Bajo mi perspectiva me atrevo a decir, sin ningún reparo, que la semana de la moda en Bogotá se caracterizó básicamente por tres componentes: trayectoria, talentos en todas las áreas y unicidad hacia la excelencia. Elementos que, enmarcados en un porcentaje, considero, no alcanzaron el 50% en esta versión de Bogotá Fashion Week.
En el evento fueron evidentes desaciertos tales como: una logística densa, que dificultó los accesos; multitudes que seguro fueron producto de la venta de boletas, un tema que, al parecer, no sólo aplica para espectáculos pues aquí quedó demostrado; el desastre de producción, nada más y nada menos que en la pasarela de cierre.
Si tenemos en cuenta el gran esfuerzo que hicieron directivas, patrocinadores, diseñadores, talento local y expositores; el resultado fue algo desilusionante. Y es que para mí, el odio resulta como consecuencia de la pésima logística que nos acompañó gran parte de esta semana.
Por mencionar algunas de las situaciones incómodas que vivimos, puedo referirme a la apertura del evento, en el que la logística opacó el inicio del mismo. Adicional a esto, durante el lanzamiento de una de las pasarelas de la diseñadora icono de la moda, Amelia Toro, algunos de los miembros que apoyan a los medios en el área audiovisual (camarógrafos y fotógrafos) no tuvieron las condiciones óptimas para llevar a cabo el cubrimiento de esta importante puesta en escena. Cabe resaltar que la diseñadora logró demostrar la esencia de sus creaciones.
Inevitablemente, la semana de la moda en Bogotá cometió uno de los errores más significativos: no cerrar con broche de oro, puesto que la pasarela de cierre se vio ensombrecida, primero por la repetición de un desfile y, segundo, por la falta de comunicación y coordinación del personal logístico, al retirar un elemento que era parte de la escenografía. Finalmente, el inconveniente con el sonido y la planta, resultaron en un completo desastre. La decepción no solamente fue por la pésima logística, sino por el resultado inconcluso de un evento de tal envergadura, lo cual, es imperdonable.
