Paloma Susana Valencia Laserna (Popayán, 1978) llegó a la candidatura presidencial como una figura que mezcla dos mundos que rara vez conviven sin fricción: el de la política de apellido y el de la política de micrófono. Nació en una ciudad donde el linaje pesa y la historia se discute en voz alta, y creció en una familia con tradición política y académica: es nieta del expresidente Guillermo León Valencia y de Mario Laserna, fundador de la Universidad de los Andes.
De Popayán al Capitolio: una biografía marcada por la palabra
Antes de ser senadora, Valencia construyó un perfil más asociado a la opinión que a la burocracia. Estudió Derecho y Filosofía en Los Andes, hizo una especialización en Economía en la misma universidad y luego una maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York.
En su trayectoria aparece, además, una etapa corta en entidades del Estado (Procuraduría y Planeación Nacional) que suele mencionarse como su “antes” institucional, previo a consolidarse en el Congreso. La política electoral, en cambio, fue un camino de insistencias: tuvo una candidatura a la Cámara en 2006 que no prosperó y, años después, se subió al carril del Centro Democrático, partido en el que es senadora desde 2014.
La Paloma pública: oposición, comisiones y un sello reconocible
Su carrera legislativa se ha desarrollado en espacios donde se define el “esqueleto” del Estado: la Comisión Primera y otras instancias del Senado relacionadas con derechos humanos y paz. Desde ahí, su perfil se volvió uno de los más visibles del Centro Democrático, con un discurso recurrente sobre seguridad, justicia, energía y control institucional.
Esa visibilidad también la convirtió en una figura que polariza: para sus seguidores, representa claridad ideológica y disciplina; para sus críticos, un estilo confrontacional que se alimenta del choque permanente. La victoria en la Gran Consulta por Colombia, en ese sentido, le deja un desafío inmediato: conservar su identidad sin quedar encajonada en el electorado más duro de la oposición.
La Paloma privada: maternidad y el costo cotidiano de la política
En medio de esa carrera pública, Valencia también ha puesto sobre la mesa un costado menos político y más doméstico: es casada y madre, y ha hablado de su hija, Amapola, como el punto fijo que le ordena la vida en una rutina que casi nunca se parece a una rutina. En esas referencias aparece una Paloma menos de tarima: la que describe lo que implica viajar, moverse con escoltas, trabajar fines de semana y criar al tiempo. Esa dimensión importa porque ayuda a entender por qué, incluso cuando su discurso es duro, suele buscar un registro personal para conectar: el lenguaje de familia, de crianza, de “vida real”.
Escritura y política: una candidata que también se narra
Su formación en escritura creativa no es un adorno curricular: se nota en cómo construye relatos y en la insistencia por controlar la narrativa propia. Eso la ha hecho eficaz en formatos de entrevista y debate, pero también la obliga a un equilibrio delicado: una campaña presidencial requiere contar historias que movilicen sin que parezcan ensayadas, y responder a preguntas concretas sin refugiarse en la discusión técnica o en la pelea retórica.
¿Qué significa su victoria?: el reto de ampliarse
Ganar la Gran Consulta por Colombia la pone, de entrada, como una candidata con estructura partidista y reconocimiento nacional, pero no resuelve la pregunta más difícil: cómo se vuelve mayoría. Su candidatura tendrá que sumar por fuera del Centro Democrático, administrar la convivencia con aliados que no comparten todo su libreto y aterrizar su discurso en preocupaciones que no siempre pasan por el Capitolio: costo de vida, seguridad urbana, empleo e ingresos.
