domésticas.
  3. Se genera de alguna manera ansiedad, ante el hecho de evitar que conversaciones familiares o simplemente el ruido que pueden hacer los demás miembros del hogar queden en los audios o videos de las juntas realizadas por videoconferencia.
  4. A todo lo anterior debemos agregarle que tanta tensión en medio de varios individuos que conviven en una cotidianidad alterada, puede llevar a que se presenten altercados y discusiones que sin duda tendrán un efecto en los estados emocionales de cada uno.

Adicionalmente, si no se estuviera en familia, también la soledad o la imposibilidad de cambiar de entorno (por ejemplo, ir a un café a conectarse desde allí para realizar sus actividades) pueden jugar en contra, haciendo que se presenten algunos signos propios de la afectación del estado de ánimo.

¿Qué podemos hacer?

Hay una serie de recomendaciones básicas que operan para cualquier caso de trabajo remoto durante esta contingencia, pero que pueden ayudar a disminuir la carga de estrés. Todas ellas, están orientadas a buscar un poco de control sobre la situación, de tal manera que nuestro cerebro, no perciba que hay muchos cabos sueltos y no genere las alarmas que desatan la sobrecarga de cortisol en nuestro torrente sanguíneo, llevándonos a tener tensión muscular, problemas digestivos y cambios en nuestras tasas cardiacas y respiratorias. Los consejos básicos son:

  1. Organizar muy bien el sitio de trabajo; no tiene que ser en aislamiento, sino que es más importante que tenga los recursos necesarios que nos ayuden a mantener en un punto alto nuestra eficacia percibida, es decir, que nos de la seguridad y tranquilidad de tener todo para realizar nuestras tareas de manera exitosa, cumpliendo con los tiempos establecidos.
  2. Tener claro las metas que se pueden lograr y cuales no, y comunicarlo con sus jefes y equipos. Esto ayuda a tener claras las expectativas y no afectar el estado de ánimo al proponerse objetivos no alcanzables y no cumplirlos.
  3. Es fundamental un cronograma de actividades, que incluya espacios para si mismo, ejercicio físico, tiempos para una alimentación sana, tiempo con la familia y amigos, así como actividades de relajación.

Pero si el estrés está relacionado con trabajar desde casa, en medio de una vida familiar “normal”, lo más importante puede ser la consciencia sobre las incomodidades que se pueden presentar. Si se trabaja con la premisa de que todo tiene que salir perfecto y que todo el tiempo la sensación debe ser de bienestar o confort absoluto, esto va a generar tensión. Se debe ser consciente de lo sui géneris de esta situación y la aceptación de este hecho debe ser colectiva. De esta manera programaremos nuestros cerebros para afrontar lo inesperado.

Todo lo anterior, son acciones que puede llevar a cabo el mismo individuo, pero el llamado a las organizaciones es tener claro estos factores y propiciar escenarios de promoción de la salud mental y la prevención de afectaciones emocionales entre sus colaboradores. Igualmente, los gobiernos, no pueden perder de vista este fenómeno, pues algunos se preocupan mucho por si las personas deben o no estar en confinamiento, pero es importante que lo dirigentes también tengan en cuenta que hay evidencias sobre cómo el estrés y la depresión son condiciones de alta prevalencia en la población mundial, que tienen la potencia suficiente para llevar a muchos individuos a la muerte.