Así avanza el plan para descontaminar el río Bogotá

23 de agosto del 2019

Es uno de los afluentes los más contaminados del mundo.

Así avanza el plan para descontaminar el río Bogotá

Foto: Anadolu

En el páramo de Guacheneque del municipio de Villapinzón (Cundinamarca) hay una cristalina y helada laguna sobre la cual dice la leyenda que hace siglos fue utilizada por indígenas para sus partos. Ese cuerpo de agua pura es el punto de nacimiento de uno de los ríos más contaminados del mundo, que ahora busca su recuperación: el río Bogotá.

Las condiciones óptimas de la laguna, rodeada de frailejones y la frescura del páramo, contrasta con el estado del río cuando finaliza su recorrido y desemboca en el río Magdalena, en el municipio de Girardot (Cundinamarca).

Al llegar al Magdalena, el río se encuentra vencido por la contaminación causada por las descargas de aguas industriales y domésticas recibidas en su recorrido de 347 kilómetros, por Bogotá y 46 municipios aledaños a la capital.

“Yo entrego 11 kilómetros de río puro potable que se desprende a 17 acueductos veredales, entre ellos cuatro municipales. Está sin contaminación. En ese recorrido no hay actividades mineras, ni de cultivos, ni de ganadería”, afirmó Vidal González a la Agencia Anadolu, un hombre conocido como el guardián del páramo de Guacheneque, que lleva 29 años como cuidador del nacimiento del río Bogotá.

Los 11 kilómetros de los que habla Vidal González son los únicos en los que el río permanece sin contaminación. “En este punto podemos tomarnos un vaso de agua y no nos va a pasar nada”, afirma.

El guardián pide protección para el páramo y a sus turistas les exige abstenerse de botar basuras, fumar o arrancar la vegetación de la zona.

“Toda esta vegetación es una bendición. Es el caso de los frailejones, los musgos, los líquenes. Todas esas plantas van absorbiendo el agua, y la van soltando poco a poco en el verano. Eso es lo que forma la laguna y los afluentes”, detalló González, de rostro rojizo curtido por el clima del páramo, ubicado a 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar.

El río, al llegar a los municipios de Villapinzón y Chocontá, recibe las primeras descargas de agua de las actividades domésticas de sus pobladores y de las curtiembres que se encuentran en la zona. Nunca más el río vuelve a recuperar la pureza con la que nace en la laguna.

Luego, el río pasa por municipios con poblaciones de miles de personas como Chía (con 133.000 habitantes), Sopó (con 28.500), Cajicá (59.200) y Cota (32.000). Antes de tener contacto con Bogotá (7.200.000 habitantes), el río está afectado pero no presenta trazas marcadas de contaminantes. Sin embargo, al salir de la ciudad y del municipio de Soacha (900.000 de habitantes) su panorama es desolador.

Después de pasar por Soacha el río ha tenido que soportar las descargas de más de 8.000.000 de personas. Esto sin contar con la contaminación de las industrias y las toneladas de basura y escombros que aún llegan a su caudal, como inodoros, partes de carros o muebles. Incluso se han encontrado 19 cadáveres en su cauce desde 2013, cuatro de ellos hallados desde el pasado mes de octubre.

Al salir de Soacha, los parámetros fisicoquímicos del río son alarmantes. El oxígeno disuelto del río se encuentra en 3.8 miligramos por litro (mg/L) al llegar a la cascada del Salto del Tequendama.

El cauce recupera una pequeña cantidad de oxígeno hasta llegar a un indicador de 7.8 mg/L luego de su paso por el Salto del Tequendama, un respiro que en su cuenca baja se desvanece cuando el dato llega a los 0,6 mg/L.

El río llega a los bajos registros de oxígeno disuelto luego de recibir la descarga de afluentes contaminados que ocasionan prácticamente su muerte, según parámetros establecidos por la Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca, que en conjunto con autoridades locales buscan su recuperación.

La estrategia para salvar el río

El río Bogotá recibe cerca de 800 toneladas diarias de residuos y unos 16.000 litros de aguas residuales por segundo, de las que solo una cuarta parte son tratadas en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) El Salitre, construida hace más de dos décadas y ubicada al noroccidente de la ciudad en la calle 80, en el desvío hacia la localidad de Suba.

