Tengo esperanza

Publicado por: maria.vargas el Mié, 08/04/2020 - 12:37
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Por: Ancízar Villa.
Ancízar Villa

En una entrevista privada, un periodista cercano al Papa Francisco le pregunta si él es optimista en las actuales circunstancias; Francisco responde cercana, jovial pero contundentemente que a él no le gusta esa palabra, que prefiere tener esperanza. Y sí, la esperanza debe fundarse en el conocimiento de la realidad y sus contextos y en la confianza de que lo que hayamos hecho bien, debería traer consecuencias favorables para todos.

Yo tengo esperanza, por ejemplo, en que los ricos del país y del mundo, quienes han reaccionado solidariamente, unos más temprano que otros, entiendan que es mejor compartir la riqueza siempre y no exclusivamente en épocas de tensión y angustia y que no tiene sentido llenarse, hartarse, atesorar porque eso no le sirve ni a ellos ni a nadie. 

Y claro, que cuando posen de filántropos no estén pensando en recuperar lo que dan, de buena o mala gana, vía exenciones o beneficios tributarios, porque de hacerlo así estarían pecando doblemente: por mentirosos y por inconscientes. 

Tengo esperanza en que los bancos y entidades financieras comprendan que el dinero de los pobres no debe servir para ofrecerle créditos a los ricos, sino que tendría que usarse también para formalizar la economía, generar una cadena de valor constante al facilitar recursos a los más necesitados, no para que ellos cubran sus urgencias, sino para que alienten y financien sus sueños empresariales, estudiantiles o laborales, con tasas de fomento y no de usura, demostrando ahí sí que actúan con responsabilidad social constante y no para posarle a la cámara.

Tengo esperanza en que los gobernantes locales, departamentales y nacionales aprendan la lección que deja esta pandemia en el sentido de que las necesidades de la población se pueden atender más rápido, más eficientemente y sin distingos de partido o credo político. 

Que los recursos del erario público también pueden orientarse a favorecer emprendimientos, a impulsar las ideas productivas de campesinos, artistas y artesanos y que creerse bueno repartiendo subsidios es engañarse y engañar, porque la movilidad social solamente se logra con la acción comprometida del Estado y los ciudadanos, y ello implica, en primer lugar, invertir en educación de calidad en todos los niveles, y también, claro, que quienes estudian se dediquen a cultivar su inteligencia en adquisición de conocimiento útil y atractivo.

Tengo esperanza en que los parlamentarios, diputados y concejales ejerzan su función de control político basándose en el análisis realista de los actos de opinión y los hechos de gobierno de los gobernantes, y no como gallinas culecas, cacareando un discurso desgastado de partido o movimiento sin ideología, más apegado a rencillas ajenas, o basados en la ilusión de que les caigan migajas para saciar sus ansias de poder o de riqueza a costa de los tributos del pueblo.

Tengo esperanza en que los ciudadanos nos veamos como seres sociales, y, por ende, corresponsables del bienestar de los demás; comprender que mientras cada quien trata de resolver su vida individualmente, estamos dejando perder la oportunidad de crear sinergias que no solamente nos servirían para mejorar y facilitar nuestra vida, sino que nos harían más felices, menos egoístas, menos solitarios y más productivos, desde la perspectiva de conseguir no más riqueza económica, sino mayor utilidad social.

Tengo esperanza en que los medios de comunicación se interesen de ahora en adelante en acercar a los distantes, ayudar a encontrar puntos de encuentro para los enfrentados, a compartir historias de vida y no de muerte, a replicar acuerdos y no disputas, a valorar y promover las decisiones acertadas y no los errores, a entretener a los jóvenes con retos que toquen su agudeza mental y su creatividad y no lo vulgar, facilista o superfluo, a valorar más a quien mejor hace las cosas y no a quien más luce ante la pantalla.

Y tengo esperanza en que la escala de valores de nuestra sociedad y nuestro tiempo le pegue una revisada profunda a lo que entiende como imitable, deseable, importante, determinante, productivo y útil a favor de toda la humanidad, para que el pensamiento esté sobre el procesamiento, la creatividad por encima del entretenimiento, la ciencia primero que la ideología y la religión, la educación accesible al alcance de todos, los incentivos por encima de los subsidios, los creadores y el arte primero que el consumo y la simple distracción