El dominio de sí mismo

27 Julio 2022, 10:05 AM
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Creado Por
Armando Martí
El arte del dominio de sí mismo es el resultado de haber atravesado diferentes pruebas adversas, dolorosas, desafiantes y reveladoras a lo largo de la vida, que impulsan al encuentro de la auténtica esencia.

Nada de lo que pasa en la vida es culpa del destino. Cada acto cotidiano, afirmación o negación de los pensamientos nos pertenece.

Aceptar esta responsabilidad y dejar de culpar a Dios y a los demás de lo que nos ocurre, es la actitud más acertada y honesta para poder salir de la cárcel emocional y alcanzar la libertad interior.

Al no saber qué hacer ni como asumir las consecuencias de mis acciones, arriesgo la experiencia de iluminación interior. 

Dicha negación está basada en buscar el camino fácil de un proceso de autoconocimiento que en realidad implica sacrificios, disciplina y paciencia.

Para evadirlo preferimos poner nuestras decisiones en manos de consejeros emocionales, cientificistas o seudo científicos, maestros espirituales y gurús de moda.

La paz interior empieza a germinar cuando entendemos que Dios nos ama incondicionalmente como somos. Su deseo es que aprendamos a cuidar de nosotros mismos desde la amabilidad y la compasión, logrando la madurez espiritual que no es otra cosa que aprender el arte de vivir en armonía, dejando la manipulación y el control de la mente para buscar el equilibrio en el camino medio, sin exageradas expectativas, deseos y ambiciones en nuestra existencia.

El equilibrio del alma

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Estoy leyendo desde hace unos días algunos textos que resumen las enseñanzas de Buda Gautama, condensados en el libro del Dhammapada, escrito en el siglo IV d.C. a modo de antología de 423 versos, reconocidos como una obra maestra de la literatura budista temprana: 

“Somos lo que pensamos. 

Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos.

Con nuestros pensamientos creamos el mundo. 

Si hablas y actúas con una mente pura, 

la felicidad te seguirá. 

como tu sombra, inquebrantable.

¿Cómo puede una mente turbada comprenderlo?

Ni tu peor enemigo es incapaz de causarte tanto daño 

como tus pensamientos, si te encuentras desprotegido. 

Pero una vez que los dominas, 

nadie puede ayudarte tanto ni siquiera tu padre o tu madre.”

 

El dominio de sí mismo, así como también el conocimiento interior, nos refuerza la sensatez para entender que muchas cosas de las que habíamos aprendido e inclusive creído a “pie juntillas”, no son reales. Por eso, es el tiempo de desaprender estas creencias que nos hicieron cometer dolorosos errores. 

En mi caso, lo principal es reconocer que en algunas ocasiones no he sido el mejor en lo que he hecho, pero sí he sido “uno” de los mejores, en ciertos desempeños profesionales y sociales. 

Nuestra energía mental y física se desequilibra y se agota ante el concepto humano de la perfección. Para entender esto, tuvo que pasar mucha agua debajo del puente de mi vida. Por fortuna, hice varios altos en el camino con el fin de valorar el sentido de una conciencia en paz como esencia sanadora en la existencia. 

El arte del dominio de sí mismo es el resultado de haber atravesado diferentes pruebas adversas, dolorosas, desafiantes y reveladoras a lo largo de la vida, que impulsan al encuentro de la auténtica esencia. 

Conocerse a uno mismo, reitero es un proceso largo y de transformación constante, pues hemos aprendido a utilizar varios disfraces sociales que nos separan de la expresión de nuestros verdaderos sentimientos y distorsionan el carácter humano y espiritual con que fuimos creados. 

La verdad y la mentira habitan en la Tierra mucho antes que las palabras. Las especies se camuflaban para sobrevivir en lugares salvajes y agrestes. 

Hay realidades ocultas en las profundidades del inconsciente, esa caja de Pandora llamada mente, anidan heridas de infancia como traumas, abusos emocionales y sexuales, ira, resentimiento, rechazo y muchas otras emociones encubiertas. El descubrimiento interior es uno de los caminos más liberadores hacia el encuentro con el verdadero “Tú” renunciando al falso “Yo”. 

