Por Carlos Salas
Pasar de un campo árido a otro fértil con solo dar un paso es lo que considero el milagro producido con la llegada del Tigre al poder en Colombia.
El panorama ha cambiado porque nuestro ángulo de visión se amplió. Donde antes solo veíamos desastres y calamidades, sin ninguna opción aparente, ahora, desde una nueva posición, vemos oportunidades. Así quedó demostrado con la manera como el Gobierno asumió la reconstrucción luego del terremoto.
El Chocó y las oportunidades después del terremoto
Me alegra inmensamente que al sufrido departamento del Chocó se le abra un futuro de crecimiento, bien merecido por sus riquezas humanas y naturales, su privilegiada ubicación y ese despertar después de siglos de letargo. Visto desde este nuevo punto de mira, su enorme potencial minero, agrícola, turístico y cultural puede convertirse en una oportunidad extraordinaria.
Marco Rubio, Trump y el gobierno de Abelardo de la Espriella
La visita de Marco Rubio es una señal muy positiva para las aspiraciones del presidente de la Espriella de construir la Patria Milagro. La manera simpática como manifestó que el presidente Trump es “un fanático del Tigre” demuestra que las relaciones comienzan de una manera cálida y amistosa. Si a esto sumamos unos índices de favorabilidad del 72,4 %, queda claro que el Gobierno comienza con el pie derecho.
Mientras los colombianos estamos atentos a la caída de las cabezas de los grupos narcoterroristas y nos regocijamos con cada operativo exitoso de las Fuerzas Armadas, cada ministerio está prendiendo motores. Los buenos resultados, seguramente, los veremos muy pronto.
La relación entre Colombia y Estados Unidos
De una coyuntura como la presente hay que sacar el mayor jugo. Los quince meses restantes de la presidencia de Trump deben significar para nosotros multiplicar por quince este extraordinario mes de inicio del Gobierno del Tigre. Si la suerte nos sigue acompañando, veremos a Marco Rubio dirigiendo los destinos de América.
La mirada de Carlos Salas sobre Estados Unidos y América Latina
Mi generación creció bajo el espectro de unas revoluciones que se pretendían antiimperialistas y que señalaban a los Estados Unidos como la mayor amenaza para la soberanía de nuestros pueblos. Cuba se entregó a la Unión Soviética, como si eso no fuera una muestra clara de pérdida de soberanía. Desde allí, los tentáculos siniestros del comunismo expansionista llegaron a cada uno de los países de nuestra región y, muy especialmente, a Colombia, lo que nos costó sangre, pobreza y atraso en todos los campos.
La inacción de los presidentes estadounidenses desde la crisis de los misiles les dio vía libre al fortalecimiento de las guerrillas comunistas en la región. Esta situación se mantuvo hasta el nefasto gobierno de Biden, que propició, a mi juicio, el ascenso de la extrema izquierda en Colombia.
Se requirió el regreso providencial de un Donald Trump, esta vez dispuesto a no dejarse amedrentar por la oposición, decidido a hacer del mundo un lugar más seguro y con especial interés en América, entendida como un continente en el que Estados Unidos deje de mirar a sus vecinos del sur como su patio trasero.
Una mirada histórica a la relación con Estados Unidos
Para la Reunión Panamericana de 1948, Marshall vino a Colombia con la intención de implementar un Plan Marshall similar al de la Europa de posguerra y la Unión Soviética, con sus sicarios que asesinaron a Gaitán, logró echar para atrás un plan que habría abierto una oportunidad de progreso.
Esa oportunidad se nos presenta de nuevo, con la suerte de contar con un Tigre que demuestra cada día su intención de sacar adelante un país que se merece un mejor futuro.
A cada uno de nosotros nos corresponde poner nuestro granito de arena.
Que se inicie nuestro siglo XXI en este 2026 y recuperemos un cuarto de siglo desperdiciado.
Como el Chocó, cada región del país es un campo de oportunidades.
