En las legislativas del 8 de marzo, un proyecto llamado Gaitana IA impulsa candidaturas al Congreso con apoyo de inteligencia artificial (IA) y un esquema de decisión colectiva en línea. Postula a Carlos Redondo, ingeniero mecatrónico, como aspirante al Senado por la circunscripción especial indígena, y a Alba Rinco, antropóloga de la comunidad emberá, como candidata a la Cámara de Representantes.
El proyecto se presenta como una “democracia digital participativa” donde el candidato actúa como ejecutor de decisiones comunitarias tomadas en una plataforma.
El punto de fondo
La idea no es inscribir una IA como candidata. El candidato es una persona formalmente inscrita y responsable ante el sistema electoral. La tecnología entra como método para recoger decisiones y documentarlas.
El equipo cuenta que el Consejo Nacional Electoral (CNE) rechazó inicialmente la propuesta por considerarla inconstitucional. Luego, ajustaron el diseño a un modelo híbrido que sí fue aprobado. Un candidato humano se inscribe y se compromete a votar en el Congreso según el resultado de votaciones hechas en la plataforma.
¿Cómo funciona la “democracia digital”?
El esquema, según Redondo, opera por pasos. Cuando el Congreso va a votar una reforma, un operador sube el proyecto a la plataforma. La IA lo resume y lo traduce en piezas de lectura rápida, incluidas infografías. Con ese insumo, la comunidad vota y construye una posición.
La promesa central es de disciplina. El candidato dice que votará conforme a esa decisión. Redondo lo plantea como una forma de trasladar al Congreso el método de consenso que, según su relato, vio en liderazgos comunitarios donde pesa menos el “ego del personaje” y más el acuerdo entre cabildantes.
¿Qué tecnología usan y para qué?
Uno de los pilares es dejar rastro de cada decisión en una cadena de bloques (blockchain), específicamente en la red Ethereum. El argumento es de trazabilidad. Si la votación queda registrada, se puede verificar qué se decidió y cuándo.
En redes, Gaitana IA se representa como una figura digital con piel azul, atuendo tradicional y plumas. Esa figura se expresa con una voz sintética generada por IA. La organización también opera como fundación de formación tecnológica. Sus promotores dicen que más de 25 jóvenes indígenas han sido capacitados en IA y que decenas participan en el desarrollo del proyecto.
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¿De dónde salió y qué buscan en campaña?
El proyecto nació, según Redondo, hace cerca de dos años en una zona rural del norte del país. Empezó como una plataforma para que jóvenes de consejos comunitarios decidieran, con votaciones digitales, el destino de presupuestos locales. La IA resumía propuestas y ordenaba la discusión para facilitar decisiones colectivas.
Luego el equipo buscó llevar el modelo al Congareso. Redondo afirma que arrancaron “20” personas y ahora participan unas 95 en procesos de cocreación tecnológica. También sostiene que, aunque existen iniciativas políticas apoyadas en IA en otros países, no ha visto un esquema igual en el que un legislador se comprometa a votar de acuerdo con una plataforma.
Redondo afirma que cualquier ciudadano puede votar por las circunscripciones indígenas si solicita el tarjetón correspondiente el día de las elecciones. Si el proyecto logra curul, la participación en la plataforma quedaría dirigida primero a quienes se registren y pasen un proceso de verificación.