La PTAR de El Salitre, además, solo tiene capacidad para tratar cuatro metros cúbicos de agua por segundo de los siete que bajan al río. La planta no es suficiente.

Ante esta catástrofe ambiental y ecológica, el Consejo de Estado de Colombia ordenó, en marzo de 2014, tomar medidas para recuperar el río y evitar su contaminación. El fallo incluyó a varias entidades como la CAR, que adelanta planes para salvar el cauce.

Una parte de la estrategia de la CAR consiste en restaurar el ecosistema en Guacheneque, que está afectado por actividades agrícolas.

La CAR también lidera obras de adecuación hidráulica y de dragado donde se extraen lodos y basuras del fondo del río, y acciones para mitigar y disminuir los riesgos por inundaciones y desbordamientos.

Rodrigo Gutiérrez, profesional especializado de la CAR, le indicó a la Agencia Anadolu que las obras se han realizado en 68 kilómetros donde el río es ahora navegable. “Ya sacamos sedimento y se hizo la adecuación hidráulica en esta área”, sostuvo.

El tramo navegable se encuentra entre las compuertas de la zona de Alicachín en Soacha, hasta el Puente de La Virgen, ubicado en la vía que conecta la localidad de Suba en Bogotá con Cota, donde se retiraron más de 8.000.000 de metros cúbicos en sedimentos y residuos que habían sido arrojados durante décadas al río.

Las megaobras en marcha

La recuperación del río Bogotá incluye la ampliación de la PTAR de El Salitre y la construcción de una PTAR llamada Canoas en Soacha. Las dos obras son consideradas como los pasos más contundentes en la estrategia para salvar el cauce.

David Castañeda, ingeniero ambiental y sanitario del Fondo de Inversiones Ambientales del Río Bogotá (FIAB), aseveró que la PTAR de El Salitre quedará terminada y lista para ejecución en 2021. Indicó que la obra abarcará el 30% de las aguas residuales de la capital. Detalló, además, que con la PTAR Canoas se buscará cubrir el 70% restante de las aguas residuales de la ciudad.

“Con las PTAR se espera que las aguas residuales domésticas de la ciudad puedan ser abarcadas en su totalidad para que sean tratadas”, detalló Castañeda a la Agencia Anadolu.

Para que el río se beneficie del tratamiento de aguas de las PTAR, hacia 2025 cuando ambas estén en operación, Castañeda mencionó que debe haber una acción conjunta con las demás entidades del distrito para que todas las aguas residuales de la ciudad lleguen al alcantarillado de Bogotá.

“Hasta que todo el alcantarillado no sea regulado de nada va a servir que tengamos dos PTAR de última generación”, mencionó Castañeda para quien también es necesaria la regularización de las industrias que contaminan con sus desechos el río.

La adecuación de la PTAR El Salitre inició en abril de 2017 e incluye la construcción de un parque metropolitano de 23 hectáreas para uso ambiental y deportivo en un terreno que anteriormente era un vertedero.

Juan Jesús Núñez, jefe de disciplina civil y arquitectura de la PTAR El Salitre, explicó que la nueva etapa de la planta tendrá capacidad para tratar siete metros cúbicos de agua por segundo.

Núñez mencionó, además, que la PTAR del Salitre tratará las aguas de las personas que viven de la calle 26 hacia el norte en Bogotá.

El resto de las descargas residuales, sostuvo Núñez, serían las tratadas por la PTAR Canoas, que tendrá la capacidad de recibir 16 metros cúbicos de agua por segundo.

La CAR, además, financia la construcción de pequeñas PTAR para algunos municipios que hacen parte de la cuenca del río, para que cada población tenga un sistema adecuado de tratamiento de aguas como el que se aspira a tener, desde 2025, en Bogotá.

La autoridad ambiental insiste en que todos los esfuerzos para descontaminar el río requieren del compromiso de las poblaciones por mantenerlo limpio y pide que no se talen los árboles en sus inmediaciones, ni se hagan captaciones ilegales de agua, ni se depositen residuos domésticos e industriales en su cauce.

Por Sergio García y Diego Carranza.-

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