Semana Santa: Jesús y los dilemas del mundo moderno

Publicado por: david.palencia el Lun, 29/03/2021 - 08:43
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Creado Por
Armando Martí
La verdadera fe es un regalo que Dios nos da libremente. Por eso, podemos aceptarla o rechazarla, pues somos nosotros a través de las acciones quienes a la larga decidimos el destino.
Créditos:
Lino Yamin

Vivimos en una era de pensamiento racional, conocimiento científico y diversidad cultural que nos ayudan a comprender y controlar el mundo material, pero dejan muchos cuestionamientos en el ámbito espiritual. Las cosas del mundo material no pueden invalidar las verdades de la fe ni la fe invalidar las verdades del mundo material. 

No hay conflicto entre ambos. La verdadera fe es un regalo que Dios nos da libremente. Por eso, podemos aceptarla o rechazarla, pues somos nosotros a través de las acciones quienes a la larga decidimos el destino. 

En todas partes y a nuestro alrededor hay pandemia, guerras, corrupción, manipulación, envidia, violencia, adicciones, prejuicios, crímenes, explotación y diferentes tipos de sufrimiento. ¿Cómo mantener la fe en un mundo tan enfermo y desequilibrado?

Si hablamos de Jesús, él simplemente nos llama a mirarnos interiormente y a reconocer nuestras debilidades al dejarnos influenciar por una sociedad frenética y desbordada debido al consumismo, que, a su vez, está basado en el egoísmo y la ambición.

La voz del Terapeuta y Escritor Armando Martí para la sección Konciencia de KienyKe.com. Escúchalo, disfrútalo y compártelo:

Desde mi humilde opinión, Jesús es el Maestro de maestros en toda la historia universal. Además, es un ejemplo de renovación, pues como ser humano murió en la cruz denunciando a los amos del mundo de aquella época y a su poder político, económico y militar para resucitar por encima de las intenciones del mal desde la amorosa luz de un Cristo que con su sacrificio redimió a la humanidad.

El fruto de esta acción abrió las puertas hacia una nueva alianza con Dios, reforzando el camino de la fe basado en la experiencia íntima y personal que puede ser comprobada por la inteligencia racional, emocional y espiritual.

Jesús gestiona y aplica en su vida y en la de los demás, nuevas opciones para ser vividas por cada uno de nosotros desde el amor y la compasión. 

Jesús nunca nos haría daño ni nos condenaría a los fuegos eternos, pues “Él es el amigo que nunca falla” y lo más importante, nos enseña a amarnos a nosotros mismos para encontrar el auténtico sentido de la misión en nuestras vidas, que, en mi sentir, es el del servicio a los demás.

Jesús es el faro de paz para un mundo moderno lleno de oscuridad y temor. Está más allá de cualquier maestro, gurú, iniciado, mago o avatar, debido a que ninguno de ellos le fue otorgada su misión espiritual directamente por el Padre, ni tampoco fueron ascendidos en cuerpo y alma regresando de la muerte. Como sí sucedió con el Mesías quien tuvo nacimiento, renacimiento y resurrección. 

Pero, ante todo, nos dejó el mayor remedio de la historia para superar los dolores y culpas a través del amor y el perdón: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.”  (Juan 13:34). 

A lo largo de mi vida, he tenido muchas experiencias personales e íntimas con Jesús el Maestro del Amor, quien me ha ayudado a recuperarme de mis desaciertos que causaron algunas de mis más oscuras noches. Por eso, el primer deseo que tengo al despertarme cada mañana es el de agradecer la maravillosa compañía de Jesús en mi vida. 

Por: Armando Martí