Joanna se dio cuenta que era distinta al resto de las adolescentes de 16 años porque no podía tener relaciones sexuales con su pareja porque eran muy dolorosas. La joven de origen griego relata que esto le causó una gran depresión, sin embargo, desconocía cuál era su padecimiento.
Su vida cambió drásticamente cuando le fue diagnosticado un extraño trastorno congénito denominado agnesia vaginal, también conocido como el síndrome de Rokintansky, el cual es padecido por una de cada cinco mil mujeres, y que se caracteriza por la ausencia de vagina, útero y cuello uterino.
Sin embargo, los rasgos externos de la vagina como la vulva y los labios existen, pero no el conducto vaginal.
Un año después de ser diagnosticada, Joanna se sometió a una cirugía para reconstruir su vagina y poder tener relaciones sexuales, estando siete meses incapacitada.
No obstante, al poco tiempo tuvo que ser intervenida quirúrgicamente de nuevo, pues su vagina aún era muy estrecha, lo que le impedía tener relaciones sexuales placenteras.
No obstante, su drama no paró ahí. A los 21 años de edad fue muy frustrante para ella cuando su prometido la dejó al enterarse de su padecimiento.
Diez años después de descubrir el raro padecimiento con el que nació, Joanna afirma que ya no le da vergüenza hablar del tema, que le causó desespero y culpa. Sabe que no podrá tener hijos por lo que hace planes a futuro de buscar otras alternativas.
