Steve Jobs en microchips

Publicado por: maria.vargas el Sáb, 09/10/2021 - 08:23
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Por: Ignacio Arizmendi Posada.

Cuando Steve Jobs muere el 5 de octubre de 2011, hace ahora diez años, millones de personas le rinden un homenaje sincero. Coincidían con el comunicado de Apple aquel día: “El mundo es inmensamente mejor debido a Steve". Eran millones de clientes que en años distintos habían salido radiantes de miles de tiendas, en todos los países, con el Macintosh en sus manos, el Apple II, el iPad, el iPod, el iPhone, el iCloud… Por cosas así, por cosas de Jobs y otros, Apple llegaría a ser “la compañía más valiosa del mundo”. ¿Qué tal, entonces, recordar algunas de las cosas, de los “microchips” de este genio de los siglos 20 y 21?

Jobs nace de la relación de Abdulfattah Jandali, profesor sirio y musulmán, con Joanne Schieble, una alumna católica de posgrado, de origen alemán. Lo entrega en adopción a Clara Hagopian, ama de casa y empleada, hija de armenios, y su esposo Paul Jobs, mecánico y vendedor de automóviles restaurados. Lo bautizan Steven Paul Jobs. Por sus nuevos padres sabrá que es adoptado.

Clara le enseña a leer antes de ingresar a la escuela Monta Loma, de la que pasa al Instituto Homestead. Se interesa por Shakespeare y Platón, disfruta de El rey Lear y Moby Dick, de los poemas de Dylan Thomas, de la música, y le atraen las matemáticas, la ciencia, la electrónica.

De 17 años se matricula en el Reed College, una universidad privada. Paul y Clara intentan disuadirlo por costosa, y fracasan. A los seis meses se retira, insatisfecho con algunas de las materias y por no poder tomar otras, excluidas de la matrícula. Sin embargo, dado su talento, la institución lo deja de oyente durante varios meses.

• Por esos tiempos se obsesiona con la lectura de temas espirituales, iluminación y trascendencia, y con la meditación y el budismo zen, e intenta afianzar su vida interior con severas dietas vegetarianas, purgas y ayunos.

Sin titularse, en febrero de 1974 regresa a la familia, y halla trabajo en Atari, de técnico, a cinco dólares la hora. Quien no corre con suerte es el jefe, que no tarda en quejarse: “Este maldito hippy apesta”. Steve cree que su dieta vegana lo protege de los olores corporales, pero no es así. Tampoco lo protege de su mal talante: trata a los demás como si fueran unos “estúpidos de mierda”. Para evitar dificultades, lo asignan al turno de la noche… 

• En aquel año deja el empleo y se establece en la India, animado por el afán de averiguar “quién era yo y cuál era mi lugar”. Tras siete meses vuelve a su familia convertido a la fe budista, y lo admiten de nuevo en Atari. Y de nuevo lo asignan al turno nocturno…

• Se asocia con Stephen Gary Wozniak, “Woz”, casi cinco años mayor, para fabricar y comercializar una “cajita azul” que permitía hacer llamadas gratuitas a larga distancia. A la sociedad la denominan “Apple” (Manzana), nombre que le viene al regresar de podar unos manzanos en el campo. Cobra vida en abril de 1976 “en el garaje de mis padres cuando tenía veinte años”.  

• Siempre agradeció haber tenido vivencias que lo marcaron: repartir periódicos, entretener a niños en un centro comercial, montar shows sonoros para fiestas, dar mantenimiento a algunos equipos… Tomar de su padre los principios básicos de la electrónica; conocer los kits de la empresa Heath; visitar el terminal informático del Centro Ames, de la NASA, y la sede de Hewlett-Packard, donde ve por primera vez un computador de mesa, el 9100A, y trabajar en una línea de montaje. 

• Por otro lado, durante parte de sus estudios, consumir hierba, LSD y hachís, apetencias que compartió con su novia, la artista Chrisann Brennan, con la que tuvo una hija. Y, al carecer de habitación, dormir en el suelo de los cuartos de amigos, recoger botellas de gaseosas a cinco centavos para comprar comida, caminar descalzo o en sandalias de melena y barba, en el campus, y en la noche de los domingos recorrer 11 kilómetros hasta el templo Hare Krishna en busca de una buena cena. 

En la última de sus apariciones, vestido con jeans y jersey negro de cuello de cisne y zapatillas deportivas, se le ve casi esquelético: era el cáncer de páncreas que le arrebataba la vida, a la que había arribado el 24 de febrero de 1955.

Según Walter Isaacson, uno de sus biógrafos más calificados, “La historia consagrará a Jobs en su panteón justo al lado de Edison y Ford”. 


INFLEXIÓN. Eso huele bien…

Por: Ignacio Arizmendi Posada.

09/10/2021