Hoy Colombia abre un nuevo capítulo de su historia.
Hoy asume la Presidencia de la República Abelardo de la Espriella. Más allá de las diferencias que toda democracia genera, este es un momento que nos invita a mirar hacia adelante, a recuperar la esperanza y a creer, una vez más, en nuestro país.
La posesión de Abelardo de la Espriella marca una nueva etapa para Colombia
Hoy no queremos hablar de vencedores ni de vencidos. Queremos hablar de Colombia. De esa Colombia trabajadora, valiente, generosa y resiliente que, una y otra vez, ha demostrado que siempre encuentra la fuerza para levantarse.
Que este sea el comienzo de un tiempo de unión. De respeto. De reconciliación. De seguridad. De oportunidades. De crecimiento. De confianza. Un tiempo en el que las diferencias no nos separen, sino que nos recuerden la riqueza de vivir en democracia.
Deseamos que el presidente Abelardo de la Espriella tenga la sabiduría para gobernar con firmeza, la humildad para escuchar, el carácter para tomar decisiones difíciles y la grandeza para gobernar pensando en todos los colombianos.
Quienes creemos en Dios elevamos una oración para que ilumine cada una de sus decisiones. Y quienes expresan su esperanza de otra manera, los invitamos a acompañar este nuevo comienzo con sus mejores deseos, porque cuando a Colombia le va bien, nos va bien a todos.
Este no puede ser el triunfo de un sector. Debe ser el comienzo de una Colombia que vuelva a encontrarse consigo misma. Una Colombia donde el respeto vuelva a ser el lenguaje, donde el diálogo sea el camino y donde el amor por nuestra patria esté por encima de cualquier diferencia.
Los gobiernos pasan. Colombia permanece.
Un llamado a la unidad y al futuro del país
Y esa verdad nos recuerda que nuestra mayor responsabilidad no es defender una ideología, sino construir un país donde nuestros hijos y nuestros nietos quieran vivir, crecer y soñar.
Hoy comienza un nuevo gobierno.
Pero, sobre todo, comienza una nueva oportunidad para Colombia.
Que Dios bendiga al presidente Abelardo de la Espriella.
Y que Dios bendiga, hoy y siempre, a nuestra amada Colombia.
Un nuevo comienzo. Una sola Colombia.
