Así entiende un británico la polémica de los estratos en Colombia

Así entiende un británico la polémica de los estratos en Colombia

14 de noviembre del 2014

El programa del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, que busca construir viviendas de interés prioritario (VIP) para la población víctima de la violencia en una zona de estrato seis de  la capital, puso a la opinión pública -una vez más -a hablar de un tema que aunque siempre ha estado en el ambiente, plantea una polémica que tiene que ver con las clases sociales. Lea también: ¿Les gustaría a los del Chicó Sur vivir en el Chicó del norte?

A propósito de esto, el periodista británico Arturo Wallace, corresponsal en Colombia de la BBC, escribió un texto en el que explica “cómo los colombianos hablan de sí mismos divididos en clases sociales.”

El comunicador cuenta: “Tenía aproximadamente un mes de vivir en Colombia cuando por correo me llegó la certificación de que, al menos en lo que a Bogotá se refiere, yo soy estrato cuatro.”

Aunque recuerda que ese escalafón  no se aplica a las personas, sino a las viviendas, para los colombianos “también es un recordatorio constante del lugar que cada uno ocupa –o se supone que debe ocupar– en la sociedad.”

En su artículo, Wallace cita a la vicerrectora de Investigación de la Universidad Javeriana quien explica que “el poder clasificatorio de la estratificación marca la identidad de los colombianos al punto de que, cuando se busca compañía, el estrato se coloca (en los anuncios personales) al lado del sexo, la contextura física o la edad”, agrega que esta es “la forma predominante como los bogotanos y colombianos urbanos en general piensan el orden social.”

El periodista le explica a sus lectores que “los habitantes de las viviendas más humildes –clasificadas en estratos del uno al tres– pagan los servicios por un valor menor de lo que realmente cuestan. Y con las casas más lujosas pasa todo lo contrario.” Sobre este particular, dice, “las viviendas de estrato cuatro –como mi apartamento– pagan los servicios a su costo real.”

La especialista con la que dialoga Wallace indica que “la ley dice que son las residencias las que están estratificadas, pero se ha generalizado que se piense que lo que está estratificado son las personas.”

El texto, que refleja una realidad de la sociedad colombiana, señala que la gente también ha terminado asociando estratos con comportamientos, actitudes y hasta valores particulares.

Narra por ejemplo expresiones que ya hacen parte de una jerga lingüística nacional: “No es extraño escuchar, por ejemplo, en tono de reproche, expresiones como “¡Se le notó el estrato!”, para denunciar un comportamiento considerado vulgar o inadecuado.

Y todavía recuerdo una conversación, capturada al aire en un bar “estrato 18” del norte de Bogotá, en el que unas amigas comentaban escandalizadas la relación de un compañero de clase con “una noviecita estrato tres”.

El corresponsal de la BBC explica que “los colombianos emplean estas y otras hipérboles –como “estrato 00″– para referirse a los extremos de una sociedad que todavía figura entre las más inequitativas de todo el planeta.”