Sin prisa, pero con la firme y humilde convicción de seguir la guía de un Poder Superior y desde el lenguaje del corazón, podemos tener la oportunidad de sanar, perdonar, aceptar y liberar todo este peso existencial, reconociéndonos como seres vulnerables, pero aceptados y unidos al amor incondicional del universo. 

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Uno de mis autores favoritos es Ramiro Calle, especialista en meditación, psicoanálisis y psicología oriental, y quien es autor de cientos de libros y artículos. Él ha recorrido todo el oriente para compilar uno de sus textos titulado: “Los mejores cuentos espirituales para la vida diaria”, Editorial Kailas, (Madrid, España). Entre más de 100 cuentos que leí, este que hoy les comparto, fue uno de los más sencillos, pero contiene muchas claves para resolver y entender nuestros problemas cotidianos:

“El discípulo y el maestro van caminando por el campo. De súbito el discípulo pregunta: 

- Maestro, ¿cómo puedo hacer para entrar en la vía?

- ¿Oyes el rumor del torrente? – pregunta el discípulo.

- Sí.

Y el maestro dice:

- Ahí está la puerta.”

Reflexión: La puerta está en todas partes y en ninguna. Muchas veces damos y damos vueltas alrededor de la casa (la casa de la sabiduría y el sosiego) y no hallamos la puerta, pues la pasamos de largo por nuestra ignorancia, impulsividad, confusión, apego y miedo. La puerta nunca ha dejado de estar abierta y lo que faltaba era nuestra visión clara para hallarla y nuestra valentía para recorrer el camino hacia el dominio de sí mismo

Una vida valiente es una vida serena

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Hace muchos años, mi abuelo el Ingeniero Civil Campo Elías Chavez, cada vez que terminaba algunos proyectos de la construcción de algunas vías en nuestro país, me hacía repetir estas palabras que me sirvieron como apoyo emocional: “Vida honesta y ordenada, usar de pocos remedios y emplear todos los medios de no preocuparte por nada. La comida moderada, ejercicio y diversión. Poco encierro, mucho trato y constante ocupación. Alegrarse en ayudar y muy poco criticar, para una vida en paz poder gozar”

Estas sencillas palabras nos ayudan a entender la realidad de la existencia con calma, y a enfocarnos en conseguir que nuestras metas y objetivos estén basados en la buena intención, pues los frutos reales de nuestro esfuerzo se pueden ver reflejados en nuestros recursos económicos, así como también en nuestra salud integral.

Es importante acrecentar nuestro capital emocional a través de la ley de resonancia puesto que en la medida que brindemos amor y compasión, esa misma energía será automáticamente dirigida hacia nuestro propio interior, con el fin de volvernos dueños de nuestros actos y decidir un mejor destino. 

El mundo actual está cambiando rápidamente por la inusitada globalización digital, la cual está acercando razas, nacionalidades, religiones y culturas que se pueden convertir en elementos que nos unan como hermanos o nos separen. Nuestra responsabilidad es decidir hacer el bien, para transformar este mundo delirante en un sitio donde podamos vivir en paz y armonía. 

Esa capacidad de dominio interior, se fortalece a través de la meditación, la oración y la reflexión. Nunca evadiendo la realidad con distractores externos sino por el contrario, viviendo la vida con sus confrontaciones, problemas y desafíos. Tenemos una insospechada capacidad intelectual y espiritual para superar cualquier prueba, desafío, dolor o situación que la vida nos traiga. 

Finalmente, quiero compartir como Logoterapeuta las palabras del fundador de esta ciencia el Neurólogo y Psiquiatra Viktor Frankl (1905 – 1997), quien fue confinado en el tenebroso campo de concentración Nazi de Auschwitz, y que logro sobrevivir a esta pesadilla a través de su férrea voluntad y dominio de sí mismo al afirmar esta inmortal frase: “¡Sí a la vida, a pesar de todo!”. A continuación, un fragmento de su ejemplarizante testimonio:  

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. Y allí, siempre había ocasiones para elegir. A diario, a todas horas, se ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, decisión que determinaba si uno se sometería o no a las fuerzas que amenazaban con arrebatarle su yo más íntimo, la libertad interna; que determinaban si uno iba o no iba a ser el juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad, para dejarse moldear hasta convertirse en un recluso típico.”

